LA COLECCIÓN ESPAÑOLA DE LA NATIONAL GALLERY

 

GALLERY

La National Gallery esta situada en Trafalgar Square y es una de las mejores pinacotecas del mundo. En su interior, podemos admirar pinturas que van desde el siglo XIII hasta el siglo XX y consta de 2.300 pinturas, pertenece al Estado británico. Dentro del museo podemos contemplar una extraordinaria colección de pintura europea. En este artículo examinaremos una parte importante de la colección de pintura española. Está formada por un total de 54 cuadros, pertenecientes a pintores de la talla de Velázquez, Goya, Murillo, Zurbarán, etc. La colección española de la National Gallery está considerada como una de las mejores del mundo fuera de España. Cuando se inauguró la pinacoteca, en el año 1854, tan solo existía una pintura. La mayor parte de las obras que forman parte de la colección corresponden al llamado Siglo de Oro español, comprendido entre finales del siglo XVI y el siglo XVIII. Muchos de los cuadros expuestos han sido adquiridos por el Reino Unido, aunque otros formaron parte del expolio que se produjo tras el reinado de José I en España.

VELÁZQUEZ

La Inmaculada Concepción

Inmaculada Concepción-Velázquez
Inmaculada Concepción-Velázquez

La Inmaculada Concepción fue un cuadro encargado a Velázquez junto con otro, llamado San Juan Evangelista en Patmos, para la iglesia del Convento de los Carmelitas Calzados de Sevilla entre 1618 y 1622. Algunos estudiosos de la obra de Velázquez consideran que la Virgen es la propia esposa del pintor, Juana Pacheco. En el Barroco español se representa a María como una mujer joven, coronada de estrellas y vestida con túnica roja y manto azul, con sus manos colocadas a la altura del pecho, mientras que su cabeza mira al lado contrario, creando un efecto de movimiento. María apoya sus pies sobre una media luna.

San Juan de Patmos

San juan Evangelista en Patmos.-Velázquez
San juan Evangelista en Patmos.-Velázquez

Junto con la Inmaculada Concepción, este cuadro de San Juan lo pintó para la iglesia de los Carmelitas Calzados de Sevilla, San Juan aparece mirando la visión de la parte superior en la que se representa a la Virgen. Su símbolo, el águila está tras él, en la zona izquierda. El paisaje que contemplamos al fondo se reduce a un árbol. Si en la Inmaculada, los estudiosos del pintor aseguran que era un retrato de su esposa, de este aseguran que es un autorretrato del pintor. El detalle de los libros y de los pliegues de la túnica se inspira en la pintura flamenca, mientras que los juegos de luz, el realismo del personaje y los colores están tomados del naturalismo.

San Juan Evangelista en Patmos  aparece sentado con las piernas cruzadas y vestido con túnica blanca y manto marrón, en el momento de escribir el Apocalipsis al momento que contempla a la visión de la Inmaculada pisando al dragón de las siete cabezas. A su derecha aparece un águila, como símbolo de San Juan, y a su izquierda aparecen dos libros en alusión al Evangelio y Epístolas. Lo que más llama la atención es el rostro juvenil del evangelista, ya que hay que pensar que San Juan sería un anciano cuando acontecieron las visiones.

Felipe IV

Felipe IV-Velázquez
Felipe IV-Velázquez

Velázquez realizó varios retratos a Felipe IV. Este probablemente fue el último de ellos, del cual podemos encontrar otro muy similar en el museo de El Prado. En este de la National Gallery se observa el Toisón de Oro y unos botones dorados en el traje y en la manga. El cuadro se pudo pintar sobre el año 1656, fecha en el que el pintor hizo Las Meninas, donde por cierto también aparece Felipe IV reflejado en un espejo. El rostro del rey refleja el cansancio producido por los problemas políticos existentes en España en aquel entonces, en un momento en el que Holanda y Portugal se han perdido. Velázquez nos muestra al rey tal y como le ve.

Felipe IV-Velázquez
Felipe IV-Velázquez

 

 La Venus del Espejo

Este cuadro perteneció a la Casa de Alba y al valido de Carlos IV, Manuel Godoy, quien lo exhibía en el Palacio de Buenavista  de Madrid, de donde, al parecer, fue robado por algún miembro del ejército inglés y llevado a Inglaterra. La obra representa a la diosa Venus tumbada sobre una cama y mirando a un espejo que sostiene el dios del amor, su hijo Cupido. Velázquez, como en otros cuadros suyos, trata en este  un tema mitológico, aunque la diosa aparece representada por una mujer sensual. Se trata del único cuadro en el que Velázquez pintó a una mujer desnuda. Es uno de los cuadros más importantes de la National Gallery.

