EL JARDÍN DE “EL CAPRICHO”: EL SUEÑO DE LA DUQUESA

Capítulo I. La Historia

Allí me encontraba. Ante la verja de entrada. La blanca y artística verja con el nombre grabado de “El Capricho”. Extraño nombre para unos jardines y, sin embargo, lo poco que había leído sobre él, demostraba que era precisamente eso, un capricho. Un capricho mandado construir por Doña María Josefa Alonsa de la Soledad Pimentel y Téllez Girón, Duquesa de Benavente y Duquesa consorte de Osuna, una de las principales damas de la Corte a mediados del siglo XVIII y mecenas de varios artistas de aquella época.

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El sueño de la duquesa se inició en 1784 y nunca pudo verlo concluido al finalizarse la construcción del mismo en 1839, cinco años después de su muerte. Su idea era crear un jardín de recreo para las personas que constituían su entorno social, poniendo en prácticas sus ideas liberales de la Ilustración, muy de moda en aquella época en Europa y que además sirviera para organizar grandes fiestas y celebraciones y para demostrar su boato. Pero además, aquel lugar contendría las enseñanzas filosóficas que había conocido de los intelectuales que frecuentaban sus tertulias y los conocimientos adquiridos en la enorme biblioteca que poseía. Aquel jardín sería también un lugar de iniciación para el conocimiento de las corrientes filosóficas y herméticas. Jardines temáticos,  en los que los estanques y canales, fuentes y albercas se mezclaban con enigmáticos símbolos y construcciones.

Retrato de la Duquesa. Francisco de Goya
Retrato de la Duquesa. Francisco de Goya

Desde la primera vez que leí acerca de la Duquesa de Osuna, confieso que me interesé mucho por la personalidad de aquella mujer, cuya determinación y capacidad era impropio, incluso para una dama de la nobleza, en aquella España del siglo XIX. Aquella mujer había nacido en Madrid el 26 de noviembre de 1750, siendo hija de Francisco Alfonso Pimentel y Borja y de María Faustina Téllez-Girón y Pérez de Guzmán, por lo que la correspondía por nacimiento el titulo de duquesa de Benavente, entre varios otros. Desde muy joven, recibió una esmerada educación, mostrándose muy interesada por las bellas artes y por las corrientes filosóficas que impregnaban Europa. Era una mujer inteligente, bella y elegante, de carácter rebelde, caprichoso y orgulloso. Además, era aficionada al lujo y al boato, algo lógico si tenemos en cuenta que sus padres poseían una de las mayores fortunas de España.  El inmenso patrimonio ligado al título nobiliario de Benavente y todos los títulos vinculados por la Casa que recaerían en María Josefa, la convertían en un buen partido para cualquiera, razón por la cual su madre se guardó mucho de elegir al candidato perfecto para su futuro yerno. De entre todos ellos, Doña Faustina eligió a Pedro Téllez Girón, segundo hijo de los Duques de Osuna, como candidato ideal para contraer matrimonio con su hija. La duquesa quería para su hija un marido con rancio abolengo nobiliario, con un patrimonio similar al de su hija, pero con un rango nobiliario inferior al de su hija. Y los títulos nobiliarios de la Casa Osuna recaerían en el hijo primogénito, no en el candidato elegido. Así, los títulos de su hija prevalecerían sobre los de su marido. Era el esposo ideal.  Sin embargo, cuando María Josefa y Pedro estaban haciendo los preparativos de la boda, el hijo mayor de la Casa Osuna y primogénito fallecía unos días antes de la boda, lo que truncaba los planes de la duquesa, hasta el punto de querer suspender la ceremonia. Pero los novios se opusieron y en 1771 ambos jóvenes contraían matrimonio, lo que convertiría a María Josefa en futura duquesa de Osuna.

 El matrimonio le concedió la oportunidad a María Josefa para exhibir sus cualidades humanas e intelectuales en la Corte de Madrid. Desde pequeña había aprendido a montar a caballo con gran habilidad, especialmente para ser una mujer. Su educación y conocimientos dejaban ver que aquella mujer no se resignaba al papel pasivo que la sociedad de finales del siglo XVIII reservaba a las mujeres, tanto si eran cortesanas como si no. Su primer hijo vivo lo tuvo en 1775, siendo bautizado con el nombre de José María del Pilar, aunque sólo sobrevivió un año. Tampoco sobrevivieron los siguientes tres hijos que nacieron a continuación, muriendo todos con cortas edades. Tales circunstancias apartaron a María Josefa de la vida social y la hicieron recluirse en su afición favorita desde joven: la lectura. Leía todo lo que caía en sus manos y su biblioteca se enriquecía cada día con nuevos libros, que no tardaba en leer, ocupando así las largas horas de soledad que su melancolía por la pérdida de sus hijos y la ausencia de su esposo, por aquel entonces en Mahón con su regimiento, le producía.

Familia de los Duques de Osuna. Francisco de Goya
Familia de los Duques de Osuna. Francisco de Goya

Decidió irse con su esposo y permanecer junto a él. Allí, la duquesa sufrió otro aborto, hasta que en 1782 su esposo recibe la orden de trasladarse a Barcelona. Y será allí donde María Josefa dará por fin a luz a una niña, Josefa Manuela, que se convertirá en la primogénita del matrimonio. A los pocos meses de nacer la niña, los duques trasladaron su residencia a Madrid, donde, en 1785, nacería su segunda hija, Joaquina. Un año más tarde, en 1786, vendría al mundo el tan deseado heredero, que llevaría el nombre de Francisco de Borja. En 1788 nació otro niño, Pedro Alcántara, y todavía vendría otra niña más, Manuela Isidra, nacida en 1794. En contra de la costumbre de la aristocracia de la época, por la que los niños quedaban desde su nacimiento confiados a ayas, doncellas y amas, Josefa Pimentel quiso ocuparse personalmente del cuidado y la educación de sus hijos, entregándoles todo el tiempo posible.

En Madrid, la condesa duquesa buscó una casa cercana al Palacio Real, concretamente en  la Cuesta de la Vega, lugar que se convertiría en uno de los puntos de reunión de la sociedad intelectual madrileña, a los que María Josefa gustaba de proteger y ayudar. Y fruto de estos encuentros intelectuales y del estudio de varios proyectos que había conocido a través de ellos, un año después de su llegada a Madrid, en 1783, María Josefa soñó un ambicioso proyecto: la construcción, en las afueras de Madrid, de un palacio magnífico rodeado por una finca de recreo. Un lugar de esparcimiento y de descanso, pero también un lugar donde dar rienda suelta a su imaginación y que el mismo fuera un punto de encuentro de intelectuales ligados al pensamiento ilustrado imperante en aquel momento, y de grandes fiestas, a los que la duquesa era tan aficionada. Un lugar que rivalizara con los palacios y jardines cortesanos.

Y puso nombre a aquel sueño: “El Capricho”.

Capítulo II. Nace el Jardín

Un nombre que dejaba claro las intenciones de la duquesa sobre este paradisiaco lugar que tenía en mente. Un lugar de encuentro para sus amigos, similar al construido por la reina francesa María Antonieta, junto al palacio de Versalles, unos jardines, llamados Petit Trianon, que contenían una pequeña aldea con casas tipo chozas donde sus damas se disfrazaban y jugaban a ser campesinas, coger huevos, ordeñar vacas, etc. Basta ver algunas fotografías del refugio francés para ver las extraordinarias similitudes con El Capricho. Para ello contrataría al arquitecto y paisajista Jean Baptiste Mulot, que había trabajado en Versalles, y al que la duquesa obligaría a firmar un contrato en exclusividad: se comprometía a trabajar sólo para ella y marcharse después de España. Y construiría todo aquello que le proponían sus amigos ilustrados y que había aprendido en aquellos libros cargados de simbología.

