LA HISTORIA DEL SANTO GRIAL EN HUESCA

Y tomando pan, dio gracias, lo partió y lo dio diciendo:

-“Esto es mi cuerpo, que es entregado por vosotros. Haced esto en memoria mía”.

Del mismo modo tomó el cáliz después de haber cenado, diciendo:

-“Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre, que es derramada por vosotros” (Lucas 22, 20 y par.). -“Tomad y bebed todos de Él“.

“Él”, aquel a quien se refiere Cristo es el Santo Grial, el cáliz con el que compartió el vino en la Última Cena. Era el inicio de la leyenda sobre el Santo Grial. “Él” era aquella copa que, según la tradición, procede de una gema caída de la corona de Lucifer y que fue poseída en primer lugar por Melquisedec; después por Abraham;  Moisés, que la llevó en su arca; por el rey David y, más tarde, por Salomón, que la depositó en su Templo hasta que un sacerdote la robó y la vendió a un mercader que la llevó hasta Jerusalén y terminó siendo su dueño José de Arimatea.

José de Arimatea
José de Arimatea

Más tarde, cuando Cristo  es crucificado, según escriben los cuatro Evangelistas, José de Arimatea, por aquel entonces miembro del Consejo de Ancianos o Sanedrín, al tercer día de la Crucifixión  pide permiso a Pilatos para llevarse su cuerpo y darle sepultura. Entre él y Nicodemo desclavaron el cuerpo de la cruz y, tras envolverlo en una sábana de lino (la Santa Sábana), lo llevaron a un sepulcro excavado en la roca, donde lo enterraron sellando la tumba con un sello romano. Una leyenda en la que José de Arimatea cobrará una gran importancia. San Lucas lo describe como un hombre bueno y temeroso de Dios, mientras que San juan dice destacaba de él su intención de pasar desapercibido por miedo a las autoridades judías, sin bien San Marcos cuenta como fue el único que reclamó su cuerpo para darle sepultura, algo que nadie más hizo.

La última cena, de Juan de Juanes
La última cena, de Juan de Juanes

Según algunos evangelios apócrifos, la casa donde se celebró la Última Cena era la del propio José de Arimatea. Él es el poseedor de la copa, el Grial, donde se compartió la sangre de Cristo en el Cenáculo. El mismo Grial con el que recogió su sangre cuando limpió el cuerpo de Cristo lleno aún de heridas frescas y sangrantes, especialmente las de los clavos todavía llenos de sangre, haciéndolo con la misma sábana. Después llevó el cuerpo para enterrarlo cerca del Gólgota, en el lugar donde hoy se adora el sepulcro, lo lavó para embalsamarlo y recogió el agua de este lavado, enrojecida y mezclada con sangre y la guardó, junto con la sangre coagulada de las heridas de las manos y de los pies y de la abertura del costado derecho. En esta tarea también recibió la ayuda de Nicodemo.  Mientras el evangelio apócrifo de Nicodemo aseguraba que José de Arimatea tomó la sangre en el mismo monte Gólgota mientras estaba crucificado, otros evangelios apócrifos dicen que Arimatea tomó la sangre cuando había bajado el cuerpo y lo estaba lavando en el mismo sepulcro, siguiendo las enseñanzas del Levítico Yahvé, que dice que “la vida de la carne es la sangre y hay que ponerla sobre el altar para resucitar nuestros cuerpos”.  Tras la resurrección de Cristo, los judíos acusan a José de Arimatea de haber robado el cuerpo del sepulcro y es encarcelado por ello. Allí, en la cárcel, se le aparecerá Cristo Resucitado y le ordena custodiar el Santo Grial como símbolo del Misterio.

Tras ser liberado, José de Arimatea permanecerá en Jerusalén hasta su muerte, en contra de que algunos aseguran, sin fundamento alguno, que viajó con el Cáliz a Inglaterra y fundó allí una iglesia, siendo una invención para justificar toda la literatura en torno a la  leyenda del Rey Arturo, en especial Cristián de Troyes y Wolfram de Eschenbach, que se basaron en el evangelio apócrifo de Nicodemo para desarrollar sus obras. Otra leyenda afirma que el Grial fue llevado a Antioquía por Pedro quien, posteriormente lo llevó a Roma al saber que los cruzados habían buscado ansiosamente la reliquia en Jerusalem y le seguían el rastro.

