LAS MISTERIOSAS TARACEAS DE BÉRGAMO

Estamos en Bérgamo, en la denominada “Ciudad Alta”, la pequeña ciudad medieval amurallada, con sus palacios, casas e iglesias medievales, barrocas y renacentistas que acaparan nuestra atención mientras nos perdemos por sus estrechas y serpenteantes calles. Tras contemplar extasiados y mudos como Sthendal la bellísima Piazza Vecchia, definida por Le Corbusier como “la más bella de Europa”, nos dirigimos a otra plaza, mucho más pequeña, pero que alberga los tesoros más importantes de la ciudad lombarda: la Plaza del Duomo. Tras cruzar los arcos del Palacio del Podestá, se abre ante nosotros los cuatro magníficos edificios que convierten la plaza en un lugar difícilmente definible, o fácilmente según se mire. Es algo perfecto.

Desde nuestro punto de observador apreciamos, en primer lugar, a la izquierda, el Duomo, la catedral, de estilo neoclásico. Luego, la Basílica románica de Santa María la Mayor; junto a ella, la Capilla Colleoni, donde reposan los restos del capital veneciano y de su hija. Finalmente, a la derecha, el Baptisterio. No tardamos en conocer todas las maravillas que se abren ante nosotros. Iniciamos nuestro camino por el Duomo, siguiendo el orden marcado por las agujas del reloj. Tras visitar la catedral entramos en la Basílica de Santa María. Es como entrar en un universo…..

Fachada de Sta. María
Fachada de Sta. María

Un universo realmente hermoso, con planta de cruz griega de la que sobresale una cúpula octagonal y planta de cruz griega. Todos sus muros y columnas se encuentran ricamente decoradas con dibujos y pinturas y en sus paredes se aprecian ricos tapices florentinos y flamencos del siglo XV y XVI. Dicen que fue levantada por los propios habitantes de Bérgamo que sobrevivieron a la epidemia de peste que asoló la ciudad en el siglo XII tras una promesa hecha a la Virgen María. No cabe duda que este templo es una de las mayores obras de arte que uno puede contemplar. El tiempo se detiene ante las pinturas y esculturas que decoran totalmente cada elemento de la basílica, donde se reposa el gran compositor Gaetano Donizetti. No se me ocurre un lugar mejor donde reposar la eternidad.

Coro
Coro

Me dirijo al coro. Tras admirar su magnífica composición me fijo en las taraceas situadas en la parte inferior. La taracea, llamada también aquí intarsia, son finos trabajos de marquetería de madera formadas por pequeños trozos de distintos tipos de madera que encajan perfectamente y crean efectos de dibujo y policromía. El color de estas taraceas es, por lo tanto, el color natural de las maderas que lo forman y se toma en consideración las vetas de las maderas, para crear los diferentes efectos de la obra.  Pese a que nos acercamos mucho a ellas y nos quedamos a apenas unos centímetros, el efecto más parece corresponder a una pintura que a un trabajo de marquetería.

Detalle de una taracea
Detalle de una taracea

La taracea o intarsia de origen italiano corresponde al siglo XV, que luego pasaría a todos los países de Centroeuropa, y consistía en una marquetería de maderas pardas y amarillas que fue haciéndose cada vez más complicada, con inteligente uso del claroscuro, de la perspectiva y empleando además todos los elementos renacentistas. Una técnica que paso a España en el siglo XVI donde existen trabajos de gran importancia artística derivada del arte hispano-árabe y que pueden encontrarse en muchos trabajos de marquetería de madera de ébano, sándalo, limonero junto con el marfil y el nácar. Los talleres de Toledo y Granada son el mejor ejemplo de estas técnicas.

Pero al margen de la calidad artística de las taraceas de Bérgamo, existe otra circunstancia que las hacen famosas en todo el mundo. Todas ellas representan motivos religiosos, pero con jeroglíficos y mensajes herméticos difícilmente descifrables. Algo que en muchas ocasiones fue característico y utilizado en las bellas artes del Renacimiento italiano. Recuérdese, por ejemplo, los mensajes ocultos escondidos tras “La última cena” de Leonardo Da Vinci, cuyo cuadro podemos verlo en la Iglesia de Santa Maria della Gracie, en Milán. Pero las taraceas de Bérgamo son un paso, unos pasos más diríamos, en esta técnica. Su autor, un extraordinario y enigmático pintos renacentista italiano: Lorenzo Lotto. Antes de entrar en el análisis de las taraceas es preciso conocer la vida de este curioso personaje.

