Museo del Romanticismo

CONCEPTO DEL ROMANTICISMO

El Romanticismo es un movimiento que se tuvo lugar en el siglo XIX en respuesta al racionalismo creado durante el periodo de la Ilustración. En el siglo anterior, tres circunstancias históricas provocaron un nuevo modelo social y filosófico. En primer lugar, la Revolución Industrial, que se inició en Inglaterra en el año 1765, donde nacen dos clases sociales que marcarán el futuro: la burguesía y el proletariado. Después, vino el final de la Guerra de Sucesión Americana y la Declaración de Independencia de los EE. UU. en el año 1776, el inicio de un nuevo orden mundial. La Declaración significaba la exaltación del nacionalismo y la libertad e igualdad entre los seres humanos. Finalmente, otro hecho transcendental para la historia de Europa fue la Revolución Francesa en 1789, un proceso revolucionario que supuso la abolición de la Monarquía. El Romanticismo daba respuesta a estos procesos históricos con una corriente filosófica basada en la búsqueda de la libertad individual y que tuvo un gran impacto en las artes y en las letras, provocando un cambio en la sociedad, tanto a nivel político, como social.

Isabel II, su esposo, Francisco de Asís, y su hijo, al Príncipe de Asturias, futuro Alfonso XII

En España se siguieron estos acontecimientos históricos con especial preocupación al ser amenazas al Antiguo Régimen y a los privilegios de las clases pudientes e Iglesia y los Pirineos podrían no ser lo suficientemente altos para contener la fiebre revolucionaria.

Especialmente preocupante, por su cercanía, fue la Revolución Francesa porque supuso la caída de la dinastía Borbón, emparentada con los Borbones españoles. Por si fuera poco, la Revolución acabó con la llegada de Napoleón Bonaparte como emperador de Francia, dando comienzo a una campaña de expansión napoleónica por toda Europa.

El siglo XIX se iniciaba en España bajo estas amenazas, especialmente cuando en tiempos del rey Carlos IV, el ejército de Napoleón penetra en España por mediación de un pacto firmado entre Napoleón Bonaparte y el ministro y valido de Carlos IV, Godoy. La razón de ello era, en principio, que los franceses llegaran a Portugal y evitaran la ayuda portuguesa contra el bloqueo a Inglaterra, enemiga de Francia.

Pero aquella entrada consentida en la Península Ibérica se convirtió en una invasión en toda regla. La crisis era de tal magnitud que el hijo de Carlos IV, Fernando, organiza en 1808 un motín contra su padre en Aranjuez con provocar su abdicación y convertirse él en su sucesor. Napoleón aprovecha para atraer a ambos hacia Bayona y obligarles a abdicar para que su hermano, José Bonaparte, se convierta en el nuevo rey de España. No será precisamente el romanticismo lo que llene las calles de toda España, sino la sangre y la guerra para que los franceses regresen a sus fronteras.

La guerra contra los franceses termina con la huida de José Bonaparte y el regreso desde Francia de Fernando VII en mayo de 1814. Para entonces, en España se había instaurado la Constitución de 1912, llamada “La Pepa”. Una constitución que se niega a acatar Fernando VII, decidido a imponer un régimen absolutista y acabar con el liberalismo. Este movimiento liberal era el germen del romanticismo tras la muerte de Fernando VII. Isabel II tendrá que enfrentarse a los carlistas, que consideraban a Carlos Hugo de Borbón como legítimo heredero de la corona de Fernando VII, defensores de los privilegios del Antiguo Régimen y del absolutismo. La nueva reina recibe el apoyo de los liberales y esta le corresponderá.

Se iniciaba en España el Romanticismo, un movimiento que ya se conocía en Europa. Un movimiento que reivindicaba la libertad del individual por encima de todo y el derecho de los ciudadanos en general. Superaban los viejos cánones morales y se sentían atraídos por lo marginal. La literatura romántica se llena de emociones y sentimientos, donde el amor, la búsqueda de la felicidad, el fracaso existencial, la melancolía se convierten en protagonista de la novelas. Sus autores viajan hacia lo exótico y legendario y la novela medieval cobra especial importancia, así como los relatos tenebrosos y de ultratumba Hay una obsesión por la muerte, a la que se la ve como una solución al fracaso, proliferando las narraciones que acaban con el suicidio de los protagonistas. Uno de los ejemplos más representativos del espíritu romántico en la literatura es el alemán Goethe y su obra Wherter, que tuvo una gran influencia, hasta el punto que fue prohibida en algunos países porque se consideraba que incitaba al suicidio.

El periodo Romántico en España se desarrolló en dos fases. La primera se inicia a partir del año 1830 y, al igual que en Europa, tiene un carácter liberal y en la crítica. A nivel artístico cabe destacar, en prosa, a Mariano José de Larra; en teatro, a José Zorrilla; y en verso, a José de Espronceda.

La segunda fase se desarrolla en la segunda mitad del siglo XIX, siendo sus máximos representantes los poetas Gustavo Adolfo Bécquer y Rosalía de Castro; en novela, José María de Pereda y Benito Pérez Galdós. Esta etapa romántica estará presente hasta la aparición del Realismo, una filosofía basada en mostrar la realidad de las cosas, algo alejada de la visión romántica, más subjetiva y basada en la imaginación y en el sentimiento.

EL ROMANTICISMO EN ESPAÑA

El Romanticismo aparece en España durante el reinado de Isabel II y termina cuando la esta pierde el trono y se ve obligada a exiliarse. Un periodo que se inicia con retraso con respecto a Europa. Pero era un movimiento muy poco identificativo con el absolutismo de Fernando VII y precisaba del impulso liberal que se inicia con Isabel II. Pese a la interminable crisis, el romanticismo se va abriendo paso y van apareciendo nuevos tiempos para las artes y las letras, siendo la pintura la que recoge mejor el sentimiento romántico.

Francisco de Goya será el principal impulsor de esta corriente, cuyo heredero principal será Leonardo Alenza y Nieto, quien tratará el romanticismo en forma de sátira, como lo demuestra en su obra “El suicidio del poeta romántico“. Otro pintor heredero de Goya será Eugenio Lucas Velázquez, quien copiará su estilo con una gran fidelidad.

Será el inicio de los retratos que tanto han caracterizado a este periodo, pero también de las escenas costumbristas. La pintura religiosa, cuyo principal representante es Murillo, se adaptará a los nuevos tiempos y los antiguos cuadros de santos y sus milagros darán paso a escenas alegres de romerías o fiestas locales. Destacaron en ello José Domínguez Insausti Bécquer padre del famoso escrito Gustavo Adolfo Bécquer, y sus hijos, Valeriano y Gustavo Adolfo.

Mientras, en el retrato, sobresalían Federico de Madrazo y Carlos Luis de Ribera. En el paisaje, destacarán otros dos pintores románticos: Claudi Lorenzale y Jenaro Pérez Villaamil. Sin embargo, en la pintura romántica española el paisaje fue el género que menos se cultivó, Jenaro Pérez Villaamil fue el principal pintor en la primera mitad del siglo XIX. Exiliado a Inglaterra, viajó  por Europa y América y en 1833 conoció en Sevilla al pintor escocés David Robert el cual influyó de manera importante en su obra.

SAN GREGORIO MAGNO. Francisco de Goya

El genial pintor aragonés, Francisco de Goya y Lucientes, pinto a finales del siglo XVIII una serie dedicada a los Cuatro Padres de la Iglesia, en este caso, a San Gregorio Magno. Se aprecia el juego de la luz tan característico de Goya, la oscuridad del fondo del cuadro y la luminosidad del protagonista. San Gregorio Magno fue un gran papa reformador de la Iglesia. Aquí aparece con sus manos apoyadas en un gran libro, tal vez uno de sus grandes tratados o escritos, mientras con su mano derecha escribe sobre él. Visto en detalle, se aprecia el gesto serio y concentrado del papa.