Palacio de Petit Trianon (Versalles)
Palacio de Petit Trianon (Versalles)

 Si, aquel palacio y aquellos jardines serían su Xanadú particular, donde su fantasía y la de los intelectuales que inspiraban sus ideas correría por entre aquellas fuentes, estanques, ríos, grutas y cuanto se le ocurriera por aquel jardín del edén. Todo ello, entre exóticas plantas y jardines con gran variedad de flores. Con un gran palacio y otros elementos que compondrían un lugar mágico, una sinfonía de luz, color y aromas donde los sentidos corrieran a rienda suelta. Compró entonces un terreno en las afueras de Madrid, en el camino de Aragón, un lugar alejado del mundanal ruido pero situado en un lugar de paso donde todos pudieran admirar a lo lejos su obra. Un año después, el arquitecto de la corte, Pablo Boutelou, expuso un proyecto inicial para el jardín que fue del agrado de la duquesa. Empezó a construirse en 1787, y las obras tardarían en acabarse 52 años más tarde, en 1839, sin que su inspiradora pudiera verlo acabado, fallecida cinco años antes. Las obras se iniciaron con la construcción del palacio, elemento principal de la finca. Después, la duquesa ordenó construir estanques, un canal principal y el salón de baile, donde se llevaban a cabo las fiestas que daba.  Además, hizo plantar miles de ejemplares por todo el lugar de su flor favorita, la lila.

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La duquesa fue recibiendo ideas de todos sus amigos intelectuales. Entre ellos se encontraba el genial pintor aragonés, Francisco de Goya. Este, desde hacía varios años antes, era uno de los artistas protegidos de la condesa duquesa de Benavente, que acogió y ayudó a muchos de los intelectuales de la época, así como inventores y científicos relacionados con el espíritu liberal de la Ilustración.  Tomás de Iriarte, Ramón de la Cruz o Leandro Fernández de Moratín también eran protegidos de la duquesa y todos eran habituales en las tertulias. Todos ellos con algo en común: su intelectualidad y su pertenencia a sociedades herméticas, tales como la masonería. Y estos recomendaban a la duquesa literatura y libros considerados fundamentales para el conocimiento ilustrado y para la inmersión en el mundo oculto y en el simbolismo que poco a poco iría adueñándose de aquel lugar. La duquesa iba atesorando libros y más libros que enriquecían su ya inmensa biblioteca y la ayudaban a  iniciarse en aquel mundo secreto. Pero no solo de intelectualidad vivía la duquesa. Además de las tertulias con los intelectuales, la nobleza madrileña también disfrutó de “El Capricho”. Bien disfrutando de los conciertos, representaciones teatrales, o incluso corridas de toros, que se celebraban en la quinta; o bien en las suntuosas fiestas que se organizaban en aquel lugar, donde también se daban rienda suelta a los placeres mundanos. Los recorridos en falúas y en barcas desde el lago hasta el Salón de Baile eran famosos entre la aristocracia.

Durante el día, aquellos jardines eran el lugar donde los niños jugaban perdiéndose entre el laberinto, jugando a la guerra en el fortín, a las barcas en las variadas lagunas, etc., mientras a la puesta del sol los juegos los protagonizarían los adultos, en el mismo laberinto, en el templo de venus, en las falúas recorriendo la ría, jugando a ser campesinos, en la rueda de Saturno, en la exedra, en el casino, o en ceremonias paganas…. jugando con la fantasía que despierta el lugar.

 La única mujer que en aquel momento rivalizaba con la condesa de Benavente en cuanto a su porte, educación y amor por las bellas artes y la cultura era la duquesa  de Alba, que también protegió a Francisco de Goya. Ambas aristócratas mantenían una buena relación en lo personal, si bien rivalizaban en su círculo intelectual y político. Cayetana de Alba era más “española”, mientras el entorno de la de Benavente Osuna estaba marcado por el más puro afrancesamiento. Ambas rivalizaban en cuanto a las tertulias y actos culturales organizaban por su cuenta, si bien la de Osuna era famosa por la esplendidez con la que se obsequiaba a sus invitados. Existe una anécdota, aunque no está acreditada, según la cual la duquesa de Osuna preguntó a la de Alba como iba a ser su vestido, con el fin de no coincidir con ella en una fiesta que se iba a organizar en “El Capricho”. Al llegar a la fiesta, la duquesa de Alba vio que todas las criadas de la casa iban vestidas con el mismo vestido que ella llevaba. Siempre que podía, hacía ostentación de su lujo. Según cuentan, en una visita que realizó al “Capricho” un embajador,  en cuya casa había escaseado el champaña durante una fiesta, ordenó los caballos de su carruaje en cubos llenos de champán.  También cuentan que, en una ocasión en la que celebraba una partida de cartas en su casa, uno de los jugadores perdió una moneda y hubo que interrumpirse el juego para buscarla. La duquesa encendió entonces una antorcha con billetes para buscarla.

 Pero la vida cotidiana en “El Capricho” se paraliza. En 1798, Carlos IV nombra al duque de Osuna embajador en Viena. María Josefa no duda ni un momento en acompañarle, junto a sus cinco hijos, a tierras centroeuropeas. Con la excusa de querer permanecer junto a su esposo, aprovecha el viaje para conocer a intelectuales relacionados con las corrientes filosóficas imperantes en la vieja Europa. De camino a Viena, pasaron por la Francia revolucionaria y la estancia de los duques de Osuna en París fue aprovechada por Josefa para conocer a los intelectuales del país, visitar museos y comprar libros y conocer de primera mano los conocimientos masónicos que tanto la interesaban. Esta estancia en la capital francesa fue determinante para el conocimiento de textos relacionados con el ocultismo y la masonería.  Cuando, en 1800, y a causa de haber caído enfermo el duque, la familia regresa a España, María Josefa se hizo acompañar de un ilustrado francés, Charles Pougens, antiguo enciclopedista relacionado con la masonería, quien irá proporcionando la literatura necesaria para que la duquesa se adentre aún más en lo oculto y esotérico.

El duque de Osuna moría en 1807. Su esposa le sobrevivió veintisiete años, los suficientes para mantener seguir los trabajos en “El Capricho”, sus labores de socorro y mecenazgo y para ver casados y con descendencia a sus cinco hijos, lo que aseguraba la supervivencia de la casa de Osuna y también de la estirpe de los Benavente. La condesa duquesa todavía habría de sobrevivir a otro de sus hijos, el heredero Francisco de Borja, y asumir la obligación de criar a sus dos hijos. Finalmente, moría el 5 de octubre de 1835, cuando aún faltaban cinco años para que su gran sueño se viera completamente terminado. Pese a ello, su “Capricho” se vio cumplido…

 Un año más tarde de la muerte de su marido, la duquesa se vio obligada a trasladarse a Cádiz, al igual que hizo gran parte de la nobleza madrileña huyendo de la llegada de los franceses a España. José I confiscó la propiedad. Con la restauración en el trono de Fernando VII, la duquesa recuperó El Capricho y, en 1815 construyó el Casino de Baile, según un proyecto del arquitecto Antonio López Aguado.

Al morir la duquesa sus títulos y propiedades son heredados por su nieto don Pedro Alcántara Téllez-Girón. Se inicia así una nueva fase constructiva: remodelación de la fachada del palacio según proyecto de Martín López Aguado; realización de dos monumentos, uno en memoria de la duquesa, la denominada Exedra de la plaza de los emperadores y otro del duque de Osuna situado en la isla del lago; la construcción del fuerte con su foso, el embarcadero chino y el puente de hierro, primera construcción de este tipo en España, además de una serie de obras hidráulicas para solucionar problemas concretos.