La Venus del espejo-Velázquez
La Venus del espejo-Velázquez

Cristo en casa de Marta y María

Cristo en casa de Marta y María-Velázquez
Cristo en casa de Marta y María-Velázquez

Este cuadro presenta a una joven que se encuentra trabajando en la cocina y que delante de ella tiene una mesa llena de comida. Junto a ella una mujer mayor se acerca y parece que quiere señalarle algo con el dedo índice de la mano derecha. Al fondo, como si fuera un cuadro dentro del cuadro aparece una escena religiosa que da el título al cuadro ya que aparece la figura de Jesucristo hablando con una mujer mientras se acerca a ellos una mujer mayor. La escena describe un episodio del Evangelio de San Lucas, según el cual Jesús paró en casa de una mujer de nombre Marta y mientras esta se afanaba por realizar la comida, su hermana, María, no dejaba de escuchar a Jesús y no ayudaba a su hermana. Marta se lo recriminó y Jesús le contestó que su hermana María había escogido escucharle a él mientras Marta estaba preocupada por la comida. La mujer vieja del cuadro sirve de enlace entre las dos escenas, por un lado ve como María se encuentra escuchando a Jesús y por otro lado advierte a Marta de que su hermana no le está ayudando nada en la preparación de la comida.

Detalle del cuadro
Detalle del cuadro

Arzobispo Fernando de Valdés

Arzobispo Fernando de Valdés
Arzobispo Fernando de Valdés

 

Cristo contemplado por el alma de un cristiano

Cristo contemplado por el alma de un cristiano-Velázquez
Cristo contemplado por el alma de un cristiano-Velázquez

Velázquez pintó en algunos de sus cuadros motivos mitológicos, en los que los dioses son personajes humanos. Aquí, el pintor sevillano pinta un cuadro de carácter religioso basado en la Flagelación, en el cual ha sustituido algunos elementos de los Evangelios. Así vemos a Cristo azotado y ensangrentado en el suelo, amarrado a la columna y abandonado por sus verdugos. De su cabeza sale un rayo de luz dirigido hacia el Alma Cristiana, que aparece acompañada por un ángel. El fuerte foco de luz ilumina la figura de Cristo, creando el efecto de claroscuro que Velázquez utiliza frecuentemente en su etapa sevillana.

Felipe IV en la caza del jabalí (La tela Real)

Felipe IV en la caza del jabalí-Velázquez
Felipe IV en la caza del jabalí-Velázquez

 

Velázquez realizó este escena para la Galería del Rey de la Torre de la Parada. Es la única ocasión que Velázquez cuenta un hecho auténtico de la corte de Felipe IV. Representa una batida del jabalí que se realizaba en un enorme espacio cerrado con una lona hacia el que se llevaban los animales. Velázquez nos muestra la partida de caza en la parte derecha mientras que las damas de la corte observan el espectáculo dentro del recinto, desde diferentes carruajes. Felipe IV y la reina Isabel de Borbón están presentes en el cuadro, a caballo y en el carruaje respectivamente. En primer plano Velázquez nos muestra las diferentes actividades de los criados y de los miembros de la nobleza que hacen de espectadores. Esta obra estuvo destinada al Alcázar de Madrid.

BARTOLOMÉ ESTEBAN MURILLO

Cristo escucha al paralítico

Cristo escucha al paralítico-Murillo
Cristo escucha al paralítico-Murillo

Murillo realizó seis alegorías para el Hospital de la Caridad de Sevilla. En esta representa un pasaje del Evangelio de San Juan donde narra el momento en que durante la segunda estancia de Jesús en Jerusalén cura a un paralítico que no podía sumergirse en la piscina de Bezata. Las figuras principales se sitúan en la zona izquierda del cuadro. Jesús aparece en el centro, dirigiendo su brazo al paralítico que aparece en el suelo. San Pedro, San Juan y otro apóstol acompañan a Cristo y dirigen su mirada hacia el enfermo al que su Maestro cura. Otros personajes completan la escena, apreciándose en primer plano un perro. En el cielo nuboso podemos observar la Gloria con un ángel rodeado de una aureola de luz dorada. Según el Evangelio, ese ángel descendía a la piscina, agitaba el agua y el primero que descendía después de agitarse el agua, era curado de cualquier enfermedad que tuviese.