AUTO DE FE. Eugenio Lucas Velázquez

En este cuadro, Eugenio Lucas rinde tributo a Francisco de Goya, quien dedicó a la brujería y sus consecuencias varios cuadros. De hecho, Lucas fue tasador de las “Pinturas Negras” de la Quinta del Sordo. El Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición fue abolido en 1834, bajo la regencia de María Cristina, ya en tiempos de Lucas. En su cuadro, siguiendo la técnica de Goya, un foco de luz blanca sobre un fondo totalmente oscuro nos muestra la figura de un hombre vestido con túnica blanca y coronado con el típico capirote, típico de los juzgados por la Inquisición. El reo inclina la cabeza y cruza las manos atadas sobre el regazo, sobre un cadalso de madera, esperando su condena. A su alrededor, majos y manolas, también parece esperar la suerte del reo. La escena es de un dramatismo extraordinario, pese a la aparente tranquilidad del ajusticiado y espectadores.

MEFISTÓFELES. Joaquín Espalter

El cuadro representa a Mefistófeles, raptando a Margarita, en una escena correspondiente a la obra  “Fausto” de Goethe. La escena tenebrosa y oscura contrasta con el colorido del traje de Mefistófeles y la mujer. En el libro,  Mefistófeles le ofrece a Fausto su ayuda para conquistar a la bella e inocente Margarita, por medio de engaños y de regalos. La máscara y el disfraz del ser diabólico resalta este hecho.

Goethe fue un escritor muy utilizado por los pintores del Romanticismo. Hemos visto, además, la influencia de su personaje “Werther” durante esta época. Ambos personajes,  Mefistófeles y Margarita representaron la lucha entre el bien y el mal, entre lo maléfico y lo inocente, una temática muy utilizada durante el periodo romántico. Joaquín Espalter se unió a esta corriente, como en el cuadro expuesto.

INTERIOR DE UN HAREM. Francisco Lameyer

El gaditano Francisco Lameyer se trasladó a Madrid, donde inició sus estudios de pintura. Abandonó el Cuerpo de la Armada para dedicarse por entero a la pintura y viajó por Europa y África. Como ilustrador  realizó una colección de 20 grabados sobre las calles de Madrid, reflejando el realismo de la capital y sus miserias, a semejanza de “Los Caprichos” de Goya, de quien era un ferviente admirador.

Aquí nos representa su visión sobre el interior de un  harén, donde aparecen diversas mujeres, ataviadas con túnicas y cubiertas con velos, de clara definición oriental como corresponde. Lo hace de forma poco definida, como también corresponde a un mundo tabú y prohibido para aquellos que tienen prohibida su visita. Pero la técnica de Lameyer y su luz en un mundo de sombras nos permite ver lo prohibido. Lameyer conoció al pintor francés Delacroix en París en 1842 y su influencia en este cuadro es clara.

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Antes dijimos que los pintores europeos sentían atracción por esa España musulmana, provocando un mestizaje cultural enriquecedor. Lo mismo ocurrió con los países de Oriente, un tema muy utilizado por los pintores y escritores románticos, atraídos por el exotismo y por lo oculto. La pintura orientalista, desarrollada durante el siglo XIX, surge alentada por el gusto por el exotismo de las nuevas tierras conocidas y los relatos de los viajeros románticos.

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LA PLAZA PARTIDA. Eugenio Lucas Velázquez  

Aquí vemos una plaza de toros con el graderío lleno de gente vestida a la manera tradicional, de una forma goyesca. El ruedo está dividido, o partido, en dos partes iguales por unas talanqueras y, en cada una de ellas se lleva a cabo distintas suertes taurinas. Este tipo de corridas de toros fue muy popular durante el periodo romántico.

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Llama la atención la crueldad que se muestra en algunas de las escenas que contiene el cuadro, con los toros desangrándose y los caballos muertos sobre la arena, mientras en las gradas reina la alegría por el espectáculo. Este cuadro es una obra fundamental en la carrera artística del pintor Eugenio Lucas. Destaca la manera pormenorizada con que Lucas pinta a los personajes, su indumentaria y los gestos y actitudes de los personajes, principalmente en los representados en primer plano de la composición.

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VENTURA DE LA VEGA LEYENDO EN EL TEATRO DEL PRÍNCIPE. Antonio María Esquivel

Esquivel nos muestra una escena que demuestra ese círculo cerrado que forman los artistas, en este caso en actos realizados por Liceo Artístico y Literario de Madrid, el cual fue creado, entre otros intelectuales, por el propio Esquivel en 1837, un lugar donde se organizaban actos culturales relacionados con la música y la literatura y donde se demostraba la fraternidad existente entre los intelectuales.

Era una época, la romántica, en la que las bellas artes, la literatura y la música vivían un momento de esplendor. El pintor sevillano lleva a cabo una minuciosa descripción de cada uno de los personajes representados y algunos es posible reconocerlos. Unos están de pie, otros están sentados, mientras otros conversan animadamente con las damas.

En el panorama cultural y artístico madrileño  se abrieron numerosos escenarios en torno a los que se crearon las denominadas “sociedades dramáticas”, como el Liceo Artístico y Literario, o las del teatro del Parnaso (el Parnasillo) o el de la Unión. Los artistas se reunían para realizar lecturas y representaciones de las nuevas obras.

Una de las instituciones más emblemáticas de la época fue el Teatro del Príncipe, antiguo corral de comedias en el siglo XVI. Tras sufrir un incendio en 1802, se reabrió en 1807, denominándose a partir de entonces Teatro Español. Su primer director  fue el dramaturgo Ventura de la Vega, al que vemos representado en el lienzo de Antonio María Esquivel, en el centro, sentado y leyendo unos papeles ante los artistas que se reúnen sobre el escenario.

FLORERO CON TULIPANES. Juan de Arellano

El pintor madrileño, nacido en Santorcaz, Juan de Arellano, se caracterizó por sus cuadros de flores. Este cuadro, pintado alrededor de 1667, nos muestra un jarrón de vidrio en que contrasta los vivos colores de las flores y tulipanes que contiene sobre el fondo oscuro del cuadro. Los jarrones con flores fueron un elemento decorativo muy utilizado durante el romanticismo en las casas burguesas.

FLORERO. Anónimo

En contraste con el cuadro anterior de Juan de Arellano, este cuadro Anónimo posee un mayor colorido y viveza. Aquí se representa un jarrón metálico con dos asas, estilo Imperio, y un ramo que contiene rosas, tulipanes y otras flores, todas ellas de vivos colores sobre un fondo opaco, que no oscuro. La técnica empleada está formada por pinceladas sueltas y con gran cantidad de pintura, con lo que la definición de las flores no es tan perfecta como el anterior cuadro.

 

EL SIGLO XIX

El siglo XIX se inicia con la invasión de España por parte del ejército napoleónico. Se inicia así la Guerra de la Independencia, un periodo que durará desde 1808 a 1814, en el que los franceses son expulsados. Pero antes de su expulsión definitiva, las Cortes de Cádiz, donde se encontraba la sede del gobierno español, redactan la Constitución de 1812, llamada “la Pepa”, que garantizaba a los españoles derechos y libertades desconocidos hasta entonces. Una Constitución que provocaba el enfrentamiento entre liberales y absolutistas, estos últimos defensores del Antiguo Régimen, herederos del rey Carlos IV y de su hijo Fernando VII.