 A la muerte de Pedro Alcántara en 1844 la propiedad pasó a su hermano Mariano. El arquitecto Martín López Aguado siguió al frente de las obras de la finca, que se limitaron a la construcción de una faisanera y unas caballerizas. Mariano muere en 1882 sin herederos directos y dejando la finca endeudada, por lo que sus bienes tuvieron que subastarse. Más tarde, la finca fue adquirida en 1920 por la familia Baüer, representantes de los Rostchild en España, que mantuvieron el jardín en un buen estado de conservación. En 1934, y en aplicación de la Ley de 13 de mayo de 1933 sobre defensa, conservación y acrecentamiento del patrimonio histórico-artístico nacional, “El Capricho” fue declarado monumento histórico-artístico. La sola resolución de incoación del expediente generaba ya, de forma automática y preventiva, unos efectos jurídicos de trascendental importancia para su protección.

 Durante la guerra civil lo convierten en Cuartel General del Ejército Republicano y se construye una serie de edificaciones subterráneas que debieron originar movimiento de tierras y variación de niveles en zonas del jardín. Finalizada la guerra, la compañía liquidadora de los Baüer vendió la propiedad en 1945. Desde este momento, el jardín es totalmente abandonado y la finca se va encontrando en un estado de importante degradación. La propiedad es finalmente comprada por el Ayuntamiento de Madrid en 1974.

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Foto: J. A. Padilla

  Hoy, es posible visitar los jardines solo durante los fines de semana. Y paseando entre esos jardines y sendas que descubrimos entre sus frondosos árboles, difícilmente podemos imaginarnos el papel que jugaban aquellas extrañas construcciones, o que estas solo tuvieran un único fin ocioso. Un lugar con múltiples posibilidades para el divertimento y el esparcimiento para unos pocos… Todo un lugar misterioso lleno de caprichos: laberintos, túneles, estanques, ermitas, fortines, islas, todo para el solaz entretenimiento de una sociedad basada en la Ilustración. En nuestro recorrido encontramos la recreación de un mundo a escala con múltiples posibilidades para el entretenimiento de los propietarios: efectismo, sorpresa, misterio, variedad. También manifestación de riqueza. Una especie de parque de atracciones donde se puede jugar a ser campesino, al asalto de un fuerte, a navegar y a las batallas de agua, batirnos en duelo, celebrar corridas de toros o fiestas o ritos en honor a Venus o a Baco.

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Foto: J.A. Padilla

 La duquesa de Osuna había conseguido cumplir el sueño de combinar frondosos jardines con pabellones de exótica arquitectura recogiendo las ideas  utilizadas en la Casa del Labrador, levantada en el Jardín del Príncipe de Aranjuez, y en las Casas Persa, de Vacas y del Contrabandista, en la zona nordeste de los Jardines del Retiro. En El Capricho, la Duquesa de Osuna y sus invitadas se divertían jugando a las campesinas y recogiendo la deliciosa miel del Abejero, uno de los pabellones dispersos por el jardín. Luego navegaban en barca a través de la ría, escuchando la música que provenía del pabellón octogonal, llamado Salón de Baile, al que llegaban tras concluir el paseo acuático. Cuando la Duquesa de Osuna eligió el nombre de El Capricho su finca, dejaba bien claras sus intenciones de crear un escenario de juego y artificio, para deleite propio y de sus amigos más íntimos, sofisticando el lujo hasta romper los límites entre realidad y ficción, entre vida y teatro, entre lo iniciático y lo profano. Tanto en la Alameda de Osuna como en el Jardín del Príncipe de Aranjuez el elemento arquitectónico de mayor significado era el pequeño templo circular. En El Capricho este templete era elipsoidal y estaba dedicado a Venus, la diosa del amor. En Aranjuez, el diseñado por Juan de Villanueva era de orden jónico y en sus intercolumnios había simbología egipcia.

 Entre 1794 y 1795 el escenógrafo Angel María Tadey, que trabajaba para las numerosas representaciones que la duquesa ofrecía en su teatro privado de Leganitos, junto a la actual Plaza de España, realizó en los jardines nuevos pabellones de tono pintoresco, a los que se les dio el nombre de Casa Rústica, Casa de la Vieja, y Casa del Ermitaño. Los Duques de Osuna fueron, junto con los reyes Carlos IV y María Luisa de Parma, los mejores clientes de Goya, si bien los retrató de manera muy distinta a ambas familias. Para la decoración de los salones de la Alameda de Osuna le compraron los cuadros de La pradera de San Isidro, El columpio, El asalto a la diligencia y La ermita de San Isidro con majos y majas bebiendo de la fuente milagrosa y La merienda bajo la enramada. La Duquesa de Osuna rivalizaba de nuevo con la reina y con la Duquesa de Alba al decorar su palacio de la Alameda con estos óleos de Francisco de Goya, el pintor de moda, reconocido ya en vida como el indiscutible número uno del reinado de Carlos IV.

Tras la muerte de la duquesa vendría el principio del fin de aquel Capricho.

 Pero esa es otra historia…..

 

Capítulo III. Paseo por el Jardín

El jardín El Capricho de la Alameda de Osuna se articula en tres diferentes niveles, como podemos observar una vez que atravesamos la verja de entrada y la plaza circular. El camino  principal conduce a la fachada del Palacio, que se vislumbra al fondo del mismo, y rodeándolo por su costado izquierdo se sale a la plaza de la fachada de acceso principal con su portalón de entrada al palacio. Enfrente se encuentra la Casa de Oficios, antiguas dependencias de caballerizas y servicios donde hoy se encuentra el Conservatorio Municipal. Al norte se extiende todo el jardín paisajista de trazado libre e irregular y sur aparece el Jardín Bajo y la zona de los invernaderos.

Sobre la puerta de entrada al jardín se puede leer “El Capricho”. Al atravesar esta llego a la denominada Plaza de Toros, en la que se asegura que se organizó alguna corrida de toros con algunos toreros asiduos participantes en las tertulias y fiestas de la duquesa. Pero, en realidad, parece que todo lo más que se organizó en este improvisado coso fueron juegos relacionados con la tauromaquia y, en ningún caso, produciendo la muerte de animal alguno. Los duques eran mecenas de algunos toreros y, por lo tanto, muy aficionados a los toros.  Desde esta puerta un eje o camino principal que articula todo el conjunto enlaza con la Plaza de los Emperadores y de allí atravesando el parterre a la fachada posterior y más ricamente tratada del Palacio.

Este hermoso paseo aún conserva bellos ejemplares arbóreos. En el camino hacia el palacio a la derecha está el denominado Jardín de los Duelistas, llamado también  “Plaza de los Cipreses”, obra de Martín López Aguado, importante arquitecto de la Corte, hasta el punto que fue este el que diseñó la Puerta de Alcalá, la Puerta de Toledo, el Teatro Real y el Museo del Prado, lo que da una idea de que la Duquesa no reparó en gastos a la hora de construir estos jardines. Los duelistas se levantan sobre dos altas columnas dóricas de mármol, en cuyo punto más alto se encuentran en cada una dos bustos, que se dan la espalda. La historia de este monumento es curiosa.

