Laredo

Playa de La Salvé. Foto: J.A. Padilla

Forma parte la villa de Laredo de las denominadas “cuatro villas marineras” junto a San Vicente de la Barquera, Castro Urdiales y Santander,  tal y como aparece en las cantigas de Alfonso X el Sabio. Hoy también podríamos llamarlas turísticas por el auge del turismo en las últimas décadas. Aúnque ese aire marinero lo sigue conservando.

Puerto de Laredo. Foto: J.A. Padilla

Pero además Laredo es famoso por su pequeño puerto. Y lo es porque sus tranquilas aguas sirvieron como punto de partida en 1496 del viaje de Juana de Castilla, hija de los Reyes Católicos, a Flandes, para casarse con Felipe de Borgoña, “El Hermoso”. También fue punto de destino, en 1556, del Emperador Carlos V, camino de su retiro en Yuste, cuyo desembarco conmemora en la actualidad con vistosos festejos, que tienen lugar cada año, a finales de septiembre. No en vano, en aquella época Laredo era puerto de Castilla.

Foto: J.A. Padilla

Precisamente a esta época pertenecen la trama urbana correspondiente a la Puebla Vieja y el Arrabal, en torno al Ayuntamiento y a Iglesia de Santa María de la Asunción, bellísima edificación gótica del siglo XIII, con interesante portada de arquivoltas iconográficas, y que guarda en su interior el espectacular retablo de la Virgen de Belén, uno de los conjuntos de escultura flamenca más valioso de cuantos se conservan en nuestro país.

Iglesia de Santa María de la Asunción. Foto: J.A. Padilla

En este barrio es posible admirar las casonas y palacios, las torres, iglesias y conventos que forman un valioso conjunto, como la Casa de Zarauz, del siglo XVIII, la de los Peregrines, la de los Villota, la de los Gutiérrez Rada, etc. y las iglesias de San Francisco, la románica de San Martín, y la mencionada iglesia de Santa María.

Puerta de Santa María. Foto: J.A. Padilla

La muralla medieval posee un torreón alzado detrás del convento de San Francisco y la puerta de Santa María, la puerta de Merenillo o San Marcial, y el arco de la puerta de San Lorenzo, conocida como puerta de Bilbao. En la parte baja, el edificio del Ayuntamiento, palacio del siglo XVII, compuesto de dos pisos con arcos de piedra de sillería.

Ayuntamiento. Foto: J.A. Padilla

Más debajo de la Puebla Vieja se encuentra el Ensanche, donde se encuentra la zona comercial de Laredo. Entre ambas zonas se encuentran los dos puertos de la Villa, el pesquero desde donde parten a la mar cada día los barcos a la mar, en busca de los frescos pescados del cantábrico, y el puerto deportivo. Cercano al puerto podemos llegar a Playa Soledad a través de un túnel excavado en la roca que termina en un mirador. En su inauguración el paseo por el túnel, poco más de cien metros, estaba amenizado con música de habaneras, de las que, desde hace varios años no suenan. No obstante, es recomendable llegar al otro lado y ver los acantilados.

Foto: J.A. Padilla

Por último, entre la Plaza de Carlos V y el Puntal, se localizan tres largas avenidas que discurren en paralelo, flanqueadas por las dos playas de la villa, una de ellas denominada Playa de la Salvé, la más grande. En ambas se levantan un gran número de residencias y varias zonas ajardinadas, donde encontramos esculturas y obras de arte al aire libre.

Foto: J.A. Padilla

Laredo destaca especialmente por la fiesta que celebra el último viernes de agosto, llamada “Batalla de Flores”, en la cual desfilan carrozas engalanadas con cientos de flores. También se celebra la fiesta del  Desembarco de Carlos V, que se celebra la segunda quincena del mes de septiembre. Y no olvidemos su magnífica gastronomía basada en los productos del mar, como el bonito, las sardinas y las anchoas, entre otros.

Playa Soledad. Foto: J.A. Padilla

Recientemente, una iniciativa artística ha enriquecido, aún más si cabe, el casco antiguo. Se trata de un proyecto consistente en decorar por medio de una serie de “trampantojos”, algunos rincones, y que han dado luz y color a algunos rincones de la zona vieja. Una feliz iniciativa que demuestra el dinamismo cultural de Laredo.

Trampantojo. Foto: J.A.Padilla
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