Retrato de Lorenzo Lotto
Retrato de Lorenzo Lotto

Este pintor nacido en Venecia en el año 1480 viajó por toda Italia aprendiendo técnicas que aplicó en sus obras, la mayor parte de ellas de tema religioso, aunque pintó un buen número de retratos caracterizados por una inquietante perfección, al mostrar aspectos psicológicos de los personajes que retrataba, en los que incluía mensajes en torno al ellos. Debido a su extraña personalidad, su vida fue irregular y agotada, encontrando muchas dificultades para vender su obra, que podríamos calificar de singular belleza. Hacia el año 1554 hubo de abandonar los pinceles a causa de una enfermedad que le causaba la ceguera, obligándole a ingresar, ya ciego, en un monasterio de Loreto, donde murió. Especialmente importante en su vida y obra fue su estancia en Roma desde los años 1508 a 1512, cuando trabajó en el Vaticano al mismo tiempo que Rafael pintaba las estancias del palacio papal y Miguel Ángel estaba trabajando en la Capilla Sixtina. Aquel contacto con Rafael supuso una fuerte influencia en sus obras.

Sería en 1513 cuando Lorenzo Lotto fue llamado a Bergamo por Alessandro Martinengo, nieto de Bartolomeo Colleoni, para pintar el retablo de la Iglesia de San Bartolomeo. Era el inicio de una larga estancia de doce años esta ciudad, a la que convirtió en su cuartel general y la época de mayor prosperidad de la vida de Lotto, un período fecundo en grandes obras. Unas obras caracterizadas con la inclusión en sus cuadros de animadas y variadas imágenes y mensajes relacionados con el motivo pictórico. Lotto era, sin embargo, un hombre solitario, incluso vagabundo, sin lazos familiares y sin arraigo alguno en los lugares donde había vivido, ni siquiera en su Venecia natal se le conocía hogar alguno.  En estos años  Lotto se dedica a la ejecución de frescos, como los del Oratorio Suardi en Trescorre, cerca de Bérgamo, que ilustran la historia de Santa Bárbara y Santa Clara o los de la sacristía de la antigua iglesia de Credaro, no lejos de Trescorre, así como otros en la propia Bérgamo.

Una de sus más importantes obras podemos contemplarla en el Museo del prado. Se trata del Retrato de Marsilio y su esposa, una obra rica en simbología matrimonial. Esta obra le fue encargada al pintor por Giovannino Cassotti con motivo de la boda de su hijo Marsilio, quien en el momento del enlace tenía 21 años, edad muy temprana para contraer matrimonio en Bérgamo, ya que por entonces lo habitual era casarse hacia los 30 años. El joven murió cinco años después.

Retrato de Marsilio y su esposa
Retrato de Marsilio y su esposa

El lienzo está lleno de connotaciones sobre las obligaciones y derechos del matrimonio. La pareja aparece acompañada por Cupido, que sujeta un yugo detrás de los novios, en señal de los deberes que contraen a partir de ese momento. Del yugo nacen hojas de laurel símbolo de la virtud y de la castidad que se deben los contrayentes. Los personajes aparecen en primer plano, él de frente al espectador y ella con la cabeza inclinada y el cuerpo ladeado, como símbolo de su inferioridad social. Faustina luce un traje de seda rojo y un collar de perlas. En esa época el rojo era el color favorito de las novias y las perlas simbolizaban la sumisión de la mujer a su marido.  El pintor representa el momento en que Marsilio coloca el anillo en el dedo anular de la mano izquierda de su esposa bajo la sonrisa irónica de Cupido, mientras ambos miran al espectador para implicarlo en el instante más señalado de la ceremonia. La lectura iconográfica del lienzo parece querer poner de manifiesto el carácter indeleble del vínculo entre los contrayentes.

 El 12 de marzo de 1524 Lorenzo Lotto recibe el encargo de la Cofradía de la Misericordia de Bergamo el encargo de dibujar unas historias del Antiguo Testamento para el coro de la Iglesia de Santa María la Mayor. El trabajo se prolongó durante años, concretamente hasta 1532, y aunque Lotto regresó a su ciudad natal, continuó enviando los diseños por correo, acompañando sus creaciones con cartas para los miembros de la cofradía en las que realizaba sugerencias y explicaciones sobre su obra. Así realizó al menos 33 jeroglíficos para ocultar los conocidos episodios bíblicos; el mismo Lotto escribió a sus patronos en 1528: “respecto a los dibujos de las cubiertas, sabed que son cosas que no están escritas, es preciso que la imaginación les dé luz”.