Autorretrato

Autorretrato-Murillo
Autorretrato-Murillo

La inscripción en latín que aparece en el cuadro nos dice que este fue un encargo de los hijos de Bartolomé Esteban Murillo, hecho alrededor del año 1670. Murillo realiza este autorretrato siguiendo la técnica de los pintores de los Países Bajos, por aquel entonces algunos de ellos afincados en Sevilla. En este cuadro, el pintor utiliza la técnica del llamado trampantojo, muy utilizado en el Barroco, en el que la figura queda enmarcada dentro de un marco pintado.

Murillo aparece enmarcado en un óvalo decorado con molduras, mientras que sobre la mesa que sujeta el marco encontramos elementos alusivos a su profesión: la paleta y los pinceles en la derecha y un dibujo con el lápiz, el compás y la regla en la izquierda. El modelo saca la mano del óvalo y la apoya en el marco, para crear una mayor sensación de perspectiva y acentuar el naturalismo que caracteriza a la obra. La luz empleada en el motivo principal y la sombra del fondo realza la profundidad del retrato.

Las dos Trinidades

La Trinidad-Murillo
La Trinidad-Murillo

En la última etapa de su vida Murillo hace una de sus mejores imágenes de la Sagrada Familia. Se denomina también Las dos Trinidades ya que la figura del Niño Jesús se ubica en el centro de la composición, formando la Trinidad celestial con el Padre Eterno y la paloma del Espíritu Santo que están sobre El, mientras que al mismo tiempo establece la Trinidad terrena con la Virgen y San José. Estos personajes aparecen arrodillados en actitud de mostrar a su hijo que se sitúa sobre un pedestal.

Dios abre sus brazos para recibir al Niño y la paloma desciende a la Tierra para posarse sobre Él, mientras un grupo de ángeles rodea a la Trinidad, conformando así la Gloria. La luz y los colores empleados por Valdés Leal envuelve a los personajes y da al cuadro una intensa luminosidad.

Niño mirando apoyado

Niño mirando-Murillo
Niño apoyado-Murillo

Murillo fue un pintor que retrató a los niños reflejando en ellos la alegría e inocencia propia de ellos, incluyendo ese toque pícaro en sus miradas. Este niño es el mejor ejemplo de ello. El niño del cuadro se apoya en una ventana y observa algo que enciende su mirada y su sonrisa, destacando la expresividad en el gesto del muchacho. El fondo oscuro del cuadro acentúa la figura, que absorbe toda la luz.

Retrato de Justino de Neve

Retrato de Justino De Neve-Murillo
Retrato de Justino Deneve-Murillo

San Juan con una oveja

San Juan con la Oveja-Murillo
San Juan con la Oveja-Murillo

FRANCISCO DE GOYA

Retrato de Isabel Porcel

Retrato de Isabel Porcel-Goya
Retrato de Isabel Porcel-Goya

En los primeros años del siglo XIX Goya realizó varios retratos femeninos, entre los que destacan la Condesa de Chinchón, la Marquesa de Santa Cruz, la Marquesa de Lazán o éste, de Isabel Cobos de Porcel. La dama, ataviada con la mantilla típica de las majas madrileñas, dirige la mirada hacia la izquierda, en un gesto muy chulesco pero totalmente naturalista.

Retrato de don Andrés del Peral

Don Andrés del Real-Goya
Don Andrés del Peral-Goya

Andrés del Peral se dedicó a la construcción y decoración pictórica de coches de caballos, oficio muy bien remunerado en aquellos años. Poseyó una importante colección de pintura que más tarde vendió a Carlos IV y debió de ser buen amigo de Goya, razón por la cual le realizó este retrato. Aquí le vemos sentado, ocultando su mano derecha en el chaleco y apoyando la izquierda en la cadera, pero sin mostrarla al espectador. Al no tener que pintar las manos, el precio de la obra bajaba considerablemente. La parte más importante del retrato es el rostro, resaltando el gesto un tanto extraño del modelo.

