14. MOTÍN DE ARANJUEZ (1808)

Como hemos visto, la Familia Real se encontraba inmersa en un grave enfrentamiento en el que no faltaba ningún ingrediente. El rey Carlos IV, su hijo, el Príncipe de Asturias Fernando, la Reina, María Luisa de Borbón y Parma, componían un explosivo cóctel, cuyo ingrediente picante lo constituía el valido del Rey, Manuel Godoy. En El Escorial se había vivido un capítulo más de este enfrentamiento.

La familia de Carlos IV-Francisco de Goya
La familia de Carlos IV-Francisco de Goya

Y mientras la familia real española se encontraba ocupada, y preocupada, por sus insuperables problemas internos y los españoles contemplaban atónitos aquel triste espectáculo y se entretenían en ponerse al lado de uno u otro, el general Junot, entra a primeros del año 1808, en España con otros treinta mil hombres, al amparo del Tratado de Fontainebleau, estableciendo su cuartel general en Valladolid, mientras otro  ejército dirigido por el mariscal Moncey penetraba también en la Península Ibérica.  Aquellas incursiones demostraban la evidencia de que Napoleón pretendía algo más que la conquista de Portugal. Significaba más bien que se pretendía trasladar la frontera francesa hasta el mismo río Duero. Al mismo tiempo llegan noticias de que el general  Joaquín Murat, el gran duque de Berg y cuñado de Napoleón, se dirige desde el norte hacia Madrid.

Manuel Godoy-Francisco Bayeu
Manuel Godoy-Francisco Bayeu

Ante esta situación, la estrategia de Carlos IV, alimentada por Godoy fue “heroica”: huir de España. El propio Godoy recomendaba a la Familia Real seguir el ejemplo el rey portugués José I ante la llegada de los franceses: embarcar hacia Brasil y establecer allí la Corte portuguesa. Así, Godoy tomó la decisión de que los reyes abandonaran la capital y se dirigieran hacia Cádiz y embarcar desde allí para, en caso de que se confirmara la invasión francesa, zarpar a tiempo hacia América y evitar ser capturados. Un viaje largo en la que habrá que hacer varias paradas intermedias. La primera de ellas: Aranjuez. Aquel viaje, o aquella huida, era la oportunidad esperada para Fernando. Para ello extendió el rumor de que Godoy quería llevase a los reyes fuera de España porque había pactado con Napoleón la entrega de España y además trataba de impedir que Fernando pudiera suceder a su padre. De esa manera, cuando la Familia Real llega a Aranjuez, el rumor ya es noticia y se prepara el Motín.

El Príncipe de Asturias Fernando
El Príncipe de Asturias Fernando

Fernando VII había planeado con Escóiquiz la estrategia: evitar la salida del rey a toda costa. No estaba dispuesto a que aquel viaje siguiera más allá del río Tajo. Sus planes consistían en movilizar a las masas para evitar la salida del rey y acabar con el poder de Godoy. Contaban con la nobleza y la iglesia, aquellos que no habían movido ni un solo dedo mientras los franceses avanzaban hacia la capital, pero que ahora apelarían al sentimiento patriótico para oponerse a los franceses, argumento que escondía la necesidad de poner fin a un reinado que les podría llevar a la ruina.  Fernando informó a sus partidarios de las intenciones del Rey, mientras Carlos IV volvía a encontrar en su escritorio un anónimo recomendándole desconfiar de Godoy y amenazándole que, de realizar el proyectado viaje, podrán producirse disturbios que pusieran en peligro a él mismo y a su familia. Así las cosas, Godoy regresó de Madrid hallando al Rey inquieto y preocupado. Se encontraba en medio de dos amenazas: la francesa, a las puertas ya de Madrid; y el de su hijo, aún más cercana y, por lo tanto, más peligrosa. No había tiempo para dudas, Dupont y Mancey avanzaban al frente de su gran ejército con gran rapidez.

El día 17 de marzo de 1808 empezaron a llegar a Aranjuez muchos forasteros desde Madrid y de los alrededores, cuyo aspecto era bastante sospechoso, entre ellos, el propio embajador francés, por cuya posada no dejaron de pasar de manera descarada emisarios y conjurados. Apenas llegada la noche, Aranjuez estaba en absoluta calma. Godoy, tras cumplimentar a los Reyes, marchó a su casa, donde se sentó a cenar con su hermano el Duque de Almodóvar del Campo, Diego Godoy y el Brigadier y Comandante de sus húsares, Jorge Tanyols.

 Poco después estallaba el motín.

