Danae y la lluvia de oro

Otro relato mitológico abundantemente tratado en las bellas artes corresponde a la historia de Danae y la lluvia de oro.

Artemisia Gentileschi / Артемизия Джентилески (1593-1653) – Danaë / Даная (около 1612)

Este mito tiene lugar en Argos del Peloponeso donde reinaba Acrisio con su hermano mellizo, Preto. Arcisio nunca había podido tener varones que reclamarían el trono del padre y tan solo tenía una hija llamada Danae. Acrisio quería conocer el futuro de su estirpe y era costumbre en la antigua Grecia acudir al oráculo para conocer el destino. Y el augurio de este hizo palidecer a Acrisio al anunciarle que el hijo de su hija, es decir su nieto, le mataría. Para evitar que el augurio se cumpliera, Acrisio ordenó encerrar a la joven Danae en una cámara de bronce bajo tierra acompañada por unas doncellas y varios eunucos que cuidaran de la joven y evitaran que cualquier hombre, incluyendo su hermano Preto, se acercaran a ella para seducirla.

Dánae y la lluvia de oro. Correggio.

Pero Zeus había reparado en aquella joven tan hermosa y trazó un plan para poseerla. El padre de los dioses, consciente que no era posible evitar la vigilancia de la joven, se transformó en finísima lluvia dorada y, filtrándose sobre un rayo de sol por la ventana de la cámara, fecundó de esta manera a la pobre cautiva. El milagro se realizó y de él nació un varón, el futuro héroe Perseo.

Dánae y la lluvia de oro. Rembrandt

Nacido en secreto en aquella cámara subterránea, el niño creció sano y robusto durante algunos meses sin que su abuelo se percatase de su existencia. Un día, el niño  profirió un grito que Acrisio oyó desconcertado. Tras bajar a la cámara secreta descubrió, horrorizado, que su plan para evitarlo había fracasado y que el augurio del oráculo iba camino de cumplirse sin no lo evitaba él. Nada más nacer el niño, ordenó que Dánae y Perseo fueran colocados en una barquilla y quedarse a merced de las olas del mar embravecido. Madre e hijo permanecieron muchos días a merced del mar, y estaban a punto de morir cuando Poseidón se apiadó de ellos y transformó la tormenta en una suave brisa que los transportó hasta la isla de Sérifos, donde fueron recogidos por un pescador llamado Dictis, hermano del rey de la isla, Polidectes.

Dánae y la lluvia de oro. Tiziano.

Dictis se encontraba faenando no muy lejos del litoral y se extrañó al ver la pequeña barquilla que se movía a merced del mar. Tras alcanzarla, reparó que en ella se encontraban la muchacha y su bebe, a los que a una casa que poseía junto al mar, donde los cuidó. Con el paso de los años, Perseo se convirtió en un joven valiente y fuerte, sin miedo a nadie ni a nada, como otras leyendas contará de él. El muchacho se crió como un gran guerrero y se hizo famoso por sus aventuras. Pero, sobre todo, el destino hizo que se cumpliera lo que el oráculo había predicho. Un día, Perseo partió hacia Larisa, donde se celebraban unos juegos atléticos. Acrisio estaba allí, y una jabalina lanzada por Perseo se clavó accidentalmente sobre el cuerpo de su abuelo, cumpliendo la profecía. Una variante de esta leyenda da una versión algo más terrenal a lo ocurrido a Dánae en su encierro, asegurando que, en realidad, fue su tío Preto quien poseía a la muchacha y la supuesta lluvia de oro no era otra cosa que las monedas con las que sobornaba a los que acompañaban a Dánae en su encierro.

Dánae. Gustav Klimt

Dánae es un cuadro pintado al óleo pintado por el autriaco Gustav Klimt entre 1907 y 1908. Representa la sexualidad femenina narcisista basándose el personaje de Dánae y sobre el simbolismo del amor divino. Se encuentra en la Galerie Würthle, en Viena. Dánae duerme recogida sobre sí misma y se encuentra sola a merced del placer.  Sólo se tiene a sí misma. Cualquier objeto de amor que no sea su propio cuerpo está excluido. El pequeño rectángulo negro que se aprecia en la corriente de oro, a la izquierda, es el único símbolo masculino. Por su parte, Rembrandt representa a la joven en su cama, iluminada por una luz dorada, símbolo del amor divino acompañada por un amorcillo en la cabecera de la cama, símbolo de la castidad. En el cuadro aparecen Dánae, la criada y una tercera persona  a quien ellas puedes ver pero el espectador no. Hasta tres versiones de Danae hizo Tiziano, siendo esta  Dánae recibiendo la lluvia de oro la tercera versión que se conoce. Contrariamente a lo que se piensa, este no es el cuadro que encargó Felipe II a Tiziano, el cual fue expoliado por José Bonaparte. Esta versión fue adquirida por Diego Velázquez en Italia y vendida posteriormente a Felipe IV. El cuadro representa el momento de ser tomada por Zeus.  Dánae está recostada sobre la cama, con las piernas dobladas. AEn la parte derecha hay una criada cuya espalda oscura contrasta con la blancura del cuerpo de Dánae, el mismo contrate que entre el rostro el rostro envejecido de la criada y la juventud de la princesa. La sirvienta está recogiendo con un delantal las pepitas de oro que caen en forma de lluvia dorada, desde las nubes tormentosas que dominan el centro de la parte superior. El pintor renacentista italiano Antonio Correggio nos representa a Dánae acostada en una cama, mientras que Eros, en forma de un niño, la desnuda bajo una lluvia de oro procedente de una nube. Al pie de la cama, dos querubines están comprobando si es oro. En la Dánae atribuido a la pintora italiana Artemisa Gentileschi destaca el color dorado del pelo de la muchacha y las monedas cayendo en forma de lluvia, con los colores vivos en un primer plano y colores oscuros en un segundo plano. El  cuadro se centra en la completa desnudez de un cuerpo de curvas exuberantes y su rostro refleja el placer que junto a las monedas que se van acumulando en su pubis. En segundo plano, vemos a la criada encargada de vigilar y cuidar a Dánae, recogiendo la lluvia de monedas, despreocupándose así por su ama.