Sintra, la ciudad misteriosa

Palacio da Pena

Habíamos llegado desde Lisboa, sonde el sol coronaba el cielo sin que nada interfiriese su luz. Llegamos a Sintra, la ciudad de la que Lord Byron escribió a su madre como “Quizás el lugar más encantador de Europa en todos los aspectos; contiene bellezas de todas clases, naturales y artificiales. Hay palacios y jardines que se alzan en medio de rocas, cataratas y precipicios; conventos en lo alto de formidables cimas; una vista del mar y el Tajo a lo lejos… Reúne en si toda la naturaleza salvaje de Escocia y el verdor del sur de Francia”.   Nada más llegar, las nubes le daban al cielo un aspecto extraño, casi tétrico.

Encontramos en Sintra lo que buscábamos, lo que decía Byron. Subimos hacia lo más alto de la montaña y allí encontramos un palacio tan hermoso como extraño. Tan extraño como su nombre: da Pena (Peña en portugués). Porque no es pena lo que sienten nuestros sentidos. Es sorpresa. Es maravilla. Es como un palacio de cuento, como un escenario, un decorado para una película de princesas y dragones.

Bajamos hacia el pueblo y allí encontramos otro palacio, situado en lo que llaman “La Quinta de la Regaleira”. Nada que ver con el anterior. Pero ante la maravilla que se presenta ante nosotros, también sentimos como un escalofrío. Porque nos parece estar ante otro decorado cinematográfico. Nos sentimos en medio de una película de Roger Corman, sobre alguna narración de Edgar Allan Poe. Un palacio, de estilo manuelino, pero que forma parte de una atmósfera gótica. Palacios, torres, almenas, fuentes, cataratas y grutas que terminan en el llamado “Pozo Iniciático”. Todo el conjunto parece formar parte de un cosmos masónico, dicen unos, templario o rosacruz, otros. O todos al mismo tiempo, otros. El pozo está compuesto de una galería subterránea con una escalera en espiral, sujeta por columnas esculpidas, desciende hasta el fondo del pozo a través de nueve rellanos,  evocando  a La Divina Comedia de Dante, y  representan los nueve círculos del infierno, los del paraíso o los del purgatorio. En el fondo del pozo se aprecia una rosa de los vientos sobre una cruz templaria, el emblema de la Orden Rosacruz. Subimos la escalera hacia lo más alto. Paseamos por los jardines, mientras nos sentimos observados por los dioses que bordean el paseo de entrada. Hermes, el mensajero de los dioses nos despide, mientras el león de piedra vigila nuestros pasos.

Pozo Iniciático

Volvemos a Lisboa. Las nubes han desaparecido y el sol está en su punto más bajo, a punto de esconder el día. Intentamos descifrar el misterio…….

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