Las Parcas

Las Parcas. Francisco de Goya.

 

Las Parcas, en la mitología romana, representaban el destino. Eran hijas de Júpiter y de la titánide Temis o, según otras versiones, de la diosa de la noche Nix. Eran eran tres mujeres a veces representadas como jóvenes doncellas; otras, como viejas fantasmales, y se encargaban de hilar el destino de mortales y dioses. La vida entera de un ser, desde el nacimiento hasta la muerte, era determinada mediante un hilo de lana iba marcando cada una de las etapas de la vida. También se encargaban de llevar las almas fallecidas a lugares donde les llevaba su vida: Cielo, Infierno y Purgatorio. La lana blanca o dorada representaba momentos de dicha, mientras que la lana negra los hechos desgraciados. En la mitología griega se las conocía como las Moiras.

Se llamaban Nona, Décima y Morta,  mientras en griego se llamaban respectivamente Cloto, Láquesis y Átropos Nona, “la que hila”, es la parca más joven y presidía el momento del nacimiento y el del destino, llevando el ovillo de lana e hilando las hebras de la vida con su rueca, decidiendo el momento del nacimiento de una persona. Se la representaba con una rueca. Décima, “la que asigna el destino”, enrollaba el hilo en un carrete, marcando el curso de la vida y el futuro de los seres. Se la representaba como una pluma o un mundo. Morta, “la inflexible”: la mayor y la propia Parca, en sentido general. Era la responsable de tomar del carrete el hilo de la vida y cortarlo con sus tijeras de oro, determinando el momento de la muerte de los seres. La balanza y las tijeras eran sus símbolos. El destino que tejían las parcas no se podía modificas, ni aún por los dioses. Vivían en el Hades.

Las Parcas han sido ampliamente representadas en el arte. Uno de las más importantes representaciones de estos personajes pertenece a Francisco de Goya, quien hace una revisión de las diosas del destino. En su cuadro vemos a Morta, o Átropos, de espaldas, que lleva unas tijeras para cortar el hilo; a Nona, o Cloto, con un niño recién nacido; y Décima, o Laquesis, la hilandera, que mira a través de un espejo o una lupa y simboliza el tiempo. Junto a estos tres personajes vemos un cuarto, de frente y con las manos a la espalda que podría ser un hombre al que le están tejiendo su destino, el cual, al tener atadas las manos no puede hacer nada por evitar su destino. Este cuadro de Goya pertenece a su colección de Pinturas Negras, por lo que todo el cuadro presenta un cromatismo monocromo, lo que acentúa el carácter fantasmagórico e irreal de la obra.