Pero en el siglo IV corren malos tiempos para la religión católica en Roma. El emperador Nerón comienza la persecución de los cristiano; y más más tarde  Valeriano  dicta varias medidas contra ellos, entre ellas prohibir el culto cristiano, condenar a muerte a los senadores cristianos, encarcelar a las familias nobles romanas cristianas. Pero además ordenó la ejecución de obispos, presbíteros y diáconos y de los papas Esteban y Sixto y de San Lorenzo.

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Persecución de Sixto II

Sería el papa Sixto II quien, temiendo el expolio del Vaticano por parte del emperador y negándose a entregarle el Grial, le ordenó a su diácono y tesorero Lorenzo que vendiera todo los objetos de valor y repartiera el dinero entre los pobres, razón por la cual el emperador ordenó su encarcelamiento y le condenó a muerte. San Lorenzo cumplió la orden papal y apenas tres días después de la decapitación de Sixto II, San Lorenzo fue ajusticiado y muerto tras terribles tormentos.

San Lorenzo
San Lorenzo

Pero San Lorenzo no vendió todas las riquezas de la iglesia, tal y como le había ordenado el papa. Llevado por su veneración y por la importancia que tenía la santa reliquia, la puso a salvo del emperador. Mientras estaba encarcelado, convirtió a su carcelero, el soldado romano Hipólito (San Hipólito mártir) al cristianismo y le confió el lugar donde había guardado el cáliz para que se lo entregara posteriormente a unos paisanos suyos, que lo llevaron a su ciudad natal, Huesca. En el lugar donde murió San Lorenzo, en Roma, se erigió una iglesia dedicada a él. En ella existe un cuadro atribuido a Fleury, del siglo XIII, en el que el santo entrega a un soldado arrodillado un cáliz en presencia de otro soldado testigo de la escena. El cuadro corrobora esta teoría. Cuando el emperador conoció la traición de Hipólito ordeno su muerte atándolo a dos caballos que lo arrastraron hasta morir. Así, el Grial llegaba a Huesca, donde estaría los siguientes quinientos años, desde mediados del siglo III hasta el año 713. Nacía otra leyenda.

Las persona que trasladaron el cáliz a Huesca trajeron además una carta firmada por el santo autentificando y contando la historia del objeto que portaban, así como el nombre del destinatario, el cual no pudo ser el obispo de Huesca, como algunos investigadores aseguran, porque en esa época no existía obispo en esa ciudad, ni iglesia alguna. Si parece verosímil que fuera entregado al padre del mártir, Orencio, que custodió la reliquia a salvo de todos. Junto a la carta y el cáliz, los emisarios le entregaron un pie, concretamente el derecho, quemado, como prueba de su muerte, y que hoy se conserva en la iglesia de Yebra, en Huesca.

La llegada al trono romano del emperador Constantino supuso la desaparición de la persecución de los cristianos en Roma y el reconocimiento de la religión católica. Esta buena noticia para los cristianos no lo era tanto para los custodios del Grial, que pensaron que este podría ser reclamado por Roma, ya que por entonces era conocida su presencia en España. Por ello la carta, principal prueba de su autenticidad fue destruida, manteniendo en secreto su existencia y su poseedor. La paz de los cristianos con Constantino termino con los posteriores emperadores, Diocleciano y Maximiliano, quienes en el siglo IV reinstauraron las persecuciones cristianas.   Mientras, en España se vivía a finales de este siglo hasta el siglo VIII bajo el reinado visigodo. Un reinado que acabó con la invasión árabe de la Península Ibérica aprovechando precisamente la muerte rey visigodo Witiza y las posteriores luchas internas que acaban con la traición y muerte del último rey visigodo, don Rodrigo, y el inicio de la invasión y expansión musulmana durante los siguientes setecientos años.

La muerte de San Orencio coincidió con la reinstauración de la fe católica, lo que permitió de nuevo su culto y la construcción de nuevas iglesias en el siglo VI, creándose la diócesis de Huesca, siendo Vincencio el primer obispo de la ciudad nombrado en el año 533. Él heredó la custodia del Grial y lo fue transmitiendo a sus inmediatos sucesores durante los siguientes 160 años, hasta que a finales del siglo VII cae el imperio visigodo. A Vicencio le sucedieron cinco prelados más antes de la invasión sarracena, siendo Acisclo obispo.  Si bien se ha desconocido el lugar donde estaba custodiado el cáliz, la realidad de ello queda demostrada cuando en el siglo IV se construyen las dos primeras iglesias en Huesca: San Pedro y San Lorenzo, aún hoy existentes, en veneración del primer y último poseedor del santo cáliz.