El Duque de Wellintong

El Duque de Wellintong-Goya
El Duque de Wellintong-Goya

El duque de Wellington fue un general al mando de las fuerzas británicas que lucharon en España durante la guerra de la Independencia y venció a las tropas francesas de José Bonaparte en la batalla de Vitoria, en 1813. Goya pintó este retrato en Madrid, durante la breve estancia del Duque en la ciudad. Aquí aparece con el Toisón de Oro, la Cruz de Oro militar, la Orden del Baño, la Orden portuguesa de la Torre y la Espada y la Cruz española de San Fernando. El rostro del Duque está pintado con gran precisión, aunque con la característica libertad, haciendo de este cuadro uno de los más refinados retratos del pintor. Su rostro destaca por el gesto alegre y satisfecho, tal vez por sus victorias. La figura de medio cuerpo se recorta sobre un fondo oscuro para resaltar la volumetría del personaje, iluminando las zonas que más interesan al artista: mano y rostro.

La merienda Campestre

La merienda campestre-Goya
La merienda campestre-Goya

Este cuadro es, en realidad, un boceto que realizó Francisco de Goya en el año 1787 en cartón para un tapiz destinado a decorar el dormitorio de las Infantas en el Palacio Real de Madrid. El tapiz, sin embargo, no se llegó a realizar y el boceto fue adquirido por los duques de Osuna para su palacio de El Capricho. Luego, tras arruinarse la familia, fue vendido a la National Gallery.

En el cuadro, se observan a cinco hombres que acompañan a dos mujeres mientras disfrutan de una merienda en el campo.  Tras ellos,  una serie de árboles  frondosos cierran la composición ocultando el horizonte y fijando la atención del espectador en  los personajes del primer plano. Los majos adoptan diferentes aptitudes. El del centro dirige su mirada lasciva y llena de deseo a la mujer de la izquierda mientras el hombre de la derecha está tirado en el suelo durmiendo. Los otros hombres conversan con la segunda mujer escondida tras ellos.

El hechizado por la fuerza

El hechizado por la fuerza-Goya
El hechizado por la fuerza-Goya

El hechizado por fuerza es un cuadro de Goya que representa una escena de la obra teatral de Antonio Zamora, muy popular en tiempos de Goya. Don Claudio, sacerdote supersticioso y temeroso, cree estar embrujado y para seguir viviendo debe de mantener encendida la lámpara del diablo. En primer plano contemplamos parte del cuaderno del apuntador en el que se lee “LAM DESCO”, que formaría parte del primer verso del discurso de don Claudio que dice “Lámpara descomunal cuyo reflejo civil me va a moco de candil chupando el óleo vital”. El sacerdote alimenta la lámpara con aceite, lámpara que es sujetada por un macho cabrío. Tras él contemplamos burros que bailan como se describía en la obra. Este cuadro perteneció a la colección de la Duquesa de Osuna, y decoraba palacio de El Capricho, donde se discutía a menudo sobre brujas y demonios.

ZURBARÁN

Una taza de agua y una rosa

Una taza de agua y una rosa-Zurbarán
Una taza de agua y una rosa-Zurbarán

Aunque Zurbarán frecuentemente incluyó bodegones en sus cuadros, pintó muy pocos bodegones como motivo principal. Aquí los objetos pueden tener la intención de carácter simbólico: el agua en la taza quizás se refiere a la pureza de la Virgen y la flor recuerda su título de “Rosa Mística”.

 

San Francisco en meditación

San Francisco en meditación-Zurbarán
San Francisco en meditación-Zurbarán

Zurbarán realizó varios cuadros representando a San Francisco de Asís. San Francisco fue el fundador de la Orden de los Hermanos Menores, llamados así por la pobreza y sencillez con que pretendían purificar el mundo. Ambos atributos son acentuados por Zurbarán, tanto por la expresión de su rostro como la sencillez que se observa en su hábito, de tela muy basta, pardusca, lleno de remiendos en los cuales pueden apreciarse perfectamente los rotos y descosidos del codo. El éxtasis místico del santo se ha producido después de un largo período de oración y meditación sobre la calavera y por su expresión podemos imaginar que se halla ante la presencia de Dios.

Santa Margarita

Santa Margarita-Zurbarán
Santa Margarita-Zurbarán

Santa Margarita, es un cuadro de Francisco de Zurbarán, en el que este representa a Santa Margarita como una elegante pastora. El bastón que sostiene en la mano, que podría pasar por un báculo de no estar terminado por un gancho, la presencia inquietante de un dragón, a la izquierda, nos induce a pensar que se trata de una tragedia.

