Orbaneja del Castillo

Foto: J.A. Padilla

Vaya usted a saber porque a Orbaneja se la denomina Orbaneja del Castillo. Porque aquí, vestigio alguno de castillo o fortaleza nada de nada. Sí podríamos considerar los altos farallones que rodean esta comarca y el pueblo mismo asemejan a almenas roídas por el paso del viento. Serían un acto de imaginación que el nombre originara de ello. En realidad, según cuentan, sí existió en tiempos remotos una fortaleza situada al otro lado del Ebro, de la que no queda vestigio alguno.

Foto: J.A. Padilla

A Orbaneja del Castillo haya que dirigirse para poner a prueba nuestra imaginación. Porque, hasta que uno llega a él, es difícil imaginar un entorno tan idílico, un pueblo tan asomado al abismo que uno de sus inquilinos, el arroyo de aguas azul turquesa, llamado Moradillo vaya usted a saber por qué, abandona por un momento a su padre, el río Ebro, para atravesarla y precipitarse después al vacío en forma de cascada de 20 metros de altura para encontrarse, aguas abajo, de nuevo con el río Ebro y, con él, hasta llegar al lejano mar, que es el morir, como decía el poeta.

Foto: J.A. Padilla

Las aguas color turquesa del arroyo surgen de repente, en la Cueva del Agua, situada a la entrada del pueblo y empiezan a mostrar su vigor, aunque camina unos metros remansadamente, tal vez para disfrutar del calor del hogar, para precipitarse en una alta cascada que se rompe en mil cascadas más y seguir su camino.

Foto: J.A. Padilla

Atrás ha dejado la pequeña, pero muy cuidada, Orbaneja del Castillo, situada en el Valle del Sedano, al norte de la provincia de Burgos y limitando con Cantabria.

Foto: J.A. Padilla

En ese entorno natural tan espectacular podemos admirar un pueblo cuyo entramado urbano está formado por las típicas casas montañesas que se asientan perfectamente en las estrechas y escalonadas calles sobre un terreno difícil y que demuestra, como en tantos otros lugares, la perfecta armonía entre la obra de la naturaleza y la del hombre.

Foto: J.A. Padilla

Podríamos pensar que su ubicación ha favorecido poco su repoblación. Sin embargo, en Orbaneja del Castillo han existido asentamientos mozárabes, cristianos y judíos. Además, este lugar fue elegido, tal vez por su ubicación, por los Caballeros Templarios para levantar el Convento y Hospital de San Albín, encargado de ofrecer albergue y protección a los peregrinos del Camino de Santiago, ya que por este lugar existía una alternativa al camino francés. Y Orbaneja fue declarada Villa por los mismísimos Reyes Católicos.

Foto: J.A. Padilla

Lo recomendable para visitar Orbaneja del Castillo es dejar el coche en los aparcamientos habilitados junto a la carretera. Luego nos dirigiremos hasta el puente que cruza la misma desde el cual puede observarse toda la cascada y como esta se rompe en mil pedazos hasta encauzar sus turquesas aguas bajo el puente y bajar el valle.

Foto: J.A. Padilla

Desde aquí subiremos la cuesta, que transcurre paralela a la caída del agua y llegaremos finalmente al punto más alto, donde la villa se abre amable hacia nosotros.

Foto: J.A. Padilla

Orbaneja sorprende al visitante por lo cuidado de sus casas y calles. Sus empedradas casas y sus empedradas calles. Un puente cruza el río y divide la villa en dos partes diferenciadas: la Villa, a la izquierda; y la Puebla, a la derecha. En la Villa se encuentra la mayor parte del entramado urbano, unas pocas y pequeñas calles con sus cuidadas casas construidas de piedra toba.

Foto: J.A. Padilla

La estructura de las mismas es similar en toda la villa, con un primer cuerpo construido en mampostería caliza, para aislarlo de la humedad del terreno, sobre el cual se construyen los pisos superiores en forma de sillares. El casco urbano de Orbaneja, aunque apiñado, es armonioso. Sus recios caserones de piedra de hasta dos y tres alturas, están rematados algunos con una balconada de madera, que sirve de secadero de ropa, pimientos o mazorcas de maíz.

Antiguo asilo de peregrinos. Foto: J.A. Padilla

Entre sus monumentos, cabe señalar la Casa de los Pobres, antiguo asilo de peregrinos, hoy albergue rural, que presenta el típico entramado de madera y toba,  y soportal y balconada de madera. También es de destacar la iglesia parroquial, situada al final de la calle de la Iglesia. A pesar de sus remodelaciones, se aprecia la traza románica.

Iglesia. Foto: J.A. Padilla

También es destacar la llamada Casa Fuerte, situada sobre un espigón rocoso frente a la Cueva del Agua. Esta casa perteneció a los marqueses de Aguilar.

Casa Fuerte. Foto: J.A. Padilla

Desde la plaza de la villa se puede observar todo el entramado urbano de Orbaneja vertebrado por el arroyo, con los cantiles kársticos protegiendo el horizonte de la villa.

Foto: J.A. Padilla

Y el principal monumento, el arroyo, muestra su joven impetuosidad antes y después de atravesar el pueblo, pero que parece no querer alterar más de lo necesario la tranquilidad que se respira. Ya lo altera demasiado. Claro que ese es, precisamente, su encanto.

 

 

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