Orfeo y Eurídice

 

Orfeo y Eurídice constituye otra de las historia de amor de la mitología clásica y su historia ha sido llevado, tanto a las bellas artes, como la pintura, dibujo y escultura, como a la música.

Orfeo y Eurídice. Rubens

Orfeo era el hijo de Apolo y Calíope, aunque también se dice que era hijo de Eagro, el rey de Tracia. Fue considerado como uno de los principales poetas y músicos de la antigüedad, el inventor de la cítara y un virtuoso de la lira, instrumento a la que añadió dos cuerdas más, quedando en nueve cuerdas, el mismo número que las musas. Era, además, un personaje arrojado y valiente y, por ello, acompañó a Jasón y a los Argonautas en busca del vellocino de oro sin más arma que con su lira. Gracias a él y la música de su lira neutralizó el canto de las sirenas que les hubiera llevado directamente a la muerte. Tras su regreso del viaje con Jasón regresó a Tracia, donde conoció a una ninfa llamada Eurídice y de la que quedó perdidamente enamorado. Eurídice no destacaba por su hermosura, pero sí por su bondad e inocencia, cualidades suficientes para que Orfeo le pidiera matrimonio, algo que ella aceptó inmediatamente porque el sentimiento era mutuo. Un matrimonio que fue bendecido por el propio Zeus.

Orfeo conduciendo a Eurídice fuera del infierno. Corot

El amor entre ambos fue intenso como apasionado pero, como en toda historia de amor, surgió la tragedia. Un dios menor, de nombre Aristeo, quien pasaba el tiempo cazando en el bosque vio a Eurídice paseaba por el bosque. Aristeo, llevado por sus más bajos instintos se dirigió a ella con la intención de abusar de ella. La ninfa pudo escapar de él y salir corriendo sin darse cuenta que había pisado una serpiente que la mordió en el talón causándola la muerte al instante. Cuando Orfeo conoció la muerte de su amada sufrió un intenso dolor y decidió dirigirse al inframundo y pedirle a Hades que la permitiera regresar a la vida y volver con él.

Muerte de Eurídice. Erasmus Quellinus

Cuando llegó a la laguna de Estigia, se encontró con Caronte, el barquero del inframundo al que pidió que le condujera a la entrada del Hades. Caronte se lo negó, pero la música de su lira le convenció y le condujo a la puerta del inframundo. Allí se encontró con el can Cerbero, el perro de tres cabezas, a quien también embelesó con su música y le dejó pasar sin problema alguno. Dentro, fue conociendo todo el horror del inframundo hasta encontrarse con Hades y Perséfone, quien por entonces vivía en el inframundo. Nuevamente con su música logró convencerles para que Eurídice volviera con él al mundo mortal. Pero los dos dioses le imponen una condición. Orfeo debe caminar delante de la ninfa y por ninguna razón puede mirar atrás y verla, por lo menos hasta que abandonen el inframundo y el sol bañe a Eurídice. Durante todo el trayecto, Orfeo evitó mirar a Eurídice, ni siquiera cuando enfrentaban peligros como demonios o bestias. Pero, cuando Orfeo ya había llegado a la tierra y el sol le iluminó, escuchó un suspiro de su amada y se volvió a mirarla, sin darse cuenta que a Eurídice le faltaba solo un pie para ser bañada enteramente por el sol, rompiendo la condición de los dioses. Eurídice se desvaneció en el aire sin que Orfeo pudiera hacer nada. Desesperado, Orfeo trató de descender de nuevo a por la ninfa, pero en esta ocasión el barquero Caronte no le permitió cruzar aguas de la Laguna Estigia, hasta el otro lado, donde ya se encontraba Eurídice. Orfeo regresó a Tracia y se apartó del mundo porque para él el amor había quedado encerrado para siempre en el Hades. Según nos cuenta Ovidio, tras su intento inútil por entrar en el inframundo, regresó a Tracia donde evitó cualquier contacto con las mujeres mientras tocaba su lira para consolarse. Rechazó a las bacantes, adoradoras de Baco y estas, al sentirse despreciadas lo despedazaron y esparcieron sus miembros. Dionisio castigó a las bacantes convirtiéndolas en árboles. Mientras, el alma de Orfeo encontró a la de Eurídice en el inframundo, y desde ese momento son inseparables. En cuanto a su lira, Zeus la colocó entre las constelaciones.