EL GRECO

La adoración en el huerto

La adoración en el huerto-El Greco
La adoración en el huerto-El Greco

La Pasión de Cristo ha sido uno de los temas preferentes en la obra de El Greco. En este cuadro nos  muestra una escena profundamente espiritual, donde Jesús está sumido en un profundo éxtasis y eleva su mirada hacia el cielo. Frente a él un ángel sostiene un cáliz en su mano izquierda. En la nube parece que los tres discípulos, Pedro, Juan y Santiago el Mayor duermen, mientras al fondo se aprecia a Judas Iscariote guiando a los soldados que prenderán al Mesías. El paisaje es árido y carente de vegetación. La luz del cuadro proviene del ángel, que convierte a tonalidades blancas la túnica y el manto de Cristo.

La adoración del nombre de Jesús

La Liga Santa-El Greco
La Liga Santa-El Greco

También llamado como La Liga Santa o bien El Sueño de Felipe II o La Gloria. Parece que este fue uno de los primeros encargos que recibió El Greco de Felipe II. El cuadro original se encuentra en el Monasterio de El Escorial y esta obra parece que se trata de un boceto del pintor antes de componer la gran obra o bien es una copia que hizo a posteriori para tenerla en su estudio (práctica habitual de El Greco). El cuadro representa un momento histórico en la vida de Felipe II tras la victoria de la batalla naval de Lepanto en 1571,  por parte la Liga Santa de los países de España, Venecia, Nápoles y Roma, lo que frenó el avance de los turcos por el Mediterráneo, algo que se pensó que fue por gracia divina. Por ello, esta obra representa este momento.

El cuadro está dividido en dos espacios, el terrenal y el celestial. El terrenal, a su vez está dividido también en dos. A la derecha, la figura central es Felipe II arrodillado, acompañado de los representantes de la iglesia de cada una de las ciudades y un grupo de personas, todas ellas llevando las miradas al cielo y rezando hacia el grupo de ángeles que rodean el anagrama del nombre de Jesucristo (IHS). A la izquierda, la boca de Leviatán se abre para acoger a los vencidos y a los muertos, pero también es una alegoría del infierno o del Apocalipsis que contrasta notablemente con la imagen del Paraíso Celestial. Una obra en donde se alterna el hecho histórico y el dogma cristiano.

San Jerónimo cardenal

San Jerónimo cardenal-El Greco
San Jerónimo cardenal-El Greco

El Greco realizó varios retratos de San Jerónimo. En este le vemos vestido con la capa roja de cardenal, aunque en otras ocasiones es pintado como eremita. San jerónimo fue el traductor de la Biblia al latín y se retiró durante un tiempo al desierto de Libia para vivir como un asceta, ingresando durante otra temporada en un monasterio en la ciudad de Belén. La figura se recorta sobre un fondo neutro y parece haber detenido su lectura, pues aún mantiene su dedo pulgar en el renglón del libro, abierto sobre una pequeña mesa cubierta con un tapete verde. El santo parece mirar al espectador de reojo y su sensación es tan real que fue considerado durante mucho tiempo como un auténtico retrato. Como ocurre en muchos retratos de El Greco la amplia figura del santo tiene unas manos y una cabeza excesivamente estilizada si las comparamos con el cuerpo.

La expulsión de los mercaderes del templo

La expulsión de los mercaderes del templo-El Greco
La expulsión de los mercaderes del templo-El Greco

El Greco se basó en el pasaje del Evangelio de San Juan para realizar esta obra. El Greco realizó cinco pinturas con este mismo tema. En esta versión, se trata de un lienzo en formato horizontal en donde Jesucristo adquiere una gran importancia al ubicarlo en el centro de la composición, aislado, enfatizado por los efectos de luz y el color. Los mercaderes se ubican a la izquierda, frente a las figuras de los apóstoles a la derecha que señalan una cierta tranquilidad. Como viene siendo típico en El Greco, la gama de amarillos, verdes, azules y verdes están presentes. A diferencia de las otras versiones conservadas, aquí (junto a la conservada en la iglesia de San Ginés) las figuras adquieren una mayor estilización, sobre todo la figura de Cristo. El fondo sigue siendo arquitectónico, a la manera clásica, pero pasa a tener un efecto más secundario que las obras anteriores. Los relieves representados a los lados del arco son los temas de La expulsión del Paraíso y el Sacrificio de Isaac.