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Los Duelistas. Foto: J.A. Padilla

Ambos bustos representan dos personajes históricos importantes, el Infante Enrique de Borbón (familiar de los Duques de Osuna) y Felipe de Orleans, los cuales se batieron en duelo, muy de moda en aquella época entre los caballeros como forma de lavar su honor tras una afrenta. Las causas que les llevaron a estos personajes a batirse en duelo fue el interés de ambos de ser pretendientes a la Corona española. El infante Enrique de Borbón publicó en un periódico una serie de calumnias sobre Felipe de Orleans, razón por la cual este le retó a un duelo. Este se llevó a cabo en la denominada Dehesa de los Carabancheles. Tras los pasos de rigor, le tocó disparar primero al duque de Montpensier, por ser el ofendido, pero este erró el tiro; después disparó el Infante, pero también falló. El honor ya estaba a salvo, pero sus padrinos habían establecido que el duelo era continuaría hasta que uno de los duelistas fuera herido. En el tercer intento, Felipe de Orleans hirió en la frente al Infante y le mató. La Duquesa quiso recordar este duelo y diseñó este parterre con ambos duelistas separando las columnas a la distancia reglamentaria de 40 metros. Para saber quién fue el perdedor del duelo, solo basta con fijarse en la vegetación……

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Los Duelistas. Foto: J.A. Padilla

Sigo mi camino hacia el Palacio y cruzo dos puentes con barandilla de hierro y llegando a la Plaza de los Emperadores, donde se colocaron en 1815 los bustos, en mármol de Carrara, de los doce cesares romanos, rodeando la plaza. Me sitúo en el centro y me siento observado por la serias, pétreas miradas de los césares. Doce. Todos los que reinaron el Imperio romano: Julio César, Augusto, Tiberio, Calígula, Claudio, Nerón, Galba, Otón, Vitelio, Vespasiano, Tito, Domiciano. Todos por orden. Y la Exedra, cuyo origen resulta confuso, pero parece situarse entre 1787 y 1792. Una exedra es  una construcción descubierta, de planta semicircular que en la antigua Grecia se utilizaba como lugar de reunión y de conversación filosófica, aunque también se han utilizado por los chamanes para realizar ritos paganos.

Plaza de los Emperadores y Exedra
Plaza de los Emperadores y Exedra. Foto: J.A. Padilla

La presencia de las esfinges rodeándola recuerda a los ritos para iniciados en honor de dioses como Mitra o Diónisos, lo que además justificaría la presencia de los emperadores romanos orientados hacia el centro de la plaza, observando la escena.  Al fallecer la duquesa de Osuna, su nieto, Pedro Alcántara Tellez Girón, que heredó la Alameda por la temprana muerte de sus padres, quiso rendir homenaje a su abuela colocando en 1838 el busto de bronce de Dña. María Josefa, que hoy ha desaparecido, realizado por el escultor José Tomás. Lo que no cabe duda es que la presencia de esta exedra puede dar a muchas interpretaciones.

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Exedra. Foto: J.A. Padilla

Tiene varios detalles de construcción con simbología masónica, como su forma de templete sobre la que originalmente existía una cúpula, hoy también desaparecida, los siete escalones divididos en dos tramos: tres en las esfinges y cuatro en el templete, simbolizando la unión tierra y cielo; y la presencia de las esfinges, símbolos masónicos que simbolizan aquellos secretos que no han de ser revelados a los no iniciados. Los bustos romanos fueron traídos desde Roma y en su transporte ya sufrieron importantes deterioros, que obligaron a ser restaurados a su llegada a Madrid.

Fuente y Palacio
Fuente y Palacio. Foto: J.A. Padilla

 Dejo atrás la exedra y continuo por el camino principal del jardín llegando al parterre, el cual ha sufrido varias transformaciones hasta mostrar el aspecto actual.  El camino termina en una gran plaza circular con un estanque y una fuente. El palacio es el destino final y principal del camino. Se construyó sobre la casa original comprada al conde de Priego en 1783. Manuel Machuca Vargas parece ser el arquitecto que se encargará de la primera modificación. Mateo Medina será el arquitecto que continuará las obras a partir de 1793, añadiendo el torreón de la Duquesa y el Duque. A la derecha del Palacio y en un nivel inferior se encuentra el llamado Jardín Bajo, el jardín privado, íntimo que tiene el encanto de corresponder al núcleo original de la antigua y primitiva casa comprada por los duques al Conde de Priego, cuyos orígenes podríamos remontar al siglo XVI. La fachada del Palacio fue modificada por los herederos de los condes de Osuna. La similitud entre la fachada original del mismo guarda una gran similitud con el Palacio de Petit Trianon.

El palacio actualmente está cerrado al público y no es posible visitarlo. Sobre su fachada se observan motivos que representan la vida de Apolo. Originalmente, en la columnata había tres esculturas de Atenea, Venus y Hércules, hoy desaparecidas, que representaban los pilares de la logia masónica, como son la sabiduría, la belleza y la fuerza. Hay que destacar que la fachada que vemos desde este punto es la trasera, ya que la fachada principal es por el exterior de los jardines, la cual no tiene elementos importantes y esconde la belleza y la opulencia que se muestra en su parte trasera, una especie de máscara arquitectónica muy empleada por la masonería. Sin embargo, la fachada que contemplamos el peristilo de ocho columnas corintias, y la doble escalinata de bajada al jardín, con su espectacular y llamativa barandilla. También vemos los medallones en los que están representadas varias historias mitológicas, siendo el más destacado el central, donde se aprecia como Daphne se está convirtiendo en Laurel tras ser perseguida por Apolo.

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Fuente de las Ranas. Foto: J.A. Padilla

 El interior del Palacio no se puede visitar, pero se sabe que tiene más de una veintena de habitaciones, cada una de ellas dedicadas a una función diferente (habitación de las doncellas, habitación del piano, habitación de Napoleón, habitación biblioteca, habitación de las llaves, habitación plaza de toros, habitación billar, habitación de las bailarinas, habitación del retrato de la Duquesa, habitación de la Péndola, comedor familiar, etc.). La decoración de las mismas es de gran riqueza ornamental y artística, entre los que se incluye tapices, cuadros de importantes artistas, muebles arañas de cristal, espejos, jarrones con cariátides, bajorrelieves, vasijas, etc. Ya nada queda en su interior del lujo que los duques ostentaban en aquellos días, aquellos cuadros de Goya, pues los duques eran los que mas cuadros de este tenían. Entre ellos algunos cuyo tema principal era la brujería, como por ejemplo, La cocina de los brujos, El vuelo de brujos, La conjura y El aquelarre.

Vuelo de Brujas. Goya
Vuelo de Brujas. Goya

Poseían una de las mayores bibliotecas del país con unos veinticinco mil volúmenes, algunos de ellos, condenados por la inquisición. Me pregunto cuál es la razón por la que en un palacio de estas características hubiera cuadros de este tipo. Qué fin tenían. De toda la obra del genial pintor aragonés, tenían que estos los cuadros que eligieron los duques.

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Foto: J.A. Padlla

 En el exterior del palacio se encuentra la denominada Fuente de las Ranas, también conocida como Fuente de los Delfines, según nos fijemos en su parte superior o inferior de la misma.  Esta fuente sustituyó a un estanque rectangular que había primitivamente. En su base se aprecian los delfines, mientras en la parte más alta se aprecia las ranas.  Este jardín no es visitable pero se puede apreciar su belleza desde un mirador

A la derecha, en el nivel inferior se encuentra el Jardín Bajo o Jardín de las Ranas, llamado también así por la fuente adornada con ranas que aparece en su placita central. El elemento más destacable es el Laberinto del cual se conservan escasas referencias. Este laberinto responde a los gustos por los juegos románticos y amorosos presentes en el jardín. Pero también el laberinto puede responder a otro mensaje mitológico representado por la leyenda del Minotauro.

