19. LA VICALVARADA (1846)

Ya hemos visto como la llamada “Década Moderada” no supuso luna de miel alguna para el reinado de la reina Isabel. Hablando de luna de miel, hablemos del matrimonio de la Reina, otro episodio controvertido en esta época. Ya es sabido que el matrimonio en las familias reales son asuntos de Estado, de los que forman parte negociaciones largas y complejas y acuerdos diplomáticos y alianzas en las que el bueno de Cupido jamás se le invita. El 10 de octubre de 1846, el mismo día de su decimosexto cumpleaños, se celebraba el matrimonio de la reina con su primo Francisco de Asís de Borbón, primo carnal de Isabel, un candidato que garantizaba el equilibro de las potencias europeas y mantenía la pureza de la sangre borbónica. Pero tal vez el candidato menos adecuado para una mujer como Isabel. Francisco de Asís era un hombre poco interesado en los asuntos del reino, lo que era una ventaja en aquella Corte intrigante y de políticos que se miraban de reojo. El Rey consorte era una garantía en ese aspecto. Por lo demás, era afeminado al que no le se conocía amiga alguna y sí sospechosas amistades masculinas. Vds. ya me entienden. Cuando Isabel supo quién era su futuro marido dijo: “¡No, con Paquita no! Pero tuvo que ceder a las presiones políticas y casarse con aquel hombre diez años mayor que ella. Evidentemente, aquel matrimonio fue un auténtico fracaso y tan solo sirvió para la imaginación popular y el morbo, que crearon en torno al matrimonio un sinfín de rumores que alimentaron los chismorreos y las tertulias de café.

Francisco de Asís de Borbón
Francisco de Asís de Borbón

Y mientras el pueblo se entretenía con los escándalos de Isabel y Francisco de Asís, el Gobierno gobernaba a su antojo, marginando a los progresistas de todo poder de decisión y obligándolos a la tradicional tarea opositora de la insurrección y los pronunciamientos militares. Los sucesivos gobiernos moderados habían caído en el más rancio totalitarismo, mientras la corrupción se había generalizado con los negocios fáciles y el enriquecimiento rápido de las camarillas próximas al poder y a la Reina. Así las cosas, el clima de crispación y el ambiente revolucionario provocaron que a finales del mes de junio se produjera un nuevo pronunciamiento militar en el mes de junio de 1854 que ponía fin a la Década Moderada: “La Vicalvarada”.

En efecto, el 28 de junio se produce un levantamiento militar liderado por los generales progresistas O´Donnell y Dulce contra el gobierno moderado, cuyos ejército se enfrenta al del gobierno en un pueblo cercano a Madrid: Vicálvaro, de ahí su nombre. La rebelión produce un auténtico caos en Madrid, ya que durante los días siguientes los revolucionarios asaltan las casas de los nobles y de los ministros del gobierno y las barricadas se levantaron en varias zonas de Madrid, incluyendo la Puerta del Sol, con una violencia inusitada, como lo demuestra el fusilamiento del jefe de policía de Madrid en la Plaza de la Cebada. El levantamiento militar en Madrid fue seguido por otros en Zaragoza, Barcelona, Valencia, San Sebastián y otras ciudades. Los políticos progresistas publican el 6 de julio un manifiesto llamado, “Manifiesto de Manzanares“, redactado por un político joven llamado Cánovas del Castillo, reivindicando cambios en el régimen político con objeto de iniciar un giro liberal a la situación política del momento, respetaba la monarquía, prometía rebajar los impuestos y la creación de una Milicia Nacional y una ley de imprenta. El 29 de julio entraban triunfantes en Madrid los generales Espartero y O´Donnell aclamados por los madrileños y el 1 de agosto formaron el nuevo gobierno, que obligó a la Reina a entregar el poder a ambos generales. Este nuevo gobierno tuvo una duración de dos años, un periodo llamado el Bienio Progresista.

Asalto a Palacio de María Cristina el 17 de julio
Asalto a Palacio de María Cristina el 17 de julio

Pero la continuidad y estabilidad de este nuevo Gobierno era difícil. Se expulsó de España a la reina madre, objeto de las iras populares porque, además de su influencia sobre Isabel, María Cristina y su esposo, el duque de Riansares, habían estado implicados en muchos de los negocios fraudulentos y corruptelas de esos años. Se elaboró una nueva Constitución de carácter progresista y se aprobaron importantes leyes económicas, como las leyes de ferrocarriles, bancarias y de sociedades, así como un nuevo periodo de desamortización sobre los bienes civiles y eclesiásticos, lo que provocó la ruptura de relaciones diplomáticas con el Vaticano.

Juan Narváez
Juan Narváez

Pero dos años después, la Reina decide actuar por si misma. Desplaza a los progresistas del gobierno y restaura la Constitución de 1845, y nombra al general Narváez presidente del gobierno, que permanecerá durante los dos años siguientes, de 1856 a 1858, hasta que lo sustituye por O´Donnell, por entonces líder de los liberales centristas, quien también permanecerá hasta 1863 al frente de gobierno, en un período con cierta calma política caracterizado por una gran prosperidad económica.

Leopoldo O´Donnell
Leopoldo O´Donnell

La caída de O´Donnell será el principio del fin del reinado de Isabel II y el inicio de un periodo convulso con cambios continuos de gobierno, lo que provoca la descomposición del sistema político y la falta de confianza en la Corona. La Reina es más protagonista por su vida privada que por sus acciones de gobierno, una vida y un desenfreno que su propio esposo, miembros de la nobleza y políticos se encargan de sacar a la luz pública. El desprestigio de Isabel toca techo a la vez que la política de los gobiernos moderados toca el suelo. La muerte de O´Donnell en 1867 y de Narváez un año más tarde, descabeza a los dos partidos del gobierno y favorece las aspiraciones de los progresistas, dirigidos por el general Prim. Aunque, en realidad, la única esperanza para superar la situación parece ser, una vez más, la insurrección, como eufemísticamente se llamaba al golpe de Estado. Solo una cosa parece retrasarlo: el objetivo de los progresistas va mucho más allá de echar al gobierno moderado: hay que echar también a la Reina, tal y como acuerdan en el llamado Pacto de Ostende, que desembocará en la Revolución Gloriosa.

Narváez y Espartero se dirigen a la multitud tras el triunfo de la revolución
Narváez y Espartero se dirigen a la multitud tras el triunfo de la revolución
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