Venus y Marte

La relación amorosa entre Venus y Marte ha sido un tema largamente tratado en las bellas artes y en las obras literarias de Ovidio, Virgilio y Homero dentro de la temática mitológica. Existe además un simbolismo entre lo que representan ambos dioses, ya que cada uno representa la relación entre el amor y la guerra.

Venus y Vulcano. Tintoretto.

Como ya se cuenta en El nacimiento de Venus, Zeus, para evitar el enfrentamiento entre los dioses del Olimpo a causa de la belleza de Venus, o Afrodita, no se le ocurrió otra cosa que casarla con Vulcano, o Hefesto, dios del fuego, un anciano cojo, feo y deforme. Como es lógico, y tal y como la propia mitología nos demostrará, Venus, como diosa del Amor, fue infiel repetidamente a Vulcano, tanto con otros dioses como con mortales. Pero, sin duda alguna, la relación infiel que más dio que hablar fue la que tuvo con Marte, o Ares, el dios de la guerra. Marte era un dios muy importante y al instante quedó prendado de la enorme belleza de Venus. Y entre ambos surgió el amor. Sus encuentros amorosos se hacían de noche, cuando Vulcano trabajaba la noche entera en su fragua. La única preocupación de ambos amantes era Apolo el dios del sol, el que todo lo ve y a quien no le gustaban los secretos. Y Marte tomó como preocupación para evitar a Apolo. Cada vez que iba al encuentro de la amada, llevaba al joven Alectrión, su amigo confidente encargado de vigilar la puerta del palacio de Vulcano con la misión de advertirle el momento que comenzaba a aparecer el Sol, momento en el que Vulcano abandonaba su fragua u regresaba a casa a descansar. Pero una noche el fiel guardián, exhausto y aburrido, se adormeció mientras Marte y Afrodita se amaban ajenos a toda preocupación. El día amaneció claro y hermoso. El Sol despunto y sorprendió a los amantes, que dormían abrazados. Indignado por la traición a Vulcano, Apolo salió en busca del deforme herrero y le contó todo lo que había visto.

Venus y Marte.

Vulcano se queda sorprendido por lo que le cuenta Apolo. Sintió que las fuerzas le faltaban. Agradeció al Sol la verdad. Estaba avergonzado y humillado por el acontecimiento. Y pensó que aquella traición de su esposa y su amante merecía una venganza. Después de mucho reflexionar, el armero divino tuvo una idea y se puso a trabajar. Con finísimos hilos de cobre confeccionó una red invisible, pero tan fuerte y resistente que ningún hombre, ni ningún dios, pudiera romper. Ocultando su odio y su tristeza, se dirigió, como cada día, a su palacio. Allí colocó disimuladamente la red en el lecho manchado por la deshonra. Después buscó a su esposa y le dijo que debía ausentarse por algunos días y, sin más, se despidió y partió. Marte, apenas vio alejarse a Vulcano, se dirigió raudo a la casa de su amante y se acostaron felices sin darse cuenta de la trampa dispuesta para ambos. En ese instante, Vulcano, que había fingido alejarse, regresa a su palacio y sorprende a los amantes en el lecho.Su deseo de venganza era tan grande como su odio y, cegado por ambos, acciona la red que, de inmediato atrapa a los amantes y evita su huida y llama a los demás dioses para que presencien la escena causante de su deshonor. Acusa a su esposa de engañarle con Apolo a causa de su deformidad, de la que él no era culpable, sino de sus padres. Los amantes intentan escapar pero la red lo impide. Ante ello, Apolo le pide a Vulcano y que libere a los dos avergonzados amantes. Vulcano acepta las palabras de Apolo y accede a liberarlos, Afrodita, avergonzada, se retiró a Chipre, su isla predilecta. Y Marte se fue a Tracia, para tratar de olvidar la ridícula situación sufrida. Antes de partir, castigó a su amigo Alectrión, por dormirse y no cumplir con su deber, transformándolo en gallo y condenándolo avisar para a los hombres la salida del Sol.