Sansón y Dalila
Sansón y Dalila

En efecto, Lotto emplea en estas taraceas una serie de jeroglíficos que ocultan mensajes ocultos en torno a los temas incluidos en ellas. Así, en la dedicada a Sansón y Dalila se incluía el siguiente jeroglífico: un molino de aceite ocultaba parcialmente una cabeza rapada, en lo alto pendían de una cinta  las tijeras y unos mechones de pelo, todo ello en relación con la historia de los personajes. Simboliza la gloria de la viudedad.

La locura del faraón
El paso del Mar Rojo

El Paso del Mar Rojo por el pueblo judío conducido por Moisés desde la opresión egipcia a la tierra prometida, fue ocultado por un complicado jeroglífico. Un asno que simboliza al pueblo judío es cabalgado por un personaje, que es Moisés, desnudo adornado con elementos de la esperanza y prudencia, camina sobre las llamas, que representa al mar Rojo, procede de un lugar con una máscara sin ojos y un casco, que representa las tinieblas y la custodia militar, y se dirige hacia otro con un sombrero cardenalicio y un par de ojos, religión y origen, camina bajo la amenaza de una culebra degollada, que simboliza al faraón. Esta taracea también es conocida como “La locura del Faraón”.

El Arca de Noé
La Creación del Hombre

La imagen de “La Creación del hombre”,  incluye los símbolos astrológicos de los planetas. En ella, por encima de la arca que flota, se encuentran una serie de herramientas utilizadas por los alquimistas, como las varillas de metal en forma de triángulo, el equilibrio. El significado es como la  humanidad es renovada seleccionándola en su arca (Restauratio), por lo que el hombre debe purificar su alma a la perfección y la felicidad, de la misma manera como lo hacen los alquimistas con los metales se transforman en oro. Finalmente “David y Goliat”, simboliza la victoria del duelo más grande.

David y Goliat
David y Goliat

En aquellos años en los que Lotto llega a su madurez pictórica, destacados humanistas del Renacimiento italiano buscaban la conciliación de ideas de corte esotérico, como la cábala o la magia natural con las corrientes neoplatónicas y la doctrina cristiana. Por aquellos años ya se conocían obras de idéntica técnica, como las de El Bosco y otros pintores del siglo XVI.

Lo cierto es que la sorpresa que embarga a los que en estos días acudimos a ver las insólitas taraceas de Lotto afectó también, en el siglo XVI, a los responsables del Consorcio que habían encargado la decoración del coro, hasta el punto de que le hacen notar a Lotto su desconcierto ante el significado de aquellas imágenes, que en muchos casos no las comprenden, a pesar de que el contrato indicaba claramente que el tema de las cubiertas “debía corresponderse en significado con los paneles sobre los que estaban colocadas“. Ante estas quejas, el artista veneciano llegó a escribir una carta  fechada el 10 de febrero de 1528 desde Venecia, en la que explicaba a lo siguiente: “En cuanto a los diseños de las cubiertas, deberíais saber que puesto que no siguen ningún programa escrito, deben ser interpretados por la imaginación“.

Holofernes y Judith
Holofernes y Judith

Con esta respuesta, Lotto quería demostrar que los símbolos enigmáticos que aparecían en las taraceas eran una interpretación de los pasajes de La Biblia y su intención no era, en modo alguno, ni burlarse de sus clientes ni atacar a la religión católica, de la que era un firme practicante. Aplicaba las corrientes humanistas del Renacimiento en relación con la religión, basadas en los trabajos de los poetas y alquimistas de la época, caracterizados por el uso de imágenes y mensajes difíciles de descifrar. Estas imágenes simbólicas incluían motivos astrológicos, alquímicos, cabalísticos y mitológicos, algunos de los cuales aparecen representados en el coro de Bérgamo. El resultado de estas últimas obras, como puede comprobar hoy cualquier visitante que se acerque hasta la basílica de Santa María, es realmente sorprendente. Allí, en el coro del templo cristiano, las escenas bíblicas magistralmente diseñadas por Lotto están acompañadas por otras imágenes de significado mucho más oscuro e incierto. Y todas ellas componen, en cada uno de los capítulos, enigmáticos significados que nos trasportan a ese mundo mágico de los alquimistas y filósofos, cuyo legado, como estas taraceas, nos llega hasta hoy hasta nosotros.

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