JOSÉ RIBERA

El Apóstol

El Apóstol-Ribera
El Apóstol-Ribera

La pintura es parte de una serie de Apóstoles y representa bien Santo Tomás o San Matías, cuyo atributo es una lanza.  Se conocen varios otros Apóstoles de la serie.  El cuadro refleja el realismo de Ribera en las uñas del personaje y las manos y sucias del mismo.

 

Jacob con el rebaño de Labán

Jacob-Ribera
Jacob-Ribera

Esta imagen originalmente formó parte de una composición más grande que se extendía en el lado izquierdo, del cual existe una copia en estado completo en el museo Cerralbo de Madrid. Jacob aparece descansando debajo de un árbol con las ovejas a su alrededor.

 

Lamentación del Cristo muerto

Lamentación del Cristo muerto-Ribera
Lamentación del Cristo muerto-Ribera

 

Detalle
Detalle

 

LUÍS MENENDEZ

Naturaleza muerta con naranjas y nueces

Naranjas y nueces y caja de frutas-Menéndez
Naranjas y nueces y caja de frutas-Menéndez

El cuadro muestra una composición organizada de menor a mayor tamaño desde el borde de la mesa, en la que presenta un gran número de elementos: nueve naranjas resaltan por su colorido sobre el resto pintado con colores térreos y para contrastar este cromatismo, coloca otra naranja en la parte derecha de la pintura. Además, se incluye un plato de cerámica con nueces, dos jarras de arcilla, un melón, un barril pequeño y cajas redondas y rectangulares. En una de estas últimas se encuentra la firma y fecha de la pintura. []Con motivo de la exposición Luis Meléndez, verdad y abstracción, celebrada en el Museo del Prado en 2004, se realizó un examen radiográfico de esta obra, gracias al cual se descubrió que en esta misma tela había realizado anteriormente un retrato del rey Carlos III de España.

 

 

JOSÉ RIBALTA

Visión del Padre Simón

 

Visión del padre Simón-Ribalta
Visión del padre Simón-Ribalta

El Padre Francisco Jerónimo Simón  fue  un  sacerdote  de  la parroquia de San Andrés, en valencia. Llevó una vida asceta y se caracterizó por su caridad y piedad.  El cuadro de Ribalta narra las visiones del Padre Simón de Cristo llevando la Cruz.  El cuadro fue probablemente un encargo de la parroquia de San Andrés tras su muerte para la capilla que acogió sus restos mortales, el 5 de septiembre de 1612.

 

BARTOLOMÉ BERMEJO

San Miguel triunfa sobre el demonio

San Bartolomé triunfa sobre el demonio-Bermejo
San Bartolomé triunfa sobre el demonio-Bermejo

 Este óleo sobre tabla, se trata probablemente del panel central del retablo de la Iglesia de San Miguel en Tous, en Valencia. El donante es Antonio Juan, señor de Tous, que lleva los atributos de señor de la guerra, el cual aparece portando el Salterio en los Salmos 51 y 130. La técnica de los flamencos se deja ver en la manera en que Bermejo trata los brillos del cristal y del metal, así como en los rostros de las figuras.

 

JUAN DE VALDÉS LEAL

La Inmaculada Concepción con dos donantes

 

Inmaculada Concepción-Valdés Leal
Inmaculada Concepción-Valdés Leal

La Inmaculada Concepción fue objeto de numerosas las representaciones iconográficas. Las más famosas son las de Murillo, pero Valdés Leal también se presenta también como un maestro en este tema. Sigue las normas del Barroco nos muestra a María con un rostro juvenil, vestida de blanco y azul, colores que simbolizan la pureza y la eternidad, respectivamente, con la cabeza rodeada de estrellas y rodeada de angelitos que portan sus atributos: la palma, la rama de olivo, las rosas, la corona, los lirios y el espejo. La Inmaculada está a las puertas del cielo que se intuyen al fondo, entre las nubes, mientras Dios y el Espíritu Santo presiden la escena.

En primer plano Valdés Leal ha colocado a dos donantes, reforzando la idea de la Virgen como protectora de la Humanidad, a la que representa como una anciana orando cubierta con toca y un noble que en su mano izquierda lleva un misal mientras

 

 

 

 

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