Pero la historia se volvía a repetir. Si el cáliz salió de Roma ante la amenaza de expolio, ahora, a principios del siglo VIII, era preciso salvaguardarlo del expolio sarraceno, conocedor de su existencia y simbolismo, además de atribuirle poderes sobrenaturales. Ante esta amenaza, Acisclo abandonó su diócesis llevándose consigo las reliquias más importantes de su diócesis, entre ellos el pie de San Lorenzo y, como no, el Grial. El obispo oscense seguía los pasos de otros cristianos que, obligados por la persecución sarracena, buscaban refugio en muchas cuevas y ermitas del Pirineo, llevándose consigo los más preciados objetos religiosos para evitar su robo y expolio. Su destino será una ermita cueva situada en Yebra, en el macizo de Ontoria. El lugar escogido por Acisclo para esconder las reliquias era debido a que  en este lugar ya estaban recogidas otras reliquias importantes y era el lugar donde santa Orosia fue torturada y sus restos, estaban custodiados en la ermita.

Martirio de Santa Orosia
Martirio de Santa Orosia

En efecto, en el siglo VIII, también en un tiempo en el que los cristianos se vieron obligados a esconderse en las montañas a causa de su persecución, Orosia de Bohemia se dirigía, acompañada de su comitiva, para casarse con Fortunio, hijo del rey cristiano de Navarra y Aragón. Orosia se convertiría así en la reina de Aragón. Cuando se encontraba a la altura de la oscense Yebra, mandó un emisario para anunciar su llegada al rey. Pero el mensajero fue capturado por los soldados árabes y, tras asesinarlo, fueron en busca de la comitiva para asaltarla. Una vez interceptada la comitiva, los sirvientes y hermanos de Orosia fueron asesinados y la princesa pudo escapar y ocultarse en una cueva. Pero, siendo descubierta, el capitán árabe intentó disuadirla de que adjurara de la fe cristiana y se casara con él, a lo que Orosia se negó tajantemente. Visto lo cual, con su alfanje le cortó ambos pies y, al persistir en su negativa, los brazos y las piernas. Finalmente la degolló y sus restos fueron abandonados en el monte para que fueran pasto de las alimañas. Años más tarde, un pastor que se refugió en una cueva descubrió los restos de la princesa asesinada, los cuales habían sido guardados allí por unos ángeles. Allí mismo, se le apareció al pastor Orosia y, tras contarle lo sucedido le ordenó que depositara su cuerpo a la catedral de Jaca y su cabeza en Yebra de Basa, el lugar donde ahora el obispo Acisclo llevaba sus preciadas reliquias. No encontraba sitio mejor ni más seguro que aquel que ya tenía reliquias tan importantes.

Fueron años de continuas escaramuzas y batallas de moros y cristianos aragoneses, en los que ambos bandos aprendieron varias cosas. Los moros, que en aquella geografía tan montañosa, de estrechos cañones y tan accidentada les resultaba muy difícil conquistarla, además de costar un alto precio en vidas humanas; los cristianos eran conscientes también que, aquella geografía tan montañosa, de estrechos cañones y tan accidentada les resultaba difícil la retirada y los ejércitos quedaban aislados de toda ayuda, además de costar un alto precio en vidas humanas. Y los defensores de Yebra consideraron estas circunstancias. Si la resistencia contra los moros se hacía inútil, todo se perdería. Era, por lo tanto, preciso buscar otro lugar donde llevar las reliquias más importantes.

Catedral de Jaca. Foto: J.A. Padilla
Catedral de Jaca. Foto: J.A. Padilla

Así, durante un periodo de tregua, en el año 833, el obispo Ferriolo decide dejar en Yebra el pie de San Lorenzo y trasladar el sagrado Cáliz al recién construido Monasterio de San Pedro de Siresa para su custodia. De aquí será trasladado por el obispo García a la ermita de San Adrián de Sásabe siendo el año 1014, cuando es trasladado a la iglesia de San Pedro (de nuevo San Pedro), que lo custodiará por los siguientes 30 años, hasta el año 1044. En este año 1044, el rey Ramiro decide reconstruir la ciudad de Jaca para convertirla en  la futura capital del reino de Aragón y levantar una catedral digna de contener el Santo Cáliz, que será consagrada a San Pedro y que incluirá una donación de trece pueblos, en memoria de los comensales en la Última Cena. Su prematura muerte en el año 1066 llevará al trono de Aragón a su hijo Sancho Ramírez, que será quién apruebe el Fuero de Jaca en el año 1076 y comience la construcción de la catedral, al tiempo que reforma el monasterio de San Juan de la Peña. Será el propio obispo García, hijo de Ramiro I y custodio del Grial, el que lo traslade a la nueva catedral de  Jaca, consagrada en el año 1094, no pudiendo seguir su custodia a causa de su enfrentamiento con su hermano Sancho Ramírez, razón por la cual entregó la custodia al obispo Pedro de Jaca y se marchó a Pamplona.

