Alcalá del Júcar

Alcalá del Júcar, situado al norte de Albacete, es uno de los pueblos más espectaculares y pintorescos de España debido a su situación y la excepcional ubicación en la hoz del río Júcar. Cuando accedemos a él desde la capital, la vista que contemplamos desde la carretera nos obliga a detenernos y contemplar el laberíntico y serpenteante paisaje de sus calles y casas excavadas en la misma montaña, las cuales se adaptan al terreno en calles estrechas, empinadas y serpenteantes, trepando hacia el Castillo que se asoma a la hoz que forma a sus pies el río, como pétreo un vigía que nos recuerda el pasado militar de la ciudad.

Hacia el siglo XII, Alcalá del Júcar fue fortaleza musulmana y formaba parte de la línea defensiva que los árabes construyeron en las riberas del río, para contener la presión de los reyes cristianos. Un siglo más tarde, el rey Alfonso VIII consigue arrebatar a los musulmanes estas tierras tras la victoria cristiana en la batalla de las Navas de Tolosa y libera la comarca.

Alcalá fue una aldea de Jorquera, hasta que el 18 de abril de 1.364, Pedro I firma un documento en Valencia y concede a la ciudad la segregación de Jorquera y la concede el título de villa.

La ciudad que podemos contemplar en todo su esplendor desde el puente romano sobre el río Júcar que se encuentra a sus pies, se extiende a lo largo y a lo alto de la ladera sur de la gran mole pétrea que constituye su abrigo natural. Su peculiar situación, permite que la mayoría de las casas estén excavadas en la propia montaña, con cuevas de tal longitud que llegan hasta el otro extremo de la peña sobre la que se asienta la villa. Tres de estas cuevas se pueden visitar y son conocidas por el nombre de “Diablo”, “Masagó” y “Garadén”.

En lo más alto de la Peña de la Hoz del Júcar se puede contemplar su Castillo, dominando la hoz. De origen almohade, su construcción data de los siglos XII y XII. Cuando Alfonso VIII conquista esta zona, el castillo pasa a manos cristianas. Está constituido por un torreón pentagonal y dos torrecillas de planta circular en los ángulos rectos, con tres alturas en su interior. En el exterior, hoy convertido en un parque urbano desde el que se pueden admirar unas impresionantes vistas, aún quedan restos de la primitiva muralla. El castillo, hoy rehabilitado, tenía en su origen una cisterna para el agua pluvial, dos mazmorras y molinos de mano; un puente levadizo y una mina abierta en la misma peña para bajar por agua al río Júcar.

Su Iglesia Parroquial de San Andrés data de los siglos XVI a XVIII con pórtico de entrada neoclásico es de nave única en forma de cruz latina. El Puente Romano fue un  paso obligado del Camino Real de Castilla a Levante y cobró gran importancia durante los siglos XIV y XV, convirtiéndose en puerto seco o aduana.

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