Bajo el reinado de Fernando VII se producen tres importantes periodos en la historia de España. Es primero de ellos es el Sexenio Absolutista, entre el regreso del rey en 1814 y 1820, provocado por la negativa de este a acatar la Constitución y la deroga. Un pronunciamiento militar en 1820 proclama de nuevo la Constitución y obliga al Rey a jurarla, iniciándose así el Trienio Liberal, entre 1820 y 1823. En este año, se envían tropas desde Francia en apoyo de Fernando VII y contra los liberales. Eran los llamados “Cien Mil Hijos de San Luís y su triunfo da por finalizado el periodo constitucional y el inicio de la “Década Ominosa” y la restauración del absolutismo hasta la muerte de Fernando VII.

Tras esta muerte en 1833, Isabel II accede al trono gracias a la abolición de la Ley Sálica, que impedía a las mujeres ser reinas, lo que provoca la rebelión de los absolutistas, partidarios de Carlos Hugo de Borbón, hermano de Fernando VII. Los liberales, por el contrario, apoyaban a la nueva reina. Este enfrentamiento dará lugar a las Guerras Carlistas. Una guerra que afectará al desarrollo de España, lo que provoca el descontentos de los ciudadanos. Además el enfrentamiento entre liberales y conservadores dará lugar a constantes crisis de gobierno. En septiembre de 1868, una rebelión militar acaba con el reinado de Isabel II y su posterior exilio.

Pero los problemas y enfrentamientos no cesan y las huelgas y asonadas son constantes. Finalmente, el vacío de poder provoca la proclamación en 1871de un nuevo rey: Amadeo de Saboya, quien tampoco supone solución alguna a la situación, lo que le obliga a abandonar el país en 1873. Se proclama así la I República el 11 de febrero de 1873. Pero tampoco supuso solución alguna y da a su fin el 29 de diciembre de 1874. Es entonces cuando los Borbones regresan al trono de España en la figura de Alfonso XII, hijo de Isabel II. Se iniciaba así el periodo de la Restauración.

Pero si el siglo XIX no había empezado bien, el final del mismo no iba a ser mejor, la debilidad política pen España provoca en 1898 la sublevación de las colonias españolas de Filipinas y Cuna y el inicio de una nueva guerra, esta vez en ultramar, que provocará la perdida de las colonias. De todo ello quedó la huella abundante huella gráfica y literaria, especialmente de sus protagonistas, entre los que destacó la propia Reina Isabel II quien, como fue apoyada al inicio de sus reinado por los liberales, formados, en su inmensa mayoría, por los intelectuales de la época.

ISABEL II REVISANDO LAS TROPAS. Louis Étienne Charles Porion

Aquí vemos este impresionante retrato ecuestre en el que la reina Isabel II comparece con traje y atributos de Jefe de los Ejércitos, con la insignia de Capitán General, mientras que su esposo, Francisco de Asís, también con uniforme e insignia de Capitán General, está en un segundo plano, tanto en el lienzo como en la vida política. Ambos aparecen en actitud de pasar Revista militar a las tropas de caballería. La presencia de los militares Francisco Javier Castaños, Baldomero Espartero y Leopoldo O`Donnell a la derecha de la soberana, y Ramón María Narváez, Rafael Echagüe, Marchazi entre otros, a la izquierda, confirma el apoyo de las instituciones militares y gubernamentales a la Reina.

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Llama poderosamente la atención que en este retrato colectivo se efigie al general Francisco Javier Castaños que había fallecido quince años antes, pero su presencia en el lienzo legitima y da autoridad a la Reina que en ese momento sufría fuertes críticas de ciertos sectores sociales. Así, tan sólo un año después de la ejecución de esta obra se sucedió la Revuelta de la Gloriosa que supuso el destronamiento de Isabel II y su posterior exilio a París donde permanecería hasta el final de sus días. Es también significativa la ausencia en este cuadro de uno de los grandes generales del momento: Juan Prim. Esto es debido a las discrepancias que existían entre éste y la realeza. De hecho, fue uno de los cabecillas de la Revolución de 1868, junto a Juan Bautista Topete y Francisco Serrano.

DESEMBARCO DE FERNANDO VII EN EL PUERTO DE SANTA MARÍA. José Aparicio

El lienzo de José Aparicio representa el momento de la llegada de la familia real española al Puerto de Santa María donde le espera Luis Antonio de Borbón, duque de Angulema. El Duque había dirigido al ejército formado por los Cien Mil Hijos de San Luis, ejército francés que vino a España, bajo los auspicios de la Santa Alianza, para defender al rey de los liberales y evitar que esta corriente se propagara a Europa.

En 1823, ante la amenaza liberal, las Cortes decidieron trasladar al Monarca a un lugar más seguro y se establece en Cádiz. A su llegada fueron recibidos por el duque de Angulema, el ejército, las autoridades de Cádiz y el pueblo. Era el final del Trienio Liberal  y el inicio de la llamada Década Ominosa, periodo de máximo absolutismo del reinado de Fernando VII.

José Aparicio era pintor de Cámara de Fernando VII y realizó este cuadro en 1827, del que existen varias copias, una de ellas en este museo. En el centro del cuadro se ve claramente a Fernando VII  y al duque de Angulema estrechando su mano. A ambos lados de ellos, personajes de la Casa Real y detrás, representantes de la nobleza española, el clero y personalidades del Ayuntamiento de la ciudad gaditana. Al fondo, la Aduana y el puerto, donde se agolpa la muchedumbre. En cuando a los miembros de la familia real: a la izquierda del Rey se encentran la Reina María Josefa Amalia de Sajonia, la infanta Luisa Carlota llevando de la mano a su hija mayor, su esposo don Francisco de Paula, la infanta Princesa de Beira, María Teresa de Braganza y, delante de ella, su hijo el infante Don Sebastián Gabriel, sobre cuyo hombro apoya la mano. A continuación los otros infantes niños, en brazos de sus amas de cría vestidas con trajes provinciales y en el extremo de la falúa, un guardiamarina y varios muchachos subidos a los palos. Los personajes a la derecha del duque de Angulema son : los infantes María Francisca de Asís y Carlos María Isidro que lleva de la mano a su hijo el infante Carlos Luis, conde de Montemolín.

EMBARQUE DEL MARQUÉS DE LA ROMANA Y SUS TROPAS. Juan Rodríguez y Jiménez

Juan Rodríguez, el “Panadero” es un pintor perteneciente a  la escuela andaluza costumbrista. En este lienzo escenifica el momento en el que el marqués de la Romana, situado en el centro de la escena frente al espectador y vestido de blanco, se prepara para embarcar en los navíos ingleses, situados al fondo del cuadro, para regresar en ayuda de España. A lo lejos, el ejército francés acudiendo al lugar.  Se da la circunstancia histórica que un año antes de esta escena del embarque,  justo antes de dar comienzo la Guerra de la Independencia, lo españoles enviaron un ejército de quince mil soldados en ayuda de Napoleón con el fin de impedir a los ingleses el desembarco en las costas del norte de Europa. Este ejército estaba al mando de don Pedro Caro y Sureda, marqués de la Romana.

Este envío de tropas españolas tenía un doble fin para Napoleón: le ayudaba a luchar contra Inglaterra y se debilitaba el propio ejército español y se facilitaba el avance del francés por la Península Ibérica. Pero cuando los españoles  desembarcaron en Dinamarca, llegaron noticias de los sucesos del Dos de Mayo y el marqués de la Romana decidió regresar de inmediato a España. Con ayuda de los ingleses llegó a España.