Pedro de Jaca abandona el obispado en el año 1076 y regresa al Monasterio de San Juan de la Peña, cuna del Reino de Aragón. No se va solo, y en secreto, se lleva consigo el Santo Cáliz. Una vez conocida la nueva custodia, el nuevo obispo de Jaca reclama a los monjes del monasterio la reliquia. Pero estos, con el apoyo del rey Alfonso I el Batallador, hijo de Sancho Ramírez, y del Papa, la niegan. El conflicto amenaza con convertirse en una auténtica revuelta por la custodia del cáliz, pero el monasterio pasa a depender directamente de la Santa Sede, por lo que el cáliz quedará bajo su custodia hasta el año 1399. Aquel nuevo traslado era el inicio de una nueva leyenda.

San Juan de la Peña. Foto: J.A. Padilla
San Juan de la Peña. Foto: J.A. Padilla

En efecto, el siglo XI fue un momento de especial inspiración de leyendas y epopeyas. Y el Santo Grial se convierte en una fuente inagotable de ellas. Además, el hecho de que el Grial estuviera en San Juan de la Peña y que este fuera un lugar de paso obligatorio para los peregrinos del camino de Santiago, atrajo a gran cantidad de personas que crearon en torno al monasterio un halo de misterio y de lugar sobrenatural. Leyendas que contaban, por ejemplo, como los monjes custodios del monasterio vivían más de cien año gracias a la influencia del Grial. Un monasterio que ya de por si poseía una leyenda debido a su ubicación y creación. Leyendas que decían que la fuente que se encuentra en el centro del claustro tenía forma de Cáliz y por ella manaba agua de la misma forma que había manado agua de la herida del costado de Jesucristo. Muchos juglares que hicieron el Camino de Santiago encontraron en San Juan de la Peña y sus alrededores una importante fuente de inspiración y el monasterio se convirtió en un lugar de intercambio de ideas y de encuentro.

Réplica del Grial en S. Juan de la Peña. Foto: J.A. Padilla
Réplica del Grial en S. Juan de la Peña. Foto: J.A. Padilla

Sin duda alguna, uno de los mejores ejemplos de esto lo constituye el poema de Wolfram von Eschenbach, Parsifal (Perceval), un caballero de la Mesa Redonda y de la Corte del rey Arturo, cuyo objeto principal es la búsqueda del Santo Grial.

El poema Parsifal narra la historia del caballero perteneciente a la Corte del rey Arturo, en el que incluye su aventura con el Rey Pescador. Tras abandonar la Corte, Perceval (o Parsifal)  se dirige a buscar a su madre, a la que abandonó años antes para ir junto al rey Arturo. Mientras camina perdido por las montañas se encuentra con dos  hombres que están pescando en el río, a los que pregunta donde puede encontrar cobijo. Uno de ellos le indica el único lugar donde podrá hacerlo, llamado Monsalvat, al cual se dirige el caballero.  Pero más que es un castillo lo que encuentra en un monasterio. Allí, le recibe el señor, que es uno de los dos hombres que estaban pescando en el río,  el Rey Pescador, que es el pescador que le ha indicado el camino.

