Narciso y Eco

Eco y Narciso. John W. Waterhouse

Narciso era un joven apuesto y presumido, a quien el destino le hizo víctima de si mismo por su egolatría. Hijo del dios Cefiso y la de ninfa Liriope. Esta, al nacer Narciso, acudió al adivino Tiresias para que dijera si su hijo tendría una larga vida, a lo que le contestó que así sería si no se conociera. Cuando Narciso cumplió los dieciséis años, su belleza atraía a muchos jóvenes muchachas, pero a todas las rechazaba. Un día, mientras paseaba por el monte, fue observado por una ninfa, de nombre Eco, que tenía una hermosa voz y a la que le gustaba hablar. Tanto que Juno la castigó porque un día la entretuvo hablando mientras su esposo, Júpiter, la engañaba con otras ninfas. Como castigo, la diosa le arrebató a Eco lo más importante en su vida, su preciosa voz. Zeus le suplicó entonces a su esposa que rebajara el castigo y la diosa le permitió repetir la última palabra que dijera cada persona con la que hablara. Como consecuencia, Eco se alejó de todo y de todos y se fue a vivir al bosque. Vio, pues, Eco vio a Narciso y al instante se quedó enamorada de él. Lo siguió sin que él se diera cuenta y aunque ella quería decirle lo que le amaba, no podía hacerlo a causa del castigo de la diosa. De repente, Narciso sintió a Eco cerca de él y preguntó quién era, pero ella solo pudo repetir la última palabra. Narciso le seguía preguntando, pero ella solo contestaba con la última palabra. Entonces ella se acerca a él para abrazarlo, pero Narciso se ríe de ella, la rechaza y se marcha. Ella, triste, vuelve al bosque y, finalmente, se esconde en una cueva, donde permanece sin comer ni beber, repitiendo cada palabra que escuchaba hasta morir.

Detalle

Mientras, Narciso seguía despreciando a otras ninfas y jóvenes. Enterados los dioses, Némesis, la diosa de la justicia y de la venganza, decide castigarlo. Narciso llega junto a un río para descansar y saciar su sed. Cuando se dispone a beber, observa el reflejo de un rostro en el agua y queda enamorado de él. Siente un deseo irrefrenable de besar y abrazar aquella imagen que se encuentra en el agua ignorando que es sólo un reflejo de si mismo. Le suplica a la imagen que salga del agua y vaya con él. Llora de desesperación y las lágrimas agitan el agua y la imagen desaparece. Narciso, sumido en la desesperación, le ruega que vuelva de nuevo y le permita contemplarle. Ya no hay lágrimas y la imagen de nuevo se hace visible. Le dice lo mucho que le ama y, en la distancia, Eco repite sus últimas palabras. Se inclina sobre el agua para ver mejor la imagen, tanto, que, finalmente, cae al agua. Cuando consigue salir, vuelve a mirar al agua. Pero ya no ve imagen alguna. Se encuentra en la laguna Estigia, en las puertas del Hades.

La metamorfosis de Narciso. Salvador Dalí.

John William Waterhouse fue un pintor de finales del siglo XIX y principios del XX perteneciente a Romanticismo. Su cuadro Eco y Narciso fue pintado en 1903 y representa  el momento crucial de la leyenda, cuando Narciso ve por primera vez su reflejo en el agua y se enamora de sí mismo. Eco lo mira con nostalgia cuando se va a cumplir la profecía.  En contraste con Waterhouse, el pintor Salvador Dalí nos ofrece su visión surrealista del mito.  A la izquierda aparece el personaje de Narciso reflejado en el agua, con la cabeza sobre sus rodillas. A la derecha observamos su transformación en una mano muerta,  por la que suben las hormigas como símbolo de la muerte. La mano sostiene un huevo que empieza a romperse y por el que ha crecido un narciso, que simboliza la reencarnación de Narciso.