LA TRAIDA DE AGUAS DEL RIO LOZOYA. Eugenio Lucas Velázquez

A las ocho y cuarto del día 24 de junio de 1858, la reina Isabel II, su esposo, el pequeño Alfonsito y la infanta Isabel, llegaron con su comitiva a la puerta de la calle Ancha de San Bernardo, donde se agolpaban gran número de madrileños frente a una fuente instalada para la ocasión. Un empleado giró la llave del surtidor y un potente chorro surgió hasta casi el mismo cielo. Todos los asistentes gritaron de emoción y alegría. Era la inauguración oficial del Canal de Isabel II.

El cuadro representa ese momento. Al fondo se divisa la iglesia de Montserrat de Pedro de Rivera, el convento de las Salesas Nuevas.  Eugenio Lucas realizó tres versiones sobre este acontecimiento.  En este caso, la pincelada es rápida y suelta,  simples manchas.

EL REGRESO DE LA GUERRA DE ÁFRICA. Eduardo Cano de la Peña

Relacionado con el general Prim, aquí vemos el cuadro de Eduardo Cano de la Peña donde aparece representado, en primer término, el general abrazado por su esposa. Se aprecian, al fondo, los dos retratos reales, de Isabel II y, su esposo, don Francisco de Asís.  Dos mujeres  dan la bienvenida al general y también  dos soldados  acaban de entrar en la habitación y son saludados por un hombre. El general que aparece ha sido identificado como el  general Juan Prim, regresando de África y siendo recibido por su familia en su casa.

La Guerra contra Marruecos, declarada en 1859, fue uno de los acontecimientos más convulsos de todo el siglo XIX español. La contienda duró más de un año y finalizó con la victoria española. Eduardo Cano de la Peña muestra aquí el recibimiento privado con el que es recibido en su casa en contraste con el homenaje público con el fue recibido en las ciudades de Madrid y Barcelona.

ISABEL II Y SU FAMILIA CON EL PATRIARCA DANDO GRACIAS A LA VIRGEN. Paulino de la Linde

Paulino de la Linde, se formó en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y se especializó en pintura de costumbres,  históricos y escenas alegóricas como este lienzo que aquí vemos.

En primer plano vemos a la reina Isabel II de espaldas, que apoya su mano izquierda sobre su hijo, el futuro Alfonso XII. A su lado, a la derecha,  su esposo Francisco de Asís, con una niña de la mano y un bebé en brazos de una mujer; y a la izquierda de la reina,  el Patriarca, un personaje honorífico relacionado con la concesión de las tierras de las Indias efectuada por la Santa Sede a los reyes de Castilla. La familia real aparece arrodillada ante la Inmaculada Concepción, rodeada de angelotes. La familia real agradece a la Virgen las victorias alcanzadas por el ejército español en África.  En el lateral izquierdo se aprecia la figura de un león que sostiene un letrero en la que se lee la  inscripción: “Invicta”, haciendo alusión a la victoria militar. Al fondo, se vislumbra un paisaje y se distinguen los héroes de la Batalla de Tetuán.

El cuadro conmemora el triunfo de la Guerra de África, uno de los acontecimientos más convulsos de todo el siglo XIX español. La guerra contra Marruecos duró más de un año y finalizó con la victoria española en Tetuán, dando lugar a homenajes como la este cuadro.

RECIBIMIENTO DEL EJÉRCITO DE ÁFRICA EN LA PUERTA DEL SOL. Joaquín Sigüenza

Otro cuadro que homenajea al ejército español en la Guerra de África. En este caso,  del pintor Joaquín Sigüenza, quien realizó varios cuadros de historia. Fue profesor de dibujo en los Reales Colegios de El Escorial y de Santa Isabel de Madrid y pintor de cámara de la reina Isabel II.

Aquí nos muestra la escena desarrollada en la madrileña Puerta del Sol, donde una muchedumbre aclama al ejército vencedor. Hombres, mujeres, niños reciben a los militares como auténticos héroes tras su triunfo en la batalla de Tetuán. Entre el gentío se vislumbra una figura de trapo de un árabe ahorcado colgado de un palo.

LA MUERTE DE DAOÍZ EN EL PARQUE DE ARTILLERÍA DE MONTELEÓN. Leonardo Alenza y Nieto

Han sido innumerables los cuadros dedicados a los acontecimientos sucedidos e el 2 de mayo de 1808. Y la muerte de uno de sus héroes, el teniente Luís Daoiz, uno de los temas preferidos. Aquí vemos el Parque de Artillería y en primer plano, el pueblo  luchando contra el ejército francés. Destaca la figura del oficial Daoíz, muerto en el enfrentamiento. A su pies, yace el cuerpo sin vida del otro héroe de ese día, el teniente Velarde.

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El centro del lienzo, la figura del general francés Lagrange, enarbolando en su sable una bandera blanca, utilizada para acabar con la vida de Daoíz. A la izquierda, una mujer prende la mecha de un cañón. Es Manuela Malasaña, la heroína de la historia. Se trata de una obra de gran expresividad y dramatismo, incrementado por el tono oscuro del cuadro en el que solo se aprecia el momento de la muerte de Daoíz.

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Los artistas románticos encontraron una fuente inagotable en la Guerra contra los franceses, retratando al pueblo como auténticos héroes.

ALEGORÍA DE ESPAÑA CON LA REINA MARÍA CRISTINA E ISABEL II. José Ribelles

El cuadro muestra una escena alegórica con la Reina regente y su hija como protagonistas. En el centro de la composición, sobre la escalinata, se encuentran  Isabel II niña, junto a su madre María Cristina de Borbón. A su izquierda,  la Justicia y la Abundancia; y a su derecha, en actitud de respeto, España. Sobre las nubes, la figura de la diosa Minerva. Los liberales aparecen a la izquierda como los vencedores del Antiguo Régimen, mientras los carlistas, identificados como los absolutistas, aparecen en segundo término. El cuadro, pues,  presenta a Isabel II y a la Regente  en el papel de libertadoras de España, en un documento alegórico propagandístico.

DESFILE MILITAR ANTE EL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS TRAS EL TRIUNFO DE LA GLORIOSA. Joaquín Sigüenza

Joaquín Sigüenza nos muestra en este cuadro una escena histórica:  un desfile militar ante el Congreso de los Diputados. En primer plano, varios oficiales a caballo observan el desfile de los soldados mientras el pueblo les observa desde la pare derecha del cuadro.  El desfile entra a través de un arco de triunfo instalado al efecto, decorado con carteles y banderas españolas. Al fondo, el edificio del Congreso de los Diputados, sobre cuya escalinata hay otro grupo de espectadores.

Este desfile se hace en conmemoración del triunfo de la Revolución de 1868, llamada la Gloriosa, y cuya consecuencia fue la pérdida del trono por parte de Isabel II, y su posterior exilio a París. Era una revolución anunciada desde mucho antes, pues desde 1860 descontento con  la reina iba extendiéndose a todos los sectores de la sociedad.

En septiembre de 1868, en Cádiz, las fuerzas navales al mando de Juan Bautista Topete se amotinaron, extendiéndose por toda España. Los cabecillas e esta conspiración eran en propio general Topete y Juan Prim y Francisco Serrano.

Si nos fijamos con detalle, vemos que a la entrada del Congreso no se encuentran aún los leones. La razón de ello es que estos se labraron con el bronce fundido de los cañones conseguidos al enemigo en la Batalla de Tetuán y colocaron a las puertas del Congreso en abril de 1872, cuatro años después de este desfile.

DONA JUANA RECLUÍDA EN TORDESILLAS. Francisco  Pradilla

Francisco Pradilla inició su aprendizaje en su Zaragoza natal. En sus cuadros, la imagen es todo una escena dramática, una historia. En 1866 se traslada a Madrid en ingresa en la Real  Formado Academia de San Fernando, donde empieza a destacar como pintor de temática histórica.

