Teseo y el Minotauro

Se trata, sin duda alguna de uno de los relatos más conocidos de la mitología clásica. Para introducirnos es ella es preciso que antes contemos la historia del Toro de Creta, un enorme toro blanco que surgió de fondo del mar por deseo de Poseidón, el dios de los mares, para regalárselo a Minos y que gobernara en Creta. Gracias a ello, Minos se convirtió en un rey legendario. Poseidón, no obstante, le había puesto una condición a Minos. Una vez nombrado rey tenía que sacrificar al animal en honor suyo. Minos había aceptado esa condición y guardó a la bestia en sus establos con la intención de cumplir el mandato divino, pero cuando llegó el momento del sacrificio no pudo hacerlo. Aquel era un toro demasiado hermoso para matarlo y, además, se había convertido en el símbolo de su reinado.

Teseo y el Minotauro. Charles Eduard

Pero Minos era consciente que no podía desobedecer a Poseidón sin más y, por ello, sustituyó el gran toro por otro pensando que nadie lo notaría, incluyendo el dios. Grave error, pues Poseidón se dio inmediatamente cuenta del engaño. Decidió entonces castigar la desobediencia de Minos.

Poseidón hizo que la esposa de Minos, Pasifae, se enamorara perdidamente del Toro de Creta y, con ayuda de Dédalo, consiguió copular con el toro, quedando encinta. Aquella relación daba además un horrible castigo, pues de ella nacía el temible Minotauro, un horrible monstruo mitad hombre y mitad toro que se alimentaba de carne humana. En esta situación, Minos decidió ocultar la horrible ignominia sufrida. Se dirigió a Dédalo y le pidió construir un lugar conde poder ocultar al Minotauro a la vista de toros. Un lugar de donde no pudiera escapar. Minos decidió mantener con vida al brutal monstruo en aquel laberinto e ideó una que además se convertiría en una venganza contra Atenas como castigo por la muerte de su hijo. El castigo consistiría en la entrega cada cuatro años de siete varones y siete doncellas para entregarlos en sacrificio al Minotauro. El origen de este castigo se debía a que su hijo, Androgeo, había muerto durante la celebración de unos juegos deportivos que se celebraban cada cuatro años en Atenas. Androgeo había ganado en varias competiciones y se había convertido en el ganador absoluto de los juegos, pero poco tiempo después murió, según unos, en venganza tras los juegos; según otros, en la guerra entre Atenas y Creta. En esta guerra, Creta sitió a Atenas para forzar su rendición. Para evitar el asedio y posterior destrucción de la ciudad, los atenienses se mostraron dispuestos a aceptar cualquier condición de Minos. Y este encontró en el Minotauro la condición. Atenas aceptó pagar el despiadado tributo que el rey cretense exigía. Solo quedaría librada Atenas de pagar este tributo si alguien lograba matar al Minotauro y salir del laberinto victorioso. Algo que parecía imposible.