Orfeo y Eurídice en el inframundo. Pieter Fris

Como se dice al principio, La leyenda de Orfeo y Eurídice también ha sido tratada por las representaciones pictóricas a lo largo de los tiempos. Así, tenemos obras que representan a Orfeo y Eurídice de Rubens, Tiziano, Brueghel o Camille Corot, entre otros muchos. Una de las más importantes es de Peter Fris, Orfeo y Eurídice en los infiernos, pintado en 1652. Este cuadro, que recuerda mucho a El Bosco o Brueghel es toda una lección moral. La parte central del cuadro nos presenta un grupo de formas monstruosas, que representan el pecado y la maldad rodeando a Orfeo y Eurídice, los únicos con aspecto humano en el centro de la parte inferior del cuadro. Es el inframundo con todo detalle. Por la izquierda parecen despeñarse, de entre una ciudad que se destruye, las malvadas criaturas que habitan en este inframundo, y que Caronte transporta en su barca hacia la orilla derecha. La parte central nos recuerda a una calavera de ojos encendidos y de boca abierta en cuyo interior tienen su trono Hades y Perséfone, quienes dan permiso a la pareja para abandonar el inframundo. El otro gran punto de atención, ya en un interior más sombrío, es el monstruo alado con cabeza de rasgos humanos que transporta en su vuelo a un ahorcado vestido de blanco. Encima de la cueva donde se encuentran los dos dioses, un grupo de jugadores de cartas bebe, fuma y se divierte. También aparece, entre otras figuras inquietantes, el búho, como símbolo del conocimiento oculto. El cuadro del pintor francés, Jean Baptiste Corot, Orfeo conduciendo a Eurídice fuera del infierno, nos muestra a ambos saliendo del Hades. En este caso, Corot, prescinde de los elementos infernales para crear un mundo de ultratumba bastante poético y bucólico. Demostrando su técnica paisajista vemos, tras un riachuelo, medio ocultas por la niebla las almas melancólicas de las almas que se encuentran en ese inframundo tan particular. .En primer término, Orfeo, con su lira, y Eurídice avanzan decididos hacia la salida de forma resuelta. Ante ellos, unos árboles parecen ser el único obstáculo que encontrarán en su camino en las sombras, que no tendrá salida para Eurídice. El Orfeo y Eurídice de PeterPaul Rubens fue un cuadro encargado por el rey Felipe IV para su pabellón de caza de El Pardo, llamada la Torre de la Parada. Este cuadro con unas dimensiones de 196 x 247 cm, podemos admirarlo en el Museo del Prado, en Madrid y lo componen cuatro protagonistas: Orfeo, con su corona de laurel y la lira, Eurídice, tras él semidesnuda, y a Hades y Perséfone, con su perro Cancerbero. El cuerpo de ambos amantes es iluminado para resaltar a ambos personajes, especialmente el de Eurídice cuya piel resplandece, del todo blanca. Ambos tienen que cumplir la condición de los dioses de no mirarse, y observamos la mirada de Orfeo que, de reojo, trata de ver el rostro de Eurídice, algo que más tarde la condenará al mirarla. A un discípulo de Rubens, Erasmus Quiellinus pertenece el cuadro Muerte de Eurídice, donde nos muestra en su cuadro La muerte de Eurídice el momento mismo de la segunda muerte de la ninfa, a quien intenta Orfeo inútilmente salvarla de la muerte definitiva. Tiziano nos muestra dos escenas en el mismo cuadro. En la primera, situada a la izquierda: vemos el momento en que Eurídice es mordida por la serpiente, mientras que en la segunda, vemos a Orfeo en el momento de perder a su esposa, pintando como fondo al reino del Hades.