A la reina doña Juana le dedica un cuadro que es uno de los más importantes de la pintura española. En él refiere el traslado del cadáver del Rey don Felipe el Hermoso desde la cartuja burgalesa de Miraflores a Granada, en una composición de gran dramatismo.

En este cuadro del Museo del Romanticismo, el `pintor nos muestra a Juana la Loca junto a la ventana, con un semblante perfectamente definitorio de la protagonista quien, a pesar de mirarnos fijamente, su mirada resulta perdida. Su indumentaria es descuidada lo que insinúa su estado mental. Los elementos que aparecen en el cuadro esconden un simbolismo.  La vela, simboliza la vida, que va consumiéndose dejando como rastro el humo de la llama; las tijeras, a las parcas. El rosario con la cruz, la espiritualidad. Es, sin embargo, una imagen romántica de la reina,  una heroína, una reina sin reino y una esposa sin esposo. Su reclusión es el precio de su rebeldía, de oponerse a las normas y de amar sin ser correspondida. Esa condición de rebeldía y su negativa a reconocer la realidad le ha llevado a su estado.

El personaje de Juana la Loca es un personaje típicamente romántico. Su amor imposible le lleva a confundir fantasía y realidad hasta llevarle a la locura. Su amor solo es posible tras la muerte, tras la cual alcanzará su sueño, un argumento que define el romanticismo.

UNA MISA. Francisco Cabral

El sevillano Francisco Cabral y Aguado Bejarano se especializó en cuadros de carácter religioso y  escenas costumbristas de carácter festivo, además de hacer copias de cuadros  de Murillo.

En este cuadro, nos muestra una escena desarrollada en el interior de un templo, donde aparecen representados diversos personajes ataviados a la moda del siglo XIX. Destaca, a la izquierda, una mujer elegantemente vestida de rosa junto a una niña también muy bien vestida. El resto de los asistentes a la misa también van elegantemente vestidos. Al fondo, un sacerdote celebra la misa frente a un retablo barroco en el que destaca una imagen de la Virgen con el niño en el centro.

Algunos personajes que forman parte de este cuadro son reconocibles. Así, por ejemplo, el caballero situado a la izquierda, con lentes, es el padre del pintor, Antonio Cabral Bejarano, también pintor.  misa constituía un acontecimiento tanto religioso como social de primera índole. Ese cuadro os presenta la importancia de las acontecimiento religiosos en la Sevilla del siglo XIX, donde los feligreses acudían con sus mejores galas y con una extraordinaria devoción.

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LA MUERTE EN EL ROMANTICISMO

La muerte ha sido, a lo largo de la historia de la humanidad, una circunstancia que ha llevado al hombre a buscar todo tipo de respuestas y comprender la naturaleza misma de la muerte. La muerte es el último acto del ser humano, involuntario, o no según sean las circunstancias. Porque para los románticos, la muerte es un fin en si misma, una forma de liberación y de terminar con sus angustias y desesperanzas. El hombre románico no teme a la muerte, sino que ve en ella la paz y el inicio de la vida espiritual. La literatura y la música del Romanticismo están influenciadas por estas premisas. El ejemplo más importante de esta época es la obra de J. W. Goethe “Werther”, un personaje atormentado por sus desdichas y que le conducen al suicidio. La influencia de esta obra fue tal, que muchos jóvenes se suicidaran como una solución a sus problemas. O bien para lavar su honor. El duelo se puso de moda durante el Romanticismo, cuyo fin era la muerte para salvar el honor. También existían enfermedades “románticas”, como la tuberculosis, una enfermedad que por entonces no tenía cura, pero que daba la oportunidad de que el enfermo se fuera purificando a medida que se consumía. Hablamos de finales del siglo XIX, pero no olvidemos que aún hoy en día la muerte, en algunos casos, sigue siendo algo “romántico”. Y el ejemplo de ello son las muertes de artistas y cantantes que acaban con su vida por la acción de las drogas y se convierten en mitos. Veamos ahora los ejemplos de pintura romántica relacionada con la muerte existente en el museo.

SÁTIRA DEL SUICIDIO ROMÁNTICO POR AMOR. Leonardo Alenza

El cuadro de Alenza nos muestra la escena en un cementerio, y sus protagonistas son un hombre viejo y esquelético, y una mujer anciana, con el rostro desfigurado por la edad. Atendiendo a su título, él intenta está declarando su amor por ella, hasta el punto de que está dispuesto a suicidarse si le rechaza, en un intento desesperado por ablandar el corazón de su amada. Pero ella parece no escucharle y mira hacia el horizonte en un claro gesto de rechazo mientras sujeta un libro y una corona de laurel entre sus manos. Junto a ellos vemos una espada y un puñal y un frasco que puede contener veneno y libros, cuyos argumentos están relacionados con la muerte. No es difícil adivinar el final de la escena.

Alenza, es esta obra, hace una caricatura de ese espíritu romántico que ve en la muerte una solución, o como en este caso, una amenaza. Nos muestra las distintas formas de quitarse la vida: la pistola, el veneno, la espada y el puñal, así como la fuente de inspiración del suicidio, cierta literatura. Tal vez en esos papeles se encuentre la historia de un amor no correspondido cuyo final es la muerte. Y que sean ancianos sus protagonistas son otro exceso de ese espíritu romántico.

El cuadro anterior no fue el único sobre la temática que Leonardo Alenza pintó en relación al suicidio, ya que existe otro, también correspondiente al catálogo del museo:

SÁTIRA DEL SUICIDIO ROMÁNTICO. Leonardo Alenza

En esta obra, el pintor vuelve a emplear el espíritu satírico sobre el suicidio, en esta ocasión de un hombre joven.  En este caso no es por amor, sino por su fracaso como escritor, teniendo en cuenta la pluma existente junto a sus pies. Era otra de las causas del suicidio en la época romántica: la causada por el fracaso y la consecuente pérdida de la autoestima del suicida. El protagonista del cuadro decide tirarse por un abismo con un cuchillo en la mano apuntando a su estómago, por si la caída no consigue acabar con su vida. Dijimos al comienzo de esta serie dedicada a la muerte que muchos jóvenes se suicidaron tras leer la obra de Goethe “Werther”, hasta el punto que esta obra fue prohibida en algunos países de Centroeuropa. También dijimos que había enfermedades “románticas” como la tuberculosis. En este caso, la extrema delgadez del joven pueda ser debida a esta enfermedad. Es decir, Alenza incluye en este cuadro todas las causas de muerte romántica. Porque, abajo del abismo, se encuentras otros dos suicidas: uno por ahorcamiento y otro por un disparo. Alenza lleva hasta el límite su visión satírica del suicidio.

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LA NOVIA ENTERRADA VIVA. Eduardo Cano de la Peña

Como hemos dicho, en el Romanticismo la muerte y la leyenda estuvieron íntimamente ligadas. Ahora el tema no es el suicidio, sino el secuestro, que puede conducir al asesinato. Este cuadro del sevillano Eduardo Cano de la Peña tal vez se refiera a alguna leyenda de las que existieron sobre jóvenes mujeres que eran encerradas en un lugar oculto hasta su muerte. En el cuadro la mujer aún conserva su vestido y ornamentos de boda, lo que sugiere que el hecho sucede el mismo día de su matrimonio. En este caso, en una escena extraordinariamente tétrica, se aprecia a una muchacha vestida con su tradicional vestido blanco de novia. En un intento por escapar, agarra la reja de hierro tras la cual se abre una libertad que hace poco ha perdido. Sobre el suelo, el resto de su traje de novia y la corona nupcial. Nada sabemos sobre las causas ni del desenlace, pero tanto uno como otro es un reto para el espectador intentar conocerlo. Lo que si nos queda claro es la crueldad extrema de los causantes del encierro, tal vez su esposo, o la familia de su esposo, como algunas leyendas recogían, en aquella época. En cuanto al desenlace, el cansancio y agotamiento que muestra la muchacha predice un final agónico. Su inocente expresividad acentúa el dramatismo.