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Laberinto. Foto: J.A. Padilla

El minotauro era hijo de Pasifae, esposa del rey Minos de Creta y de un toro blanco enviado por Poseidón, dios del mar. Minos había ofendido gravemente a Poseidón quien como venganza hizo que Pasifae se enamorase del animal. Fruto de dicha unión nació el Minotauro, un ser violento, mitad hombre, mitad toro, que se alimentaba de carne humana. Para esconder su vergüenza y proteger a su pueblo, el rey Minos rogó a Dédalo que le construyera un laberinto del que el monstruo nunca pudiera salir. Cada nueve años, a fin de apaciguarlo, Minos le ofrecía la bestia, siete mujeres y siete jóvenes que imponía como tributo a la ciudad de Atenas. No olvidemos que la mitología está presente en muchos de los rincones de estos jardines. No en vano, desde aquí se divisa en el horizonte, sobre la colina de enfrente, el característico templo de Baco, pero que en los tiempos de la duquesa estaba levantado en honor de Venus, la diosa del amor. Este jardín al que no se puede acceder actualmente, está inspirado en los jardines secretos de algunas villas italianas. La fuente del centro, es la más antigua y está decorada por unas ranas añadidas posteriormente por la Duquesa construidas en bronce. En la misma medida, el Árbol de Júpiter plantado en el centro del laberinto simboliza al cielo protegiendo y abrigando la tierra,  un árbol sagrado en muchas culturas. En la cultura celta y germánica, este árbol representa la fuerza, tanto moral como física. Es el árbol de la vida de Thor; es el emblema de la hospitalidad entre los celtas, y aparece consagrado a su dios del trueno, Donar. Es especialmente significativa su relación con los druidas, a los Plinio llama los “hombres del roble”.  Aunque teniendo en cuenta que en el Laberinto se organizaron juegos amorosos y que este árbol es conocido también como “árbol del amor”, podemos interpretar el doble uso que pudo tener en su día.

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Bunker. Foto: J.A. Padilla

Fijándonos detenidamente, podemos contemplar que El Capricho está dividido en tres partes bien diferenciadas. Situándonos frente al palacio, vemos a nuestra izquierda lo que se conoce como el jardín, de estilo francés; a la derecha, el bosque, de estilo inglés; mientras que ante nosotros, separando ambas partes se encuentra el camino que termina en el palacio. Una estructura que según aseguran algunos estudiosos, está basado en los tres mundos descritos por Mozart en su ópera La Flauta Mágica. Hay que tener en cuenta que Mozart fue iniciado en la logia masónica de Viena llamada Zur Wohltätigkeit  (“La Beneficencia”) el 14 de diciembre de 1784. En este contexto, podemos identificar este jardín como un inmenso escenario operístico, o iniciático.

Antes de continuar el camino por El Capricho, me detengo ante una instalación que no pega en absoluto con el ambiente bucólico y edénico del lugar. Se trata del Bunker. A la izquierda del Palacio se observa una puerta cuadrada en la que se encuentra la entrada al mismo. Este bunker, que en ningún caso pudieron imaginar los duques de Osuna, fue construido en el año 1937. Perfectamente camuflado en el interior de la colina que lo alberga, está compuesto por un laberinto de túneles excavados a 15 metros de profundidad y con una longitud de un kilómetro y medio. No es uno más de los 20 refugios que durante la guerra civil española  existieron en Madrid, sino que aquí se hallaba la Junta de Defensa de Madrid al mando del general Miaja, conocida como “Posición Jaca”. Subiendo la colina se ven las chimeneas de ventilación del búnker.

Sigo mi marcha y una vez subida la colina en cuyo interior se encuentra el bunker, llego al Abejero, una de las construcciones más singulares de la Alameda. La duquesa de Osuna construyó un auténtico palacio para las abejas en la que mientras las abejas entraban y salían de sus panales a través de unas trampillas metálicas situadas en el exterior, la actividad que tenía lugar dentro de los mismos podía ser cómodamente contemplada desde el interior del edificio a través de cristales que con tal finalidad cerraban las colmenas por el extremo opuesto. Las abejas son el símbolo masónico que simbolizan la disciplina, la constancia y la obediencia. En el exterior se completaba el conjunto con el ajardinamiento que lo rodeaba, a base de las plantas preferidas por las abejas para elaborar la apreciada miel que luego era debidamente recolectada.

Abejero
Abejero. Foto: J.A. Padilla

La estancia circular por la que se accede al Abejero, contiene 8 columnas corintias con basa y capiteles dorados que sostienen una cornisa y la cúpula que cierra por arriba el conjunto. En su interior se encuentra una Venus esculpida en mármol de Carrara. Esta figura originalmente estaba situada en lo que hoy se llama Templo de Baco, pero que entonces estaba dedicada a la diosa del amor. Pero el Abejero tiene también un simbolismo relacionado con la masonería. En primer lugar, las abejas simbolizan el valor del trabajo, la obediencia, la disciplina y el trabajo en grupo. La colmena es un símbolo masónico por excelencia. El abejero o colmena es el lugar del trabajo colectivo donde cada uno de los miembros realiza su contribución a través del trabajo individual aportando así su esfuerzo en favor de una meta común. Desde la perspectiva de la simbología masónica basada en el Ars Structoria, cada individuo no es solo un obrero, sino que constituye simbólicamente una de las piedras que integran el templo, conservando su Individualidad durante el Periodo Iniciático hasta integrarse finalmente en el Templo Universal a través de su Trabajo Interior y su identificación con el Hombre Primordial. Así pues, el Abejero es una Casa en la que se produce el alimento (la miel), producto del trabajo de sus habitantes (las abejas). Desde la antigüedad, se ha considerado a las abejas como insectos solares, que trabajan en función de la luz solar, mientras que la miel es considerada, desde el punto de vista de los alquimistas, los rayos solares asociados al oro, fin principal de la alquimia. De ahí que podamos considerar el Abejero como un templo a la naturaleza y a los ideales masónicos. Además observamos la forma hexagonal de los detalles del techo, el número de panales, las columnas, etc., repitiendo la constante numérica del 6, considerado por los masones como el número perfecto. El 6 es un número muy importante para la logia y se repite en todos los elementos del edificio (forma hexagonal de los detalles del techo, los panales, sillas, esculturas, columnas…). Por otro lado, las abejas simbolizan la perseverancia, la disciplina, la constancia y la obediencia. Permanezco un rato pensando en todo en ello e intentando descubrir más símbolos. Pero aún me queda mucho por estudiar en este jardín.

Rueda de Saturno
Rueda de Saturno. Foto: J.A. Padilla

Cercana al Abejero se encuentra la Rueda de Saturno, sin duda alguna, uno de los elementos más enigmáticos que se encuentran en el parque. Se trata de una columna de orden de Paestum sobre la que se levanta una figura que representa al “dios Saturno devorando a su hijo”, inspirado en el cuadro de Goya del mismo nombre. Goya había pintado el cuadro en el año 1820, y unos años más tarde se reproduce la figura coronando la columna, tal vez por iniciativa del propio Goya, asiduo visitante de los jardines.

IMG_1446Francisco_de_Goya,_Saturno_devorando_a_su_hijo_(1819-1823)[1]

Está claro que el pintor aragonés ha parecido inspirar muchos rincones de este lugar. Su propia serie de Los Caprichos están inspirados en la Ilustración, como estos jardines. “El sueño de la razón provoca monstruos”, decía Goya. En efecto, mirando  esta Rueda de Saturno me sumerjo en el enigma más profundo, porque está clalro el carácter iniciático del lugar donde me encuentro. Junto a la columna, observo los seis caminos que parten desde aquí, formando un hexagrama perfecto. Lo veo claro, estoy en el llamado “Anillo de Saturno”, un símbolo masónico.  Saturno es otro de los nombres de Lucifer y que el hexagrama con el diablo en el centro es un símbolo utilizado en muchos ritos satánicos e iniciáticos desde la antigüedad.

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Foto: J.A. Padilla

Otro aspecto importante es que la columna no está sujeta directamente en el suelo, sino sobre un pequeño pedestal, otro símbolo masónico que significa la unión del cielo y la tierra. La columna y la forma de rueda que forman los caminos que la rodean aluden al paso del tiempo y al progreso, como un reloj.  Además, vemos desde este punto, al fondo de uno de los caminos, el templo de Baco; y al final de otro, el Abejero, formando entre los tres elementos un triángulo equilátero, como un compás y una escuadra, símbolos de la logia. Al fondo de otro de los caminos se aprecia un altar.  La unión entre Saturno y Venus, a cuya diosa estuvo dedicado originariamente el templo da lugar a otra interpretación iniciática. El Arcipreste de Hita cita la unión entre ambos dioses como ejemplo de lujuria en su obra El Libro del Buen Amor, donde aparece Virgilio, por cierto protagonista también de La Divina Comedia de Dante, otro libro iniciático.

