San Vicente de Avila

En el siglo III el emperador Diocleciano envía a Hispania como gobernador al cruel Publio Daciano con la orden hacer cumplir su orden de adorarle a él, como si de un Dios se tratara. En Ebora de la Carpetania, actual Talavera, Daciano intentará convencer a un joven cristiano, de nombre Vicente, que ha sido denunciado por no cumplir la orden del emperador. El joven, que profesaba la fe cristiana junto a sus dos hermanas, Sabina y Cristeta y era conocido por su bondad y amabilidad con todo el mundo, se negaba a cumplir la orden del emperador. Ante la insistencia de Daciano, el joven se reafirmó en su fe y aquel le ordenó tajantemente que hiciera un sacrificio al dios Júpiter. Ante la nueva negativa del joven, fue conducido a una plaza pública de Talavera, donde tras negarse de nuevo a traicionar a su Dios, fue llevado hacia el cadalso. Cuando los pies del joven se apoyaron en él, la piedra se convirtió en blanda cera, lo que sorprendió a los verdugos y lo interpretaron como un milagro de un auténtico Dios. Le llevaron entonces de nuevo ante a Daciano y este le concedió tres días para que recapacitara, enviándole a prisión. Allí van a visitarle sus dos hermanas, que se lamentaron que su suerte y de que muerte les dejaría desamparadas.

Aprovechando un descuido de sus guardianes, Vicente escapa por la noche de la cárcel y tras ir a buscar a sus hermanas, huyen de Talavera. Cuando Daciano descubre su huida, sale en su busca, capturándolos en la ciudad de Ávila. Allí, Daciano actuó con toda la crueldad que le había dado fama. Ordenó subir a los tres a un potro de tortura y les azotaron y torturaron hasta descoyuntar sus miembros, mientras los tres jóvenes no cesaban de rezar y alabar a Dios. Aquello irritó, aún más si cabe, a sus verdugos, quienes no contentos con haber destrozado sus cuerpos, les decapitaron y colocaron sus cabezas clavadas sobre unas piedras, golpeándolas después con toda saña, haciendo saltar sus sexos. Luego, dejaron tirados en el suelo los destrozados cuerpos de los tres hermanos a merced de las alimañas. Fue entonces cuando una gran serpiente apareció entre las piedras y acercándose a los restos se aprestó a defenderlos haciendo huir a todos los presentes. A todos menos a uno: un judío, llamado Fisgón, se quedó vigilando que nadie acudiera a enterrar los restos, desafiando a la serpiente. Pero esta se enroscó a su cuerpo hasta casi asfixiarle. El judío, a punto de morir, rogó a Jesucristo que le perdonara y permitiera abrazar la fe cristiana. Prometió además que construiría allí un templo y daría sepultura a los cuerpos de los tres hermanos. Fue entonces cuando la serpiente liberó su cuerpo, desapareciendo para siempre. Inmediatamente, Fisgón dio fue a buscar a un sacerdote para que le bautizara y, ya como cristiano, poder dar sepultura a los cuerpos.

Después, en aquel mismo lugar donde habían sido ejecutados Vicente, Sabina y Cristeta levantó un templo en su honor, en el lugar donde hoy se levanta la Basílica de San Vicente, situada extramuros de la muralla de Ávila, la cual fue construida en el año 1130, conteniendo el sepulcro de los Santos Mártires, uno de los más bellos del arte románico español, conmemorándose desde entonces la fecha de la ejecución de los hermanos, día 27 de octubre del año 303.

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