JOSÉ MARÍA RODRIGUEZ DE LOSADA. Una mártir

Este lienzo representa a una mártir cristiana en tiempos del emperador Diocleciano, que persiguió a los cristianos. Está cubierto con una túnica blanca, tendida sobre un potro de tortura, con los pies y las muñecas atadas.

José María Rodríguez de Losada nos muestra una escena de gran dramatismo. Sobre el fondo oscuro se encuentra la figura de la mujer cuya luz impacta en su hábito blanco. El pintor utilizó en sus obras de carácter religioso la muerte intentando conmover al espectador.

 

EL PAISAJE EN EL ROMANTICISMO

La filosofía romántica está tiene un carácter neoplatónico y místico. El neoplatonismo propugna el equilibrio entre el macrocosmos (el entorno) y el microcosmos (el hombre), que se relacionan entre sí pero que a la vez son independientes, mientras el misticismo contiene un mensaje oculto de las palabras y una concepción mística de la naturaleza. La mitología y la Cábala se proporcionan el carácter esotérico a la teología, y da lugar al Naturalismo, o Filosofía de la Naturaleza. Si con el Realismo la imagen de la naturaleza es ordenada y racional, el Romanticismo rechaza la razón y la naturaleza, además de ser un espacio físico, es el lugar donde el hombre busca sus señas de identidad. Un paisaje tormentoso, un atardecer, un monumento o, incluso unas ruinas influyen en el hombre provocarle un estado de ánimo relacionado con el paisaje. Un poeta o un pintor refleja en un paisaje el estado anímico del propio autor.

El hombre se siente superado y muy influenciado por la naturaleza en todas sus facetas y busca en ella la fuerza divina y lo sobrenatural capaz de dominarla porque él no puede. Así, el romántico emprende un viaje casi místico en busca de su propia identidad. Como dijo el gran poeta romántico Lord Byron: “No vivo en mí, sino que me convierto en porción de lo que me rodea”.

ESCENA EN EL DESIERTO. Francisco Lameyer

Francisco Lameyer viajó a Marruecos en el año 1863, y allí aprendió el modo de vida de sus habitantes y sus costumbres. Fruto de ello fue este cuadro, donde además plasmó la atmósfera ocre de las arenas del desierto. El cuadro refleja este ambiente protagonizado por una pequeña caravana. Los dos jinetes sobre los dromedarios son hombres, mientras que las mujeres y los niños viajan a pie. Todos ellos con los vestidos propios del desierto. El color ocre, amarillento y terroso contrasta el colorido de las personas.

VISTA DE LA CIUDAD DE FRAGA Y SU PUENTE COLGANTE. Jenaro Pérez Villaamil

El Puente de Fraga, también llamado de San Isidro, fue construido sobre el río Cinca en sustitución de un antiguo puente de madera, que frecuentemente era arrastrado por las crecidas del río. En abril de 1847, se construye uno nuevo, un gran puente colgante construido en hierro que, sin duda, debía ser capaz de aguantas los ataques del río. Pero no fue así y, apenas cinco años después, a pasar de su aparente robustez, cedió. El cuadro de Jenaro Pérez Villamil describe la grandiosidad del puente, con la ciudad de Fraga al otro lado y con multitud de personas al otro lado de la orilla. En detalle, vemos la multitud de personas que se encuentran junto al puente.

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UNA VENTA. José Elbo 

En este cuadro de temática campestre vemos, en primer término y en el centro del mismo, un vaquero sobre su caballo que conversa con una mujer. Todos los personajes que aparecen en el cuadro van vestido con los atuendos propios de su cometido, en este caso, la tienta de los toros. El lugar podría ser el conocido como la Muñoza, junto al río Jarama, ya que José Elbo acudía regularmente allí para ver los toros y el paisaje, de los que pintaba al natural. El pintor posee una depurada técnica que permite ver esta escena en una atmósfera propia del entorno en el que se encuentra. El colorido de los trajes contrasta con el fondo del paisaje y su técnica fue copiada por otros pintores. Por otra parte, la temática taurina estuvo muy de moda en la época isabelina.

José Elbo nacido en Úbeda el 26 de marzo de 1804, aunque su carrera como pintor la desarrolló en Madrid. Destacó especialmente en sus paisajes, aunque también realizó algunos retratos y de otra temática. Pero su fama le viene por sus paisajes costumbristas, muy al estilo de Goya, algo alejado del estilismo romántico.

ASALTO A UNA DILIGENCIA. Genaro Pérez Villamil

Esta obra de Pérez Villamil es de un dramatismo extraordinario, tanto por el tema como por la atmósfera que el pintor crea. Representa el violento asalto de unos bandoleros a una diligencia, donde las víctimas se encuentran en un escenario poco propicio, en un desfiladero cerrado y en ambiente tormentoso, lo que abunda en la violencia del acto, ya violento en si mismo.

El paisaje durante el romanticismo se convierte en algo más que un paisaje y contiene escenas que pueden ser cotidianas, costumbrista o de este tipo, por desgracia común al ser una época en el que el bandolerismo se hacía fuerte en las serranías y caminos. Son pinturas con ciertos tintes dramáticos, como lo es en este caso.

CONTRABANDISTAS EN LA SERRANÍA DE RONDA. Manuel Barrón

Manuel Barrón está considerado el mayor representante  de paisajismo romántico andaluz, gracias a sus obras dotadas de una gran realidad y realismo de los paisajes. Aquí lo comprobamos en el cuadro. Barrón busca una perspectiva que aumenta la grandiosidad del paisaje, con el puente de Ronda en lo más alto mientras los personajes aparecen en el punto m´s bajo. La luz y la caída del agua aumenta el dramatismo de la escena. Aquí no estamos en un atraco, como en el cuadro anterior, sino que los contrabandistas se encuentran esperando o descansando junto al río que va cayendo desde lo más alto. La presencia de una mujer con un niño en sus brazos le dan cierto toque de normalidad a la escena.

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La serranía de Ronda o Sierra Morena fue uno de los caminos más transitados en la época romántica para aquellos que viajaban hacia el sur de la Península Ibérica y, por lo tanto, eran escenarios de posibles aventuras o sobresaltos. Los pintores romántico estaban muy interesados en el abrupto y salvaje paisaje de esta zona y lo convirtieron en una fuente de inspiración donde además poseían incluir elementos costumbristas como los que nos ocupan. Pero además, los bandoleros se convirtieron en un símbolo de esa España salvaje y transgresora y algunos bandoleros se convirtieron en leyendas, como Curro Jiménez y “El Tempranillo”, cuyo campo de operaciones fue precisamente Ronda y su serranía. Otra característica del periodo romántico: la del buen ladrón.

PAISAJE ORIENTAL CON RUINAS CLÁSICAS Jenaro Pérez Villaamil

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ya hemos visto las cualidades pictóricas de Pérez Villaamil. Aquí nos muestra una escena imaginada. Bajo unas acacias descansa una caravana compuesta por un grupo de personas ataviadas a la manera nómada. El paisaje es completamente seco y abrupto, con un enorme desfiladero junto a ellos. Al fondo, en el centro, se encuentran las ruinas de un templo clásico en ruinas y un obelisco. Este templo y lo que le rodea simboliza la meditación y el pensamiento, mientras el paisaje simboliza la sensación de soledad del ser humano en la naturaleza. Este fue un tema muy utilizado durante el romanticismo, en el que se relaciona al hombre con su entorno y el significado de este. También muchos de los símbolos que aparecen, tanto en los paisajes como en los retratos, aparecen símbolos relacionados con la masonería.