Me dirijo al Templo de Baco que se levanta al final de uno de los caminos. De repente, entre la espesura del bosque, descubro un pequeño estanque. Me desvío del camino principal para observarlo con detenimiento.  Las sensaciones que voy  viviendo hasta ahora y las interpretaciones que voy haciendo a lo largo  del  camino casi no me permite apreciar la importancia de este estaque, llamado de los Cisnes, algo que atestigua un cisne que se mece en su verde agua.

Estanque de los Cisnes
Estanque de los Cisnes. Foto: J.A. Padilla

Al no estar permitido acercarse a él y tener que verlo desde cierta distancia, apenas reparo en él. Pero fijándome atentamente veo que la forma del lago tiene algo extraño. Está a nivel del suelo y casi no se aprecia, pero finalmente descubro que el lago tiene forma de trébol de cuatro hojas. Un símbolo que tradicionalmente significa buena suerte, pero también es un símbolo de carácter templario tan antiguo como la propia Cruz Templaria. Tan templaria como  la pata de oca que puede verse en una roca, que alude al hermetismo de la orden y al camino iniciático y espiritual de perfección, igual que el Camino de Santiago, que está representado también en el estanque a través de una concha de peregrino. No olvidemos que el juego de la oca fue un invento de los templarios españoles, un juego que en realidad era un libro de ruta que escondía mensajes ocultos a través de sus casillas. En un banco cercano puede verse también una tibia y una calavera, otro símbolo del Temple.

Templo de Baco
Templo de Baco. Foto: J.A. Padilla

Llego hasta de estatua de Baco, y desde este punto de observación, miro a mí alrededor. Abajo, el paseo principal de los jardines, que termina en el Palacio, la Exedra. Frente a mí, la Rueda de Saturno y el Abejero. Ahora lo veo claro: estoy en un punto cenital. El Templo, la Rueda y el Abejero forman un triángulo, evidentemente equilátero, porque se encuentran al final de cada uno de los radios de la rueda. Y el mismo Templo, la Exedra y el Palacio también forman un triángulo, probablemente también equilátero.  El triángulo, símbolo por excelencia de la masonería. Veo claramente desde aquí la organización de los jardines. Es como un inmenso escenario. El camino principal separa tres  mundos diferentes, tres jardines diferentes: el francés, con los parterres;  el inglés, el bosque, donde se encuentran las edificaciones; el italiano, donde se encuentra el Jardín Bajo. No olvidemos que el italiano Tadey había trabajado en la escenografía de muchas representaciones teatrales. Desde aquí se observa las características del jardín francés, formado por líneas rectas y geométricas y la gran simetría, donde el camino principal termina en el palacio, donde viven los dueños, la autoridad el mandato. Nada escapa a su autoridad. La Ilustración.

El jardín bajo representa el romanticismo italiano. El Renacimiento.  Es curioso, en el laberinto existen árboles, cuya referencia rompe el espíritu de este, ya que estos evitan la pérdida. Las grutas, que se encuentran en el jardín bajo, representan el origen terrestre de los hombres. El jardín inglés, formado por caminos sinuosos y vegetación aparentemente silvestre, dando la impresión de representar a la naturaleza, aprovecha la orografía del terreno. Se aprovecha este, así como la existencia de los árboles y arbustos para colocar los elementos arquitectónicos, es decir, los “caprichos”, que forman parte de este decorado.  Con ellos se simboliza el libre albedrío, la libre expresión y de pensamiento, el mundo natural. Solo hay que seguir el camino adecuado para que completemos nuestra iniciación, nuestro camino hacia la Razón.

Cavilo sobre el camino que voy a seguir. Seguiré el marcado por la Duquesa de Osuna. El que conecta el Templo con la Rueda de Saturno. Es el camino de la vida. No olvidemos que  originalmente este Templo estaba dedicado a Venus, la diosa de la fertilidad. Nos llevará hasta Saturno, en realidad Cronos, dios del tiempo. La vida es el camino que nos lleva desde el nacimiento hasta la muerte, donde el tiempo nos devora. Todos somos hijos del tiempo y todos seremos devorados por Saturno. Pero antes de seguir mi camino me fijo en el templo, hoy dedicado a Baco. Esta situado en el punto más alto del jardín, se inició en 1786 y concluyó en 1789 y  es similar al construido por María Antonieta en el Petit Trianon.

Templo en Petit Trianon
Templo en Petit Trianon

El templete es único en su género al tener planta elíptica. Está orientado según los puntos cardinales y las columnas, en las que se mezclan los estilos jónico y dórico, están agrupadas de tres en tres.  Baco es una divinidad utilizada las celebraciones masónicas.

Baco
Baco. Foto: J.A. Padilla

 Regreso a la Rueda de Saturno y desde aquí me dirijo a un edificio que parece estar en ruinas. Es la Casa del Artillero y, en realidad, se construyó así para que pareciera producto de alguna guerra.

Casa del Artillero
Casa del Artillero. Foto: J.A. Padilla

Se quería dar la impresión de haber sido bombardeada desde otra de las sorpresas del parque, la batería o fortín, una reproducción a pequeña escala de un castillo, con su foso, puente levadizo y demás elementos que componen estas construcciones.  La finalidad de este Fortín era utilizarlo para juegos de guerra. A vista de pájaro, el fortín tiene forma de hexagrama, concretamente una estrella de David, o Sello de Salomón. Los alquimistas usaban este símbolo como unión de Cielo y Tierra.  De nuevo el número 6. Desde una de las puntas de la estrella nace la ría que nos lleva hasta el Casino de Baile.

El Fortín
El Fortín. Foto: J.A. Padilla

Junto al Fortín se encuentra el Lago de las Tencas, llamado así por las tencas que se encuentra. La tenca es un pez de la orden de los ciprinos. Lo más destacable de este lago es el color verde que tapiza la superficie de su agua, lo que convierte a este lugar en un sorprendente ambiente bucólico.

Lago de las Tencas
Lago de las Tencas. Foto: J.A. Padilla

En todos los jardines iniciáticos, el agua juega una gran importancia por su simbolismo. Y, en este paradisiaco lugar, el agua es el elemento que une todos los mensajes que encontramos en nuestro camino, y también  el camino y la vía para el juego y el divertimento. Tanto a través de sus fuentes, estanques, lagos, como por la ría que lo circunda en su lado norte. El fin primordial de la ría es que los participantes de las fiestas y ceremonias organizadas por los duques de Osuna se pasearan en falúa o en barca y disfrutasen del frescor y verdor del lugar. La ría termina en  el Casino de Baile, lugar donde finalmente parecía que se dirigían los invitados. Una ría tampoco ajena al simbolismo que ya hemos apreciado a través de nuestro paseo por El Capricho.

La ría comienza en el fortín y recorre un sinuoso camino hasta el final del mismo, el Casino de Baile, donde accede a su interior a través de una gruta. En medio de su recorrido encuentra el Lago Grande, penetrando a través del Puente de Hierro, para finalmente seguir su viaje. El simbolismo de la ría da lugar a un sinfín de hipótesis. Ya hemos visto que parte desde el Sello de Salomón, por lo que la ría parece simbolizar el viaje de ese hombre hacia su destino.

