Palencia, la desconocida

Plaza de la Catedral

Palencia, como su Catedral, es la gran desconocida. Dentro de una región donde el patrimonio histórico-artístico tiene una gran importancia, el catálogo palentino, salvo la mencionada catedral, apenas se conoce. Y sin embargo, Palencia posee un rico legado cultural y artístico. Una ciudad surcada de norte a sur por dos vias de comunicación. Una, el río Carrión, que divide la ciudad y es salvado por varios puentes. La otra, la vía férrea, que parte la ciudad en paralelo al río y que es salvada a través de pasos subterráneos. Palencia es tierra de nadie, a la sombra de León, Salamanca y su vecina Valladolid, y no parece querer crecer como ellas. Pero Palencia tiene todo aquello que busca el visitante. Su calle Mayor es el centro neurágico de una ciudad y de unos habitantes que presumen de su condición de ser palentinos. Palencia, la sobria, donde dicen que se come y se bebe bién. ¿Para que se quiere más?. Palencia tiene un monumento dedicado a la mujer en la calle Mayor. Tal vez su razón se deba a que en el año 1388, mientras los palentinos estaban fuera de la ciudad en las campañas militares, las tropas del Duque de Lancaster que pretendía la conquista del reino de Castilla llegaron con intención de saquear la ciudad, la cual fue defendida valerosamente por las mujeres palentinas evitando que Lancaster sometiera a Palencia. A partir de ese momento, a la mujer palentina se le permitió llevar la banda amarilla de honor, que sólo podían hasta entonces llevar los hombres, y que hoy día queda patente en el traje regional. En relación a ello, las pretensiones del duque de Lancaster finalizaron cuando su hija Catalina se casó con el futuro rey Enrique III, hijo de Juan I. En Tratado de Bayona estableció que ambos serían nombrados Príncipes de Asturias, como herederos de los Reyes de España, de igual modo que en Francia se denominan delfines y en Inglaterra, Príncipes de Gales. Por lo tanto, el origen de los Príncipes de Asturias se debe a la valiente acción de las mujeres palentinas evitando las pretensiones del duque de Lancaster.

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