2

El motín de Aranjuez fue una acción provocada por Grandes de España, nobles y criados de la Casa Real y dirigido y pagado por otros nobles que se escondieron bajo sobrenombres tales como el tío Pedro, el tío Coleto, el Aragonés, el Extremeño y otros semejantes, intentando así enmascarar el carácter de la revuelta. Los mismos nobles fernandistas implicados en la conjura de El Escorial y que fueron desterrados por el Rey y absueltos del juicio posterior. Los participantes en el mismo no eran los vecinos de Aranjuez, pues por aquel entonces la villa estaba compuesta por personal perteneciente al Palacio: labradores, jardineros y empleados de la Casa Real. Según se supo después, el Infante don Antonio, hermano menor de Carlos IV, había repartido dos millones de reales, al igual que hicieron otros, durante los días anteriores en que los que se conocía la intención de viajar el Rey hacia Sevilla. El conde Montijo y del marqués del Infantado, escondidos tras su alias liderarían a la multitud.

La noche cubría las calles de Aranjuez, el manto perfecto para aquellos que iban a romper aquel tenso silencio. La señal estaba convenida: cuando los Reyes estuvieran acostados, el príncipe Fernando haría una señal desde la ventana de su habitación, moviendo una luz encendida que sería como la mecha que encenderá la noche. Cuando la señal se hizo visible, salieron de los cuarteles los soldados que iban a participar en el motín. Entre los amotinados se podía distinguir a los anteriores mencionados junto al propio embajador francés, Beauharnais disfrazados entre la plebe, que esperan la señal convenida. Junto a ellos sus criados y asistentes. Es entonces cuando del silencio de la noche es roto por un disparo al aire y un enorme griterío se adueña de las calles con dirección a la casa de Godoy, al grito de “¡muera el traidor Godoy!” y “¡Viva el Rey!”. El valido consigue ocultarse mientras la casa es asaltada, las puertas echadas al suelo, los cristales y muebles destrozados, y en breve tiempo son despojados los salones y los enseres fueron pasto de las llamas. Al día siguiente fue encontrado Godoy y conducido hasta el cuartel de la Guardia Real, donde Godoy llegó golpeado y con una herida en la frente de la que sangraba abundantemente. Era la viva imagen de la derrota, aunque el auténtico vencedor se encontraba a cientos de kilómetros de distancia.

Detención de Godoy
Detención de Godoy

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Carlos IV había querido salir personalmente a controlar la sublevación y ayudar a su ministro, pero le aconsejaron que no lo hiciera. Entonces mandó al Príncipe Fernando a liberarlo y le trajeran a Palacio. Allí se encontraron frente a frente Godoy y Fernando. Este le perdonó la vida y anunció a los suyos que lo trasladaría a Madrid para juzgarlo. El día anterior, Carlos IV había cesado de todos los cargos a Godoy para aplacar la violencia de los amotinados y salvarse a sí mismo.

Carlos IV-Goya
Carlos IV-Goya

La tarde misma del 19 de Marzo, concluidos ya los disturbios, algunos de los consejeros del Rey le aconsejan abdicar para tranquilizar la situación. Nadie apostaba por su continuidad. El rey Carlos IV estaba solo. Convocó a los Ministros a las siete de la tarde, y también al Príncipe de Asturias y, en presencia de todos, se quitó la corona y la colocó sobre la cabeza de su hijo, mientras le entregaba el decreto de abdicación ya firmado. Tras besar la mano de su padre y recibir las felicitaciones de todos los que allí se encontraban, Fernando salió al balcón del palacio para saludar a los que se habían concentrado en la plaza, cuando ya la noticia había corrido por todo Aranjuez. Allí recibió los vítores y aclamaciones de aquellos que habían conseguidos todos sus objetivos. O al menos así creían.

Motín de Aranjuez
Proclamación de Fernando VII

Dos días después de la abdicación del padre y la proclamación del hijo, cuando éste se disponía a entrar triunfalmente en Madrid, Carlos IV dirigió a Napoleón renunciando, por así decirlo, a su renuncia o abdicación, concluyendo la misma con “Protesto y declaro que mi decreto de 19 de Marzo, en el que he abdicado la corona en favor de mi hijo, es un acto al que me he visto obligado para evitar mayores infortunios y la efusión de sangre de mis amados vasallos; y por consiguiente debe ser considerado como nulo”. El documento, llamado de Protesta estaba, sin embargo, inspirado por Murat o, lo que lo es lo mismo, por Napoleón.

Apenas fue proclamado Rey el Príncipe Fernando, aquella misma noche firmó varios decretos, entre los que se encontraba la apertura de procesos para Godoy y sus colaboradores. Esa misma tarde, Godoy era enviado, por orden del nuevo Rey, con destino a Madrid para ser encarcelado. Quería tenerlo allí para el momento en el que él hiciera su entrada triunfal en Madrid. Pero no llegará Godoy a la capital. Será mantenido durante doce en días en Pinto, para después trasladarlo a Villaviciosa de Odón y, desde allí, a Francia.

Todo ello por orden de Napoleón.

 

 

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