Es en este punto de la legendaria historia cuando aparece la figura del héroe fundador Teseo. Este personaje era el hijo de Etra y el mencionado rey de Atenas Egeo, aunque hay relatos que cuentan que su verdadero padre era Poseidón. Teseo era muy fuerte y hábil en la lucha y con el tiempo se convirtió en el sucesor de su padre como rey de Atenas. En uno de los envíos de jóvenes a Creta, Teseo escuchó los gritos de lamento de las madres y decidió él acudir con ellos. Su padre intentó disuadirle inútilmente, pero él se mostró firme en su decisión y prometió a su padre regresar sano, salvo y victorioso, acabando con aquellos sacrificios. Así Teseo y los jóvenes atenienses llegaron en barco a Atenas, mientras muchos curiosos acudieron a recibirlos. Entre ellos, la hija de Minos y Pasifae y, por lo tanto, hermanastra del Minotauro. Ariadna, que quedó prendida de Teseo, más aún cuando conoció que era hijo del rey de Atenas y que se había prestado voluntario al sacrificio. Decidió, por ello, ayudarlo. Sabía que era imposible escapar de aquel laberinto por si solo. Acudió a Dédalo para solicitarle ayuda y este le entregó un ovillo de hilo que debía entregar a Teseo. Así, pues, la princesa hizo entrega del ovillo del que tenía que atar un extremo en la entrada del laberinto y, tras matar al Minotauro, recoger el hilo hasta la salida. El arriesgado Teseo se adentró en el laberinto de Creta en busca del Minotauro, el cual lanzaba escalofriantes rugidos que llegaban a oídos de todos. Teseo se acercaba hasta el lugar de donde procedían esos rugidos seguido por el resto de jóvenes. Finalmente, Teseo y el Minotauro quedaron frente a frente. Sobrepasándose a su miedo al estar ante semejante monstruo, se lanzó contra él espada en mano. Pero, finalmente, Teseo consiguió asestar un golpe con su espada en el corazón del monstruo, que cayó exánime. El silencio se hizo total y heló el corazón de Ariadna. Gracias al hilo, Teseo salió triunfalmente del laberinto liberando a Atenas del castigo de Minos. Abrazó a Ariadna y se dispusieron a regresar a Atenas, partiendo inmediatamente en barco y huyendo Ariadna con él. Durante la travesía, una violenta tempestad sacudió el mar y Ariadna empezó a sentirse mareada, por lo que Teseo decidió detenerse en la isla de Naxos para que la joven pudiera descansar. Ella, totalmente agotada, se durmió enseguida. Tras amainar la tormenta, zarparon inmediatamente, dejando a Ariadna allí. Cuando ésta despertó, se dio cuenta que Teseo la había abandonado y comenzó a llorar. Su llanto fue escuchado por el dios Dionisios, que se encontraba cerca de la isla. El dios del vino se apresuró a socorrerla y, quedando prendado de ella, le pidió que se casase con él, lo que aceptó de inmediato la joven.

Ariadna abandonada. Angélica Kauffman

Mientras, Teseo se dirigía victorioso hacia Atenas y la nave se acercaba con gran rapidez hacia el puerto. Pero ocurrió una circunstancia. Teseo había prometido a su padre que si era derrotado por el monstruo, en la nave ondearía la bandera negra que llevaba al salir hacia Creta. Si regresaba victorioso, cambiaría la bandera por otra blanca anunciando su triunfo. Así todos sabrían de antemano lo ocurrido. Por lo tanto, el estaba acercándose a Atenas y la vela negra ondeaba aún en el mástil, en lugar de la vela blanca, como debía. El rey Egeo, desde lo alto de la Acrópolis, aguardaba impaciente el regreso de su hijo y, al vez a lo lejos la vela negra, creyó que el Minotauro había devorado a Teseo. Entonces se arrojó al mar desde lo alto de una roca. Ese mar lleva hoy el nombre de aquel rey. Teseo, ya en Atenas, fue aclamado, pero se sentía responsable de la muerte de su padre y no quiso convertirse en rey e instauró una república para que fueran los ciudadanos los que gobernaran la ciudad. Mientras, Teseo, como general del ejército, vivió importantes y numerosas aventuras.

Los dos cuadros que aparecen aquí ilustrando esta famosa leyenda mitológica corresponden a Charles Eduard y Angélica Kauffman. El pintor francés nacido en Hungría se caracterizó por sus cuadros representando escenas de historia y mitología. Aquí vemos en Teseo y el Minotauro, el momento posterior a la muerte del Minotauro, el cual yace muerto a los pies de Teseo, exultante tras su triunfo, junto con los que le han acompañado en el duelo del laberinto. Angelica Kauffmann fue una artista extremadamente prolífica que consiguió en su época una enorme popularidad. Los temas que abordó en sus cuadros son en su mayoría retratos, aunque también abundan los temas mitológicos y alegóricos, los históricos o los religiosos. Aquí vemos Ariadna abandonada, en el que se aprecia a la joven princesa desolada tras el abandono de Teseo en la isla de Naxos. Sus tristeza, sin embargo, apiadó al dios Dionisios con el final que conocemos.