El rey pescador
El rey pescador

En el castillo, Perceval es testigo de una extraña ceremonia. Un paje lleva una brillante espada que le entrega al rey. El rey se la regala al caballero. Después, entran un criado que porta una resplandeciente lanza de la que gotea sangre y mientras una joven muchacha lleva en sus manos un resplandeciente y hermoso grial camina tras él y se dirige a una habitación en la que se encuentra un moribundo anciano acostado. La joven le da entonces de comer de los alimentos que lleva en el grial. Durante la cena, Perceval no se atreve a preguntar al rey, el cual parece una enfermedad incurable, el significado de lo que ha visto, ya que ha sido educado para no preguntar por simple curiosidad. Tras la cena, todos se dirigen a sus aposentos. A la mañana siguiente el castillo se encuentra abandonado y todo el mundo ha desaparecido. Perceval sigue su camino en búsqueda del Grial. Se encuentra entonces a una joven, que en realidad es un maga, que le informa que el señor del castillo era Amfortas, el Rey Pescador, el cual se encuentra muy enfermo a causa de una herida que le hizo una lanza en una batalla. La muchacha le reprende por no haber preguntado al rey por lo que ha visto y que, de haberlo hecho, hubiera curado la enfermedad y de la maldición que pesaba sobre el rey y su reino. Le cuenta que la lanza representa a aquella que fue clavada en el cuerpo de Cristo y el Grial, el objeto con el que fue recogida la sangre. Le informa también de la muerte de su madre, de pena por la desaparición de su hijo.  Perceval decide volver a la Corte del rey Arturo y buscar el Grial. Camina errante y vive varias aventuras en las que utiliza la espada que el rey le regaló. Después de largo tiempo, encuentra un grupo de peregrinos. Es Viernes Santo y vienen de una ermita escondida en las montañas en la que vive un santo ermitaño. Perceval decide  ir a la ermita y hacer penitencia. Encuentra al ermitaño y confiesa sus pecados ante él, contándole su encuentro con el Rey Pescador. El ermitaño le pregunta su nombre, y al responderle, le reconoce por su historia: aquel a quien no se atrevió preguntar por su mal era su hermano, como hermana era también su madre, y el que le recibió en el castillo era el hijo del rey. Como penitencia por sus pecados, el ermitaño le ordena que siga y ame a Dios. Perceval recobra su espiritualidad y busca Monsalvat para encontrarse con el Grial. Tras encontrarlo, hace las preguntas necesarias y reconforta el sufrimiento de Amfortas y encuentra el Santo Cáliz. Perceval descubrirá que su padre es Amfortas y a su muerte custodiará el Grial.

El rey Alfonso I, de Francisco Pradilla

Muchos investigadores han identificado a Amfortas con el rey Alfonso (Anforts en lengua occitana) y a Monsalvat con el monte del Salvador, donde se encuentra el Monasterio de San Juan de la Peña. Incluso el nombre del personaje de Perceval, está basado en un familiar del rey llamado Perche de Val.  El poema describe lugares, personajes y elementos coinciden con los de San Juan de la Peña, incluyendo muchos detalles arquitectónicos que encontramos en el monasterio. Pero incluso la leyenda alcanzó al propio rey Alfonso I, principal defensor del monasterio, cuyo carácter templario y custodio del Grial dio origen a la leyenda en torno a él, que decía que, tras la batalla de Fraga, en la que resultó herido de muerte, se trasladó al monasterio y milagrosamente se recuperó y recuperó la juventud y el vigor. De hecho Amfortas es Alfonso en lengua occitana, siendo el segundo hijo del fundador del templo del Grial, llegando a ser rey a causa de la muerte de su hermano, que no tenía descendencia. Era templario y siguió a lo largo de su vida una conducta que queda reflejada en la leyenda. Alfonso fue herido en la batalla de Fraga, perdiendo parte de sus tierras y gravemente herido, retirándose al monasterio. Allí dicen que fue recuperándose gracias a las propiedades mágicas del Grial, del que tomaba los alimentos.  Existen otros elementos que ayudan a identificar San Juan de la Peña con el lugar donde se desarrollan la leyenda. Monsalvat es el monte Salvador, sobre el que se asienta el monasterio. Montsalvat fue edificado y sostenido por una dinastía de reyes; San Juan de la Peña es el santuario y mausoleo de los primeros reyes de Aragón. Perceval es identificado con Ramiro II, el Monje, el ignorante, el que no se atreve a preguntar, el caballero místico que finalmente encuentra el Grial y se convierte en su custodio.

Claustro de San Juan de la Peña. Foto: J.A. Padilla
Claustro de San Juan de la Peña. Foto: J.A. Padilla

Hasta el año 1399 estará custodiado el Grial en el Monasterio de San Juan de la Peña. Será ese año cuando el rey Martín, el Humano, solicita al abad del monasterio la entrega del Grial a cambio de un cáliz de oro. Después llevará el Grial al Palacio Real de la Aljafería de Zaragoza. Después lo trasladará a Barcelona. En la actualidad, el Santo Cáliz se encuentra en la Catedral de Valencia, adonde llegó en el año 1437.

 

Pero eso es otra historia…..

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