Esta obra, firmada y fechada en 1842, fue realizada por Pérez Villaamil cuando residía en París, también sabemos que visitó otros países como Bélgica y Holanda, entrando en contacto con las premisas que marcaban la pintura paisajística europea del momento. Permaneció además durante una breve estancia en Londres, donde recibiría las influencias de Turner. Acérrimo viajero, alcanzó el éxito tanto dentro como fuera de España, obteniendo numerosas condecoraciones y elogiosas críticas.

Durante el siglo XIX, y más concretamente durante el romanticismo, el paisaje deja de ser un mero fondo de apoyo para la representación de escenas bucólicas o mitológicas, para ir cobrando autonomía hasta convertirse en un género mayor. Protagonista indiscutible de este género será Jenaro Pérez Villaamil y Duguet, que fue el introductor del paisajismo romántico en España

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Esta obra, firmada y fechada en 1842, fue realizada por Pérez Villaamil cuando residía en París, también sabemos que visitó otros países como Bélgica y Holanda, entrando en contacto con las premisas que marcaban la pintura paisajística europea del momento. Permaneció además durante una breve estancia en Londres, donde recibiría las influencias de Turner. Acérrimo viajero, alcanzó el éxito tanto dentro como fuera de España, obteniendo numerosas condecoraciones y elogiosas críticas.

Durante el siglo XIX, y más concretamente durante el romanticismo, el paisaje deja de ser un mero fondo de apoyo para la representación de escenas bucólicas o mitológicas, para ir cobrando autonomía hasta convertirse en un género mayor. Protagonista indiscutible de este género será Jenaro Pérez Villaamil y Duguet, que fue el introductor del paisajismo romántico en España

INTERIOR DE LA CATEDRAL DE SEVLLA. Jenaro Perez Villamil

Aquí, Pérez Villamil nos muestra el interior de la Catedral de Sevilla, en la parte correspondiente a la nave mayor, donde se encuentran grupos de personas en animada conversación, mostrándonos el pintor como un lugar de reunión más que de oración, una visión bastante romántica. Todo ello con un detalle.

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En Sevilla conocerá al pintor  David Roberts en 1833, quien le introduce en el paisajismo de raíz anglosajona, cambiando por completo la visión pictórica del ferrolano.

En la pintura de Pérez Villaamil son característicos los interiores de iglesias y catedrales En el cuadro de referencia, contrasta la monumentalidad del templo con los grupos de personas que parecen charlar y deambular animadamente.

PAISAJE ROMÁNTICO EN EL CASTILLO DE GAUCÍN. Jenaro Pérez Villamil

Un nuevo ejemplo de la técnica paisajística de Pérez Villaamil. Como en los otros paisajes, combina los elementos propios del mismo, en este caso el castillo del Águila, en Gaucín, con los personajes típicos en actitud cotidiana frente a las puertas del mismo.

Como dijimos antes, Pérez Villaamil estuvo muy influenciado por David Roberts. Al respecto, en el siglo XIX el sur de España fue un lugar muy transitado por artistas europeos que venían en busca del exotismo que representaba la Andalucía árabe y sus monumentos, como la Mezquita, La Alhambra y otros más, como fuente de inspiración para sus obras. Ello dio lugar a un mestizaje de estilos y técnicas muy enriquecedoras para pintores como Pérez Villaamil, quien se convertirá en uno de los grandes representantes del paisajismo romántico, influenciado por la técnica británica, típica de Roberts, o de Turner.

En el siglo XIX el sur de España fue un lugar muy transitado por artistas europeos que venían en busca del exotismo y pintoresquismo, atraídos por lugares como la Alhambra, lo que favoreció el contacto con las nuevas corrientes estilísticas. Villaamil se distanciará de la pintura de paisaje que se practicaba en España, más ligada a la tradición flamenca y holandesa, y se erigirá como uno de los grandes representantes del paisajismo romántico, de inspiración británica.

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UN NAUFRAGIO JUNTO A LA COSTA. Eugenio Lucas Velázquez

Este cuadro ha sido recientemente adquirido en una subasta por el Estado español el pasado año 2017 por la cantidad de 55.000 euros, siendo depositado en el Museo del Romanticismo. El cuadro había pertenecido a William F. Villiers, embajador británico en España entre 1833 y 1834. El cuadro está fechado en 1855 y es una versión de otro que pintó Eugenio Lucas con la misma temática y mismo título, fechado en 1862.

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Eugenio Lucas Velázquez es uno de los pintores más representativos del Romanticismo español, cuya obra estuvo influenciada por Pérez VIllaamil y David Roberts. Este cuadro recoje la influencia de ambos. Fue nombrado por la reina Isabel II pintor honorario de cámara y caballero de la orden de Carlos III.

BAÑISTAS. José Elbo

En este cuadro vemos a varias mujeres, completamente desnudas, se bañan en un riachuelo. Pero, en realidad, estas mujeres no son simples mujeres, sino diosas o ninfas que aparecen en un paisaje real.  Sobre el carácter mitológico de las bañistas, se demuestra por su pieles nacaradas y formas redondeadas, en una imitación al estilo barroco.

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En cuanto al paisaje, resulta difícil identificarlo. Tan solo es posible identificar el estilo herreriano del edificio, mientras que el entorno puede ser algún sitio real, algún palacio o pabellón de caza y el pintor quiso hacer una alegoría en relación a él, un lugar edénico donde seres mitológicos desfrutan del paisaje.

No es fácil localizar desnudos en los cuadros de esta época, siendo Esquivel el que pinto alguno imitando a Goya. José Elbo, amigo de Goya, utilizó  escenas costumbristas de toros, ventas, majas, etc. para sus cuadros, pero nunca el desnudo.

LA SALA DE LA JUSTICIA EN LA ALHAMBRA DE GRANADA. David Roberts

Hablamos antes de la relación entre el pintor español Pérez Villaamil y el escocés David Roberts y la influencia de este sobre aquel. En este cuadro lo vemos. La escena en La Alhambra, iluminada desde el lateral izquierdo nos permite contemplar varios grupos de personajes que conversan y que van vestido a la manera musulmana.

Este cuadro es una copia de un dibujo realizado por el propio Roberts perteneciente a la serie  “Tourist in Spain”, realizada en el año 1835, aprovechando un viaje del pintor por Andalucía.

LOS REALES ALCÁZARES DE SEVILLA. Manuel Barrón

Manuel Barrón y Carrillo empezó su aprendizaje en la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla, donde impartirá clases desde 1872 hasta 1884, año de su muerte. Se trata de otro pintor cuyos paisajes se inspiran en ese espíritu romántico de la época, tal y como hemos visto en Villaamil y Roberts. Aquí vemos una escena en los Reales Alcázares de Sevilla, donde se encuentran un grupo de personajes, uno de ellos importante al ser saludado en actitud de respeto por uno de los que le acompañan. Los trazos son precisos y nos enseñan con bastante exactitud la decoración del palacio. Otro ejemplo de ese gusto por lo exótico delos pintores románticos.

