El Toboso, patria de Dulcinea

Típico rincón de El Toboso

 “Se cree, que en un lugar cerca del suyo había una moza labradora de muy buen parecer, de quien él un tiempo anduvo enamorado, aunque, según se entiende, ella jamás lo supo ni le dio cata dello. Llamábase Aldonza Lorenzo, y a esta le pareció ser bien darle título de señora de sus pensamientos; y, buscándole nombre que no desdijese mucho del suyo y que tirase y se encaminase al de princesa y gran señora, vino a llamarla “Dulcinea del Toboso” porque era natural de El Toboso: nombre, a su parecer, músico y peregrino y significativo, como todos los demás que a él y a sus cosas había puesto”. (Primera parte, capítulo I). A lo largo de la obra, Don Quijote describirá a Dulcinea como una joven virtuosa, emperatriz de La Mancha, de sin par y sin igual belleza… que, por lo demás, sólo existe en su imaginación. Este personaje se considera como la personificación del ideal de amor más conseguida de toda la historia de la literatura.

Plaza Mayor de El Toboso

Así quedará inmortalizada para siempre la villa manchega de El Toboso, como pueblo cervantino por excelencia y como patria de Dulcinea, el amor platónico de Don Quijote. Dulcinea del Toboso es el personaje imaginado por Don Quijote inspirado en la labradora Aldonza Lorenzo, todos ellas figuras imaginadas por Miguel de Cervantes Saavedra para su obra El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. Ni Aldonza ni Dulcinea son personajes reales. Sí lo fue  la persona en la que se inspiró Miguel de Cervantes para la amada de su caballero andante: Ana Martínez Zarco de Morales, de la que al parecer estuvo enamorado el propio Cervantes cuando estuvo de visita en la villa toledana. De hecho el nombre de Dulcinea deriva de Dulce-Ana. Ana Martínez de Zarco pertenecía a una típica familia manchega de labradores. Actualmente se puede visitar la casa-museo de Dulcinea, en realidad una casa, llamada “Casa de la Torrecilla”, del siglo XVI, que perteneció a la familia de hidalgos Martínez Zarco de Morales. El Toboso resume todas las características de los pueblos pertenecientes a la ruta cervantina. Alberga entre sus calles y plazas monumentos de interés histórico-artístico, además de numerosos rincones llenos de encanto típicos de las pequeñas villas manchegas, con su tradicional edificación de mampostería y tapial, y el refulgente blanqueado de sus muros. Son varios son los monumentos religiosos que se encuentran en El Toboso: su Iglesia Parroquial de San Antonio Abad, el Convento de las Religiosas Madres Trinitarias y el Convento de las Madres Franciscanas Clarisas. Las casas típicas manchegas y los muros blancos o de piedra, hacen de El Toboso una villa llena de rincones con un encanto y sabor auténticamente manchego.

Monumento Don Quijote y Dulcinea

En las esquinas de sus calles se pueden ver numerosas referencias al Quijote, pequeñas frases del libro que dieron lugar a singulares aventuras. Todo en El Toboso recuerda a caballero andante y a su amada Dulcinea.

 

 

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