24. PACTO DE OSTENDE (1866)

Finalizado aquel infierno que llenó de muertos y sangre las calles del centro de Madrid provocado por el fracasado motín del cuartel de San Gil, la única duda era cuando se volvería a producir un nuevo ataque a la monarquía de Isabel II. Porque la cuestión era esa. El motín de San Gil tenía el objetivo de acabar con la monarquía borbónica e imponer un nuevo régimen con otra dinastía, pues la legitimidad de Isabel estaba puesta mucho más que en entredicho. Una cosa si habían aprendido los que buscaban ese fin, es decir, los partidos progresista y demócrata: aquel objetivo había que conseguirlo de una manera muy organizada. Y lo de San Gil había sido poco más que una “sargentada”. De ahí que los líderes de ambos partidos decidieran reunirse en la ciudad belga de Ostende dos meses después de lo de San Gil, aprovechando además la impasibilidad de gobierno más preocupado por la nueva decisión de la reina de volver, una vez más, a sustituir a O´Donnell por Narváez.

General Prim, cuadro de Madrazo
Retrato del general Prim, obra de Madrazo

En Ostende, firmado el 16 de agosto de 1866 los progresistas y los demócratas se reafirmaron en su objetivo de expulsar definitivamente a los Borbones e instaurar un nuevo régimen, en torno a una nueva dinastía monárquica que respetara los principios que defendían ellos. En todo caso, serían unas Cortes Constituyentes las que decidirían mediante sufragio universal, la composición del nuevo régimen. Se nombraron además las personas que coordinarían la estrategia: el general Prim, por parte progresista, que presidiría este Comité; y Emilio Castelar por parte demócrata y Pi y Maragall, por el partido republicano. A ellos se les uniría más tarde, en junio del año siguiente, la Unión Liberal del general Serrano, coincidiendo con la muerte de O´Donnell en noviembre, el principal obstáculo para que los liberales se unieran al contubernio. Este hecho era muy importante pues los liberales habían estado apoyando a Isabel durante estos años de triste reinado. Ahora Serrano se cambiaba de bando. El 30 de junio de 1866 se firmaba la nueva alianza en Bruselas. El Pacto suponía, por tanto, la escenificación del nievo mapa político que se preparaba para España. Un mapa en el que el único obstáculo era la reina Isabel II. Era el momento de la Gloriosa.

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