Venus y Marte sorprendidos por Vulcano. Joachem Wtewael

Este episodio mitológico ha sido recogido, como se dice al principio, en multitud de cuadros en diferentes épocas y estilos. Uno de los más interesantes es el realizado por el pintor barroco italiano Sarraceni, el cual nos presenta en su cuadro el amor clandestino entre Venus y Marte, según lo relata Ovidio en sus Metamorfosis. Vemos en el propio palacio de Vulcano a los amantes entregándose a la pasión sobre un lecho blanco, mientras cinco amorcillos juegan a su alrededor, dos con la ropa de la cama, y otros tres lo hacen con la armadura de Marte. La obra, realizada en el año 1600, está expuesta actualmente en el museo Thyssen, en Madrid. Otra escena sobre el mismo tema lo representa en su cuadro del pintor holandés Joachim Wtewael llamado Venus y Marte sorprendidos por Vulcano y realizado en plancha de cobre en el año 1601. Muestra de una forma desenfadada y cómica el momento en el que ambos amantes son liberados por la red y quedan expuestos a las miradas de los demás. Al pie de la cama, amontonados en desorden, se acumulan la armadura y las armas del dios de la guerra. Junto a ellas también se ven unas zapatillas de color rosa, que parece ser la única prenda reconocible de la diosa. Marte y Venus yacen desnudos en el lecho con sus cuerpos entrelazados sorprendidos en pleno adulterio. Mercurio, reconocible por el caduceo y el sombrero rojo, levanta el cortinaje verde que oculta a la pareja, al tiempo que Vulcano, de espaldas al espectador, retira la red. Júpiter se acerca a la izquierda de Mercurio llevado por su águila y asiendo uno de aquellos relámpagos que arrojaba en sus ataques de ira. Tras él vemos a Minerva, representada con casco y que representa la sabiduría y a Saturno, dios del tiempo, con su guadaña, sentado al lado de Diana, que representa la virginidad, con su símbolo sobre la frente de la media luna, símbolo de la castidad. Al fondo, en la esquina superior izquierda se encuentra la diosa Eos, la aurora, que toca un instrumento musical parecido a una viola. Por último, sobre la cama revuelta, Cupido dirige sus flechas hacia Mercurio, en alusión a lo que cuenta Homero de que también Mercurio deseaba poseer a Venus. El pintor italiano Tintoretto también mostró su visión sobre este tema en su cuadro Venus, Vulcano y Marte, pintado en 1555 y que se conserva en la Pinacoteca de Munich. Aquí apareen en una escena doméstica con cierto tinte erótico. Venus está reclinada y su marido, el viejo Vulcano, se acerca y descubre el pubis de su esposa. En una cuna, detrás, Cupido duerme. Y bajo la cama se oculta el amante de Venus, Marte. La figura de Vulcano se refleja en el espejo del fondo.

La fragua de Vulcano. Velázquez

Pero, sin duda alguna, el cuadro más famoso en torno a esta relación mitológica es el titulado La fragua de Vulcano, del pintor sevillano Diego Velázquez. El pintor nos muestra un relato mitológico representado por personajes humanos. Apolo envuelto en un manto que deja al descubierto su torso desnudo. Vulcano es, simplemente un herrero, al igual que los cíclopes que le ayudan, que son hombres ejerciendo su oficio de forjador.

Detalle de La fragua de Vulcano.

Vulcano contempla con ojos atónitos después de haber escuchado la noticia sobre el adulterio de su esposa con Marte a quien le estaba forjando en esos momentos una armadura. La forja es una herrería más de las que se podían ver en aquel tiempo, sin ningún atributo divino. Los personajes destilan una realidad que demuestra la maestría del gran pintor barroco. El fuego de la fragua proporciona luz y sombras mientras que el halo de Apolo hace que entre claridad por la izquierda.

La fragua de Vulcano. Jacopo Bassano.

También el pintor italiano Jacopo Bassano realizó su particular visión de la fragua de Vulcano, pintura realizada en 1585, coincidiendo con Velázquez en una visión de los personajes en forma humano, salvo Cupido, que juega con los animales con sus características alas. Aquí los personajes aparecen trabajando en la fragua ajenos a lo que Apolo les contará y afanados intensamente en su trabajo. Lo más llamativo es la técnica empleada y la realidad de los objetos y personajes que aparecen. El cuadro actualmente está expuesto en el Museo del Prado.