El nacimiento de la vía láctea

Nacimiento de la vía láctea. Rubens

Se conoce a Vía Láctea como una galaxia formada por millones de estrellas, entre las cuales se encuentra nuestro Sistema Solar y su nombre proviene de la mitología griega y en latín significa Camino de leche. Podemos observarla a simple vista, eso sí, con el cielo completamente despejado y en condiciones meteorológicas adecuadas como un tenue haz de luz que atraviesa el firmamento terrestre. Los griegos, que estudiaron detenidamente la composición del universo y, además, de su teorías astronómicas sobre la composición de la misma, la mitología clásica definió la creación de la misma. Definió y le dio nombre a las más importantes estrellas y constelaciones de aquel cielo estrellado que observaban con atención. Tal circunstancia hicieron con aquel extraño haz de color blanco que cruzaba el firmamento y que era especialmente visible en las noches del estío. Sabían que aquel haz había sido observado desde muy antiguo, aunque lo que aún no sabían es aquella mancha lechosa serviría de orientación para millones de peregrinos que se dirigieran al final del mundo para venerar a un santo y seña del cristianismo: el Apóstol Santiago. Lo que hicieron los griegos es explicar el origen de aquel haz blanquecino. Y lo hicieron de la mejor manera que podían: a través de la mitología. Y le dieron un nombre: el Camino de Leche. La Vía Láctea.

El origen mitológico de la Vía Láctea se debe a la diosa Hera, hija de Cronos y Rea y esposa de Zeus. Era la diosa protectora del matrimonio y era conocida por su naturaleza violenta y vengativa, además de por ser muy celosa, un problema al ser esposa de Zeus, quien se caracterizaba por sus infidelidades conyugales. Fue esta la razón por la cual se creó la Vía Láctea. Era Alcmena una mujer mortal de gran belleza que se casó con Anfitrión, un matrimonio que no se podía consumar hasta que él no vengara la muerte de sus hermanos. Ambos vivían en Tebas y él se ausentaba en numerosas ocasiones para participar en la guerra y cumplir la promesa de su esposa. La belleza de Alcmera era conocida en el Olimpo y Zeus pretendía yacer con ella. Zeus. Por ello, adoptó la forma de Anfitrión y se hizo pasar por él. Convence a Alcmena de que se entregue a él y le cuenta que su promesa se ha cumplido y todos sus hermanos han sido vengados. Ella, creyendo que era su marido y en todo lo que le ha contado, acepta y se une al dios. Al día siguiente regresa su marido y yace también con ella y se sorprende que no esté entusiasmada con su regreso. Cuando él cuenta a Alcmena todos los detalles de la batalla, ella le contesta que ya lo sabe todo desde la noche anterior. Anfitrión, intrigado, le pregunta al adivino Tiresias sobre el asunto, y éste le revela la verdad sobre la relación entre Alcmena y Zeus. Anfitrión, lleno de celos, decide castigar a su esposa, a pesar de saber que ella no había tenido culpa de lo sucedido. La condena a ser quemada en una hoguera, pero cuando Zeus sabe lo que va a suceder envía una fuerte lluvia que apaga las llamas. Anfitrión, entonces, decide perdonar a su esposa para no irritar al dios. De aquellas dos uniones, Alsmera queda embarazada de dos niños gemelos, uno de Zeus, y otro de Anfitrión. Quien también se entera de lo sucedido es Hera, la cual es presa de sus celos y decide vengarse. Hace que el embarazo de Alcmera se prolongue durante diez meses, por lo que el otro gemelo, que se conocerá con el nombre de Euclión, nacerá primero y, por ello se convertirá en el descendiente de Perseo por ser el mayor de los dos. Después nacerá Heracles, o Hércules, el hijo de Zeus, que nacía con el estigma del odio de Hera. Pero aquel niño, fruto de una relación entre un dios y una mujer mortal, se convertiría en el más fuerte entre todos los hombre, en un ser legendario y admirado por todos por su enorme fuerza. Una fuerza que ya poseía siendo un bebé. Hera envió dos serpientes a la cuna de Heracles cuando este apenas había cumplido ocho meses de edad para que lo devorasen, pero este las estranguló con sus propias manos.

Zeus amaba a aquel niño y quería que se convirtiera en un digno hijo suyo. Quería que obtuviera la divinidad que le faltaba, ya que su madre era mortal y, por lo tanto, él también. Por ello, Zeus quería que Hera lo amamantase para que adquiriera el carácter divino que le faltaba. Pero sabía que ello era imposible porque su esposa siempre se negaría a dar el pecho a aquel niño. Ideó entonces un plan. Envío a Hermes para que llevara al niño y, cuando la diosa durmiera, lo acercaría a sus sagrados pechos para que mamase la leche divina de Hera y obtuviese así la divinidad que le faltaba. Hermes llevó a cabo el plan de Zeus y, aprovechando el sueño de Hera, acercó al niño a uno de sus pechos. El niño empezó a mamar con tanta fuerza que hizo daño y despertó a la diosa. Cuando esta vio al causante del dolor, montó en cólera y, apartó violentamente al niño de su pecho dolorido, aunque el chorro leche siguió manando extendiéndose por el universo dando lugar a la Vía Láctea.