Lago
Lago. Foto: J.A. Padilla

La ría nos lleva hasta el lago. El lago. Un lugar pensado para el deleite, para el descanso. Un lugar donde el sonido de la fuente y el graznido de los patos constituyen un ambiente de relax inigualable.  A través del Puente de Hierro, el más antiguo de los conservados en España, fluye la rumorosa agua,  donde se encuentran varios lugares interesantes que iremos viendo al bordearlo. La Duquesa quiso que en su propiedad también hubiera un jardín de tipo anglo-chino, tan de moda en el siglo XVIII y cuyos elementos solían comprender rías y lagos de irregulares bordes con islas en su interior. Lo primero que encontramos, casi colindante con el puente de hierro, es El Embarcadero, construido entre los años 1792 y 1795, llamado  Casa de las Cañas, por ser éste el material de que está construido. Su autor, y el de varias otras construcciones del parque, es el escenógrafo  italiano Angel María Tadey. Además de servir para guardar los barcos del recinto, contaba con un pequeño pabellón de reposo o comedor abierto hacia el agua. Tanto este último como el embarcadero están ornamentados con pinturas murales simulando una arquitectura inexistente, utilizando lo que se suele llamar en pintura “trampantojo”.

Trapantojo
Trapantojo en el embarcadero. Foto: J.A. Padilla

 Un ejemplo de este efecto visual lo encontramos en el lugar donde se guardaban las embarcaciones. Simula una ventana, dándose las circunstancia que el paisaje que se ve es el mismo que el que se apreciaría si realmente la ventana estuviera abierta en la pared.  Contemplo en su puerta de entrada otra estrella de David. De estrella a estrella. Como en el juego de la oca…..

Continúo bordeando el lago hacia el Suroeste y paso por los restos del antiguo Pabellón de Esteras, del que solo queda el suelo y los lugares donde encajarían los soportes o mástiles que lo levantaban. El fin de este pabellón se desconoce, pero se aprecia claramente los motivos y símbolos en blanco y negro que se aprecian en otras construcciones de los jardines.

Pabellón de las Esteras
Pabellón de las Esteras. Foto: J.A. Padilla

 Del Quiosco o Embarcadero no ha quedado rastro alguno, exceptuando lo que sería el camino de acceso hasta él con un suelo similar al del pabellón de esteras. En la isla situada en el centro del lago, se aprecia el Monumento al III Duque de Osuna, consistente en una cascada sobre la que se levanta un sepulcro en cuya lápida, y debajo de un medallón en bronce que representa la cabeza del Duque, en el que leeremos: “A la memoria de D. Pedro Téllez Girón III Duque de Osuna, Virrey de Nápoles”. A pesar de ser uno de los personajes más destacados del reinado de Felipe III, D. Pedro Téllez prefirió los campos de batalla a la vida cómoda que le permitía su fortuna. Luchó contra los rebeldes en Flandes y contra turcos y berberiscos en el Mediterráneo, armando una flota corsaria con su propio dinero y con la que siempre venció, hundiendo o capturando a la flota otomana, más barcos que los que ésta perdió en la batalla de Lepanto. La muerte de Felipe III y su oposición al nuevo valido, el Conde-Duque de Olivares, lo llevaron a la cárcel, donde murió.

Entrada al Casino
Entrada al Casino. Foto: J.A. Padilla

Continuando a través de la ría, llego al Casino de Baile. La sala de baile del Casino tiene planta octogonal. El acceso a través de la ría está pensado como final del trayecto en barca, en la que se aprecia la doble escalinata de acceso, una para los hombres y otra para las mujeres, y una imponente barandilla de cerrajería y la gruta adornada con la escultura de un jabalí, construida en piedra de Colmenar, que sirve para tapar el pozo del que mana el agua que alimenta a la ría, con una bomba para elevarla. Como dije antes, cuando estaba en el Templo de Baco, tuve la sensación de estar en medio de un escenario teatral. Ahora, imagino a las falúas llegando en barca y bajar a los invitados para subir las escaleras hasta el salón. Todo muy teatral.

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Casino. Foto: J.A. Padilla

 Desde la terraza que rodea todo el Casino se puede contemplar por el costado oeste todo el jardín de flores, y por el lado este el final de la ría con un pequeño ensanchamiento. Esta edificación consta de dos plantas, una primera planta cuadrada y sobre ella el salón octogonal. El interior no se puede visitar, pero existe un techo pintado representando signos del zodiaco mediante musas y ángeles. La planta octogonal tiene un simbolismo masónico. El ocho para los masones es el número de la amistad, la fraternidad y la iniciación, mientras las estrellas del techo tienen seis puntas y todos los relieves del exterior tienen seis figuras, siendo  el número 6 el que represente para los masones la justicia y el equilibrio. En el exterior sobre las puertas que dan a la terraza, se observan relieves que representan escenas de iniciación a la masonería y alegorías de las cuatro estaciones como símbolo del paso del tiempo. Si las leemos en el sentido de las agujas del reloj veremos, en primer lugar la primera escena de iniciación hasta llegar a la última, la presentación ante el Maestre. En las dos últimas escenas podemos contemplar el descubrimiento del Templo de Salomón, a través de la rosa, la acacia, las escuadras y los cartabones. Independientemente de los actos iniciáticos que tuvieran lugar en este lugar, el Casino era el lugar donde se celebraban los grandes bailes y ceremonias sociales que organizaba la duquesa. Anualmente, se celebraba un baile de gala, al que asistían los reyes, donde no se descuidaba ningún detalle y donde el lujo llegaba a su máximo nivel. Incluso desde el fortín se disparaban salvas de honor desde los cañones que estaban situados allí para después disponer de una falúa que llevaba a los monarcas hasta el Casino. Insisto… todo muy teatral.

Tan teatral como lo que encuentro al encontrarme con otra curiosa construcción, otro capricho: la Ermita, con la que uno se encuentra de repente, bajando por un camino de cipreses, que nos anuncia la proximidad de un lugar religioso, la Ermita, o Casa del Ermitaño, llamada así porque en la misma vivió un ermitaño, conocido con el nombre de fray Arsenio, que vivió allí hasta su muerte en 1802. Fue entonces sustituido por un amigo suyo, llamado Eusebio, al que sustituyó, en el año 1816,  un muñeco autómata que sorprendía a todos los visitantes que pasaban por allí. A Eusebio, la duquesa le propuso vivir allí y custodiara la ermita, a cambio de comida y manutención. Le ordenó que se dejara crecer las uñas, el pelo y la barba para que su aspecto sorprendiera, o asustara, a los que se acercaran por allí. Es evidente que la ermita y el ermitaño formaban parte de alguna  escenografía de las que se preparaban en aquel lugar.

Ermita del Ermitaño
Ermita. Foto: J.A. Padilla

La Ermita no se puede visitar por dentro, pero lo que ya vemos en el exterior nos basta para darnos una idea de su simbología. El aspecto agrietado de sus paredes y el envejecido es una decoración para dar el pretendido aspecto ruinoso. En las ventanas laterales de la fachada estaban alojadas las campanas. Probablemente, el elemento que más me sorprende de este edificio es la piedra en forma de pirámide que se encuentra situada en la parte derecha, junto al porche. Es la tumba de Fray Arsenio, primer monje que habito la ermita. Junto a ella, dos columnas estriadas. En la entrada de la ermita se observan un enlosetado en color blanco y negro que, sin duda, contienen un mensaje oculto. El simbolismo masónico es más que evidente.

Tumba de Fray Arsenio
Tumba de Fray Arsenio. Foto: J.A. Padilla

Bajo por la senda que se abre a la izquierda y llego a otro elemento acuático: el Estanque de los Patos, un elemento que vuelve a atrapar nuestra atención. Este estanque fue realizado alrededor de 1800 y su estilo enmarca dentro del carácter romántico que impregna los jardines. Así parece ser el fin de la escalera de piedra que termina en un banco desde el cual dos personas podían contemplar las entonces cristalinas aguas del estanque, donde los patos nadarían ajenos a la escena.

