LOS TRAMPANTOJOS DE LAREDO

Caminamos por la denominada Puebla Vieja, que así se denomina el casco antiguo e histórico de la villa marinera de Laredo. Una serie de empinadas y estrechas calles que nos llevan hasta la Iglesia de Santa María de la Asunción, situada al final de la calle, aunque no de la cuesta, que continúa su ascenso más allá de la puerta de la Blanca, límite de la ciudad. Por estas calles pasearon hace algo más de quinientos años las regias figuras de los Reyes Católicos, sus hijas Catalina y Juana y el rey Carlos I, descansado en algunas de las casas señoriales que abundan en Laredo, que por aquel entonces era puerto importante de Castilla, tal vez el más importante. Y es que Isabel y Fernando favorecieron el desarrollo de Laredo por ser el puerto más cercano a Castilla y en este lugar disfrutaron de la hospitalidad de los laredanos en varias ocasiones. En el año 1496, Aquí, la reina Isabel la Católica había venido a Laredo acompañando a su hija Juana de Castilla para que esta viajara a Flandes a encontrarse con su futuro esposo Felipe. Precisamente aquí Isabel escribió una carta a Cristóbal Colón, con fecha 18 de agosto de 1496, agradeciendo al almirante los consejos que le había dado en referencia al viaje. Un viaje accidentado, como el posterior  matrimonio entre Juana y Felipe. Ya casados y con Felipe en Flandes, en 1504, Juana fue a encontrarse con su esposo partiendo desde este mismo puerto, sin miedo alguno por su avanzado estado de gestación. Allí, durante un acto social, la reina, debido a los efectos del viaje, se sintió indispuesta y tuvo en aquel instante a su segundo hijo,  Carlos, el futuro emperador.

El mismo que llegó aquí también en el año 1556 para partir hasta su retiro al Monasterio de Yuste, en Cáceres. Aquel era el último viaje de un emperador, en cuyo imperio “nunca se ponía el sol”, que ahora, cansado y enfermo, iniciaba su particular exilio voluntario. A bordo de la galera Espíritu Santo arribaba al puerto de Laredo y permanecería en esta villa durante los siguientes seis días, un hecho histórico que todos los años se conmemora cada año en esta ciudad. Tres años más tarde desembarcaría su hijo Felipe II y desde aquí partiría hacia la Corte de Valladolid.

Nos encaminamos por la Cuesta del infierno hacia la Puebla Vieja, formada por seis calles y fue creada por el rey Alfonso VIII cuando en el año 1200 le concede el Fuero como una de las Cuatro Villas Marineras, junto con Santander, San Vicente de la Barquera y Castro Urdiales, y que la convertía en un puerto desde el cual se en un enclave importante del comercio exterior con Europa.

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Mientras subimos la empinada cuesta observamos en lo alto de la pared anexa con los resto de la muralla la figura de un soldado armado que parece vigilar la entrada a la ciudad. Se encuentra pintado sobre la pared, en actitud de alerta. Al llegar a lo alto de la cuesta nos encontramos con otro personaje, un pescador, que imaginamos que sube sus productos desde el cercano puerto.

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Son dos de los llamados “trampantojos de Laredo”. Trampantojo, o “trampa al ojo”, es una técnica pictórica que integra una pintura o grabado con el entorno que lo rodea y aprovechando los elementos arquitectónicos para crear una sensación de realidad y unos efectos ópticos que engañan al espectador.

Los trampantojos de Laredo ha sido producto de la iniciativa de los vecinos de la Puebla Vieja y forman parte del programa de rehabilitación de esta zona histórica, con el patrocinio del Ayuntamiento de Laredo. El efecto y la sensación creada ha sido extraordinaria, hasta el punto de que cada uno de ellos son en sí mismos pequeñas historias grabadas en las paredes de esta parte de la villa.

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Así, junto a la Iglesia de Santa María de la Asunción, nos encontramos con la Casa del  Condestable de Castilla, donde se alojaron la reina Isabel con su hija Juana en agosto de 1496 y el Emperador Carlos V en octubre de 1556, en su inicio del viaje a Yuste. Así lo atestigua una plaza que luce la fachada de la casa señorial. Frente a ella, la figura de Juana atestigua el hecho histórico. Una joven Juana que iba a presentarse ante su futuro marido.

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Buscarlos a lo largo de las ruas que forman parte de la Puebla Vieja es un entretenimiento más en nuestra visita.  Espectacular y sorprendente es el que existe en la calle de el Medio, es el que representa a una mujer asomada a su ventana protegida por una verja, que aparece decorada con unas flores naturales, dando una sensación de realidad que hace dudar a nuestros sentidos. En la misma calle, frente a la anterior, el anuncio de una antigua carbonería decora la abandonada tienda. Y al final de la misma calle una mujer que oculta su rostro nos vigila, mientras en la otra ventana nos pide silencio porque “el niño está dormido”.

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La plaza del  Marqués de Albaida es otro ejemplo. Representa escenas cotidianas desde el paseo marítimo.

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En otro, un hombre se apresta a salir a la calle protegido de las inclemencias del tiempo.

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Hoy, estas composiciones son un atractivo más de Laredo. Que nos cuentan retazos de su historia y que son producto de unos ciudadanos comprometidos con su ciudad, a los que hay que felicitar por su iniciativa.

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