Estanque de los Patos
Estanque de los Patos. Foto: J.A. Padilla

Frente a este bucólico banco se eleva, al otro lado del estanque, una columna coronada por un busto de mujer. Un busto sin cabeza, que probablemente la tendría en su época. Por lo tanto, desconocemos el personaje que representaría el busto original. Si se aprecia, siempre que se posea un teleobjetivo fotográfico muy potente, la figura de una bruja grabada en el pecho, lo que nos podría dar un significado de tal busto. En su base, a nivel del agua, se aprecia un escudo que contiene tres rosas. Sabido es que la rosa puede tener muchos significados y que los templarios y la masonería la utilizaron en muchas ocasiones. Los templarios la colocaban en el centro de la Cruz del Temple. La rosa es una flor que tiene siete pétalos. Siete son los años que tardó Salomón en levantar su Templo y Siete las ciencias que el buen masón ha de estudiar  (Poesía, Música, Dibujo, Aritmética, Geometría, Astronomía y Arquitectura), siete los vicios que el buen masón ha de evitar (orgullo, avaricia, envidia, celos, gula, cólera y pereza) y siete los dones espirituales que hay que pedir a Dios, de los cuales los tres primeros son la inteligencia, la sabiduría y el discernimiento. Así pues todo este conjunto escultórico representa todo un misterio más en torno a El Capricho.

Desde el Lago de los Patos sigo el camino de descenso hacia la puerta de entrada. A la izquierda me encuentro con el Polvorín, que pertenece al bunker que estaba junto al palacio. Un poco más adelante, otra construcción sorprendente: la Casa de la Vieja.

Casa de la Vieja
Casa de la Vieja. Foto: J.A. Padilla

Esta casa ya nos saludó nada más entrar al camino principal, a la izquierda. Esta casita tiene un enorme valor testimonial, pues habitualmente este género de construcciones no han resistido el paso del tiempo y han desaparecido de los jardines europeos por su fragilidad. Las que podemos encontrar, como en caso de Versalles han sido rehechas repetidas veces. Toda la casita conserva un gran encanto, cubierta por un magnifico rosal de pitiminí que en primavera temprana se cubre de una cascada de pequeñas flores amarillas. En esta casa la Duquesa y sus invitados  jugaban a ser campesinos. En la planta de abajo, que tiene las paredes recubiertas de refrescante musgo, encontramos un altar que era utilizado para hacer prácticas esotéricas, sobre un pavimento de estrellas de cinco puntas.

Casa de los Campesinos. Petit Trianon
Casa de los Campesinos. Petit Trianon

El resto de la casa tiene todos los elementos pintados en las paredes en el mismo estilo de “trampatojo”, como vimos en la ermita: sartenes, trapos, enseres, etc. La casa sin embargo, parece trasladada de un cuento de hadas. En el cuarto llamado “de la Vieja”, se hallaban dos muñecos, uno representando una anciana hilando y otro un muchacho. Años después de concluirse el edificio y para completar tan singular conjunto, se añadió a la escena otro autómata representando a un labriego. La decoración interior descrita y el diseño general se atribuyen, al menos en su mayor parte, al escenógrafo Angel María Tadey.

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Foto: J.A. Padilla

Antes de dirigirme a la salida, me acerco hasta la Plaza de los Plátanos. Retirado del camino principal, es un escenario ideado para un encuentro en la más absoluta intimidad, a salvo de todas las miradas y de toda indiscreción. Me siento en uno de sus bancos y miro en su fuente central el reflejo de los árboles. Me pregunto cómo sería originalmente este lugar, recién terminado, cuando el tiempo y los avatares aún no habían hecho mella en él y hecho desaparecer muchos elementos que responderían a las muchas preguntas que uno se hace sobre el fin principal de “El Capricho”. ¿Un hogar? ¿Un lugar de recreo? ¿Un paraíso artificial? ¿Un jardín iniciático? Quién sabe.

Plaza de los Platanos
Plaza de los Platanos. Foto: J.A. Padilla

Pero las respuestas a todas estas preguntas están, sin duda, en aquellos elementos que han sido destruidos, muchos de ellos de forma intencionada para evitar descifrar el misterio que envuelve este jardín.

 Nos han dejado las preguntas.

Pero también nos han dejado un hermoso jardín, testigo de la megalomanía de unos nobles que utilizaron su enorme fortuna para satisfacer sus sueños. De unos sueños que hoy podemos disfrutar.

ALBUM DE FOTOS
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Foto: J.A. Padilla
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Foto: J.A. Padilla
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Foto: J.A. Padilla
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Fotos: J. A. Padilla
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10 thoughts on “EL JARDÍN DE “EL CAPRICHO”: EL SUEÑO DE LA DUQUESA

  1. Exedra septiembre 14, 2014 / 1:40 pm

    Hola. Un Gran artículo sobre este sorprendente jardín.
    Quería añadir sobre el significado profundo del número 8, que es la Eternidad. 8 son los Principios Metafísicos (7+1), y en las iniciaciones el 8 correspondía sólo a los Maestros, tras iniciarse en los 7 anteriores. Así que de ahí se pueden sacar nuevas interpretaciones del Casino, que parece enumera los 8 principios y el lugar fuera un sitio de iniciación a cada uno de estos, y de los motivos del empedrado y las Fuentes octogonales flanqueadas por 4 bancos. De hecho, es probable que el camino de la parte inglesa sea un recorrido por los 8 principios, hasta reunirse en el Casino.
    Varias veces se hace incapié en el 6 que nos lleva al 8 que es alcanzar la Eternidad (8) mediante el Poder de la Voluntad (6). A lo que haces referencia al nombrar al Hombre Primordial. Pilar de trascendencia y ascensión espiritual del paganismo, recogido y en parte alterado o retorcido por la masonería y el satanismo.
    Como curiosidad decir que hay sospechas de que la Ermita fuera colocada junto a sus guardianes, para ocultar un pasaje a túneles, no los de los búnkers, si no hechos en su época probablemente para los ritos de los grados mayores, ya que las dos columnas de la Ermita simbolizan las del templo de Salomón y las colocaban en toda construcción con fin ritual, y el círculo con 12 círculos (12+1) sobre la puerta que es el número mágico de los rituales. No orientado a rituales iniciáticos, si no a rituales de tipo ofrenda o sacrificio.
    Gracias por este artículo tan trabajado.

  2. Juan Sandoval Iñiguez octubre 20, 2014 / 5:07 am

    Contraria a la Estrella de David de 24X47 o 4+7 y 4X7 tenemos a 46X28=1288, tomando 88-12 y 88+12 tendriamos 76X100=7600-5775=1825 adjuntandole los 1288 resulta la cifra Maya por excelencia indicandonos no un remoto pasado sino un esplendoroso futuro.

  3. Amalia Gallego abril 4, 2016 / 7:51 pm

    con los arboles te hacwes un poquito de lío, y noslias. pero sería injusta si no dijera que es un articulo muy informativo, con magnificas fotos.

  4. Angela agosto 7, 2016 / 10:42 am

    Muchísimas gracias por tanta información acerca de un lugar tan bonito. El poder visitarlo y admirarlo con su significado,es estupendo.

  5. Gloria Nistal septiembre 24, 2016 / 5:39 am

    Estupendo artículo, de grandísima utilidad. Fotos extraordinarias, con perspectivas bellísimas. Gracias

  6. Begoña Bego noviembre 14, 2016 / 4:57 am

    Sublime

  7. Rosalía Ramos mayo 10, 2017 / 4:01 pm

    Buenísimo el artículo. Ahora quiero conocer mejor el Capricho. Me fijaré en los elementos de la masonería.
    Siempre he admirado la figura de la duquesa, una mujer inteligente, culta e innovadora. Una ilustrada del XVIII.

  8. Gloris 400 junio 22, 2017 / 7:03 am

    Que belleza. Que relato mas importante y profundo. He visitado por varios años consecutivos éste lindo jardin EL CAPRICHO. Y cada vez me gusta mas.

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