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LOS CONTRABANDISTAS. Henry Pierre Blanchard

El pintor francés Pharamond Blanchard visitó España en 1826 invitado por José de Madrazo, junto a otros artistas franceses, para establecer el Real Establecimiento Litográfico. En Madrid trabajó como acuarelista y como litógrafo, aunque, atraído por la fiesta nacional, trabajó en cuadros de temática taurina, realizando una serie de litografías dedicada a ello.  Aquí, sin embargo, dedica su cuadro a una escena costumbrista protagonizada por varios personajes  junto a una venta sobre un fondo montañoso. A la izquierda, frente a la fachada de la venta, un hombre bebe de un botijo y dos hombres conversan animadamente. Junto a ellos, una pareja formada por una maja que posa su mano sobre el hombro de un hombre vestido con traje negro y fajín, en el suelo un trabuco, mientras al fondo se aprecian dos jinetes preparando los caballos. En el suelo se encuentran las alforjas, el trabuco, la bota de vino y la guitarra. El trabuco es lo que define el título del cuadro. Ya vimos antes que este tipo de personajes fueron utilizados como motivos de muchos cuadros y relatos por la búsqueda del mito y la imagen romántica de estos personajes.

UNA PARTIDA DE CARTAS. Manuel Barrón y Carrillo

Si bien Manuel Barrón destacó en el género paisajístico, algunos de sus cuadros tuvieron un carácter costumbrista, como el que nos ocupa.

Aquí vemos, en el interior de una taberna, a cinco hombres sentados en torno a una mesa y jugando una partida de cartas. Su indumentaria es descrita por Barrón con un gran detalle, así como la estancia en la que se encuentran. Un sexto personaje aparece al fondo de cuadro, disponiéndose a sacar vino para los jugadores.

Durante la época isabelina fueron muy frecuentes los cuadros mostrando el mundo, a veces sórdido, de las tabernas y las ventas,  donde los parroquianos se reunían en torno al vino y al juego. Aquí, el detalle es tan elevado, que casi podríamos adivinar la suerte de los jugadores.

RUINAS DE SAN JUAN DE LOS REYES. Cecilio Pizarro

Cecilio Pizarro nació en Toledo y se formó en la Academia de Bellas Artes de Santa Isabel y posteriormente recibió las enseñanzas de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Su obra está compuesta por muchos cuadros de monumentos, entre los que se encuentra el que nos ocupa. Aquí vemos el claustro de San Juan de los Reyes, de Toledo, en ruinas  y con matorrales creciendo en él. En el ángulo inferior izquierdo se un hombre sentado figura  en el suelo llevándose una mano a la cabeza, como si se lamentara por el estado del monumento.

El monasterio de San Juan de los Reyes de Toledo fue construido por los Reyes Católicos, a finales del siglo XV, con el fin de conmemorar la victoria de Toro acaecida en 1476 y convertirlo en mausoleo real. El arquitecto  fue Juan Guas, quien construyó el monumento en estilo gótico isabelino. El ala sur del claustro  se derrumbó a causa del incendio sufrido a finales de 1808, cuando se retiraban las tropas francesas que lo habían estado utilizando como cuartel. Posteriormente, la amortización de Mendizábal lo dejó en estado de abandono. Y tal vez hubiera estado así durante mucho tiempo de no ser porque Gustavo Adolfo Bécquer le dedicó unos versos en sus Leyendas que llamaron la atención sobre el estado del monumento:

Silenciosas ruinas de un prodigio del arte, restos imponentes de una generación olvidada, sombríos muros del santuario del Señor, heme aquí entre vosotros. Salud, compañeros de la meditación y la melancolía, salud. Yo soy el poeta. El poeta, que no trae ni los pergaminos del historiador, ni el compás del arquitecto; que ignora aun el tecnicismo del uno, y apenas si, merced a las tradiciones que guarda en sus cantares, puede seguir al otro por entre las enmarañadas sendas de su abrumadora sabiduría“.

En 1846 año de realización de este lienzo, se empezó a rehabilitar el edificio y se creó el Museo Provincial de Toledo.

FUENTE DE ISABEL II EN LA CALLE DE LA MONTERA. Jenaro Pérez Villaamil

Pérez Villaamil nos muestra otro paisaje urbano de tipo costumbrista, formado por una fuente  decorada con niños y delfines jugando sobre un pilón sostenido por cuatro galápagos. Alrededor de la fuente se encuentran diversos personajes, llamados aguadores, que recogían agua de las fuentes para llevarla a quien se la pidiera.  Se trata de una fuente levantada en 1831, para conmemorar el nacimiento de la hija de Fernando VII, Isabel, futura reina Isabel II, y que s colocó en la madrileña Red de San Luís. La fuente conocida como  “Fuente de los Galápagos” se trasladó en 1900, hasta su actual emplazamiento en el Parque del Retiro.

Este cuadro formó parte de una serie de cuatro cuadros que Pérez Villaamil dedicó a diversos rincones de Madrid.  Cinco años después de la realización de este lienzo fue nombrado pintor Honorario de Cámara por la reina regente, María Cristina.

LORD BYRON CONTEMPLANDO EL COLISEO. William Westfall

Si hay un nombre que representa fielmente el romanticismo literario, ese es, sin duda, Lord Byron. Aunque su nombre real era George Gordon, este creador vivió como escribía, apasionado y de camino hacia una muerte temprana, tal como reflejan sus 36 años cuando falleció en 1824 en Grecia. Huérfano de padre desde los tres años, con tan solo una década de edad ya hereda todos los títulos familiares al morir su tío William, el quinto barón Byron. Gracias a su posición acomodada y aristocrática, es educado en el Trinity College, el prestigioso colegio de Cambridge, donde destaca como gran deportista pese a su pie deforme de nacimiento.

George heredó de su progenitor poco más que deudas y los gastos de su funeral, aunque también heredó  el culto a la galantería, y su inclinación hacia la vida licenciosa. De su madre, en cambio, heredaría la dulzura y el cariño, aunque también su difícil temperamento.

Debido a su cojera,  su padre dijo que jamás llegaría a andar. Pero el pequeño Byron, que tuvo que calzar un zapato ortopédico durante toda la infancia, aprendió a correr antes que a caminar, y aún cuando anduvo cojo, presumía de andar más rápido que muchos. Pero tuvo que soportar muchas burlas y rechazos debido a su deformidad.

A la edad de nueve años,  su madre al cuidado de una joven institutriz y enfermera escocesa, apodada Mary Gray, quien lo inició en la lectura de la Biblia y en el sexo, ya que en aquel entonces, pese a su corta edad, tuvo sus primeras relaciones sexuales con Mary. De aquellas relaciones, Byron tener muy buenos recuerdos.

En 1805 se traslada a Cambridge, donde destacará por ser un brillante estudiante, pero también por sus gastos onerosos y su vida licenciosa. Como en el colegio no se permitían perros ni gatos, decidió tener un mono como mascota. Byron ya era un gran aficionado a escribir versos en esta época. Dejaría la universidad por falta de dinero y se mudaría a Londres, en donde fue amante de una prostituta. Luego, ya sin dinero, volvería con su madre y se dedicó por completo a la poesía.

En 1809  entra a formar parte de la Cámara de los Lores y emprende un viaje por Europa, empezando por España, donde se entrevistó con el General Castaños durante la guerra de la Independencia. Luego seguirá su viaje, manteniendo varias relaciones, tanto con mujeres como con hombres. En 1811 mueren su madre y dos de sus mejores amigos, lo que le somete a una profunda depresión, ayudándole su hermana a escapar de ella. Fue acusado de incesto e incluso corrió el rumor que una de las hijas de su hermana era de él.

Byron, poco a poco entra en una tormentosa situación. En 1815 se casa con Anna Isabella Byron, a quien le dijo en la noche de bodas: “Te arrepentirás de haberte casado con el diablo“. El matrimonio no será largo. Anna Isabella lo abandona a causa de la acusación de incesto y de sodomía. Poco a poco va enloqueciendo y aislándose del mundo. En 1816 abandona Londres y en 1824 viaja a Grecia para luchar por la independencia del país.  Allí sufre un ataque epiléptico y se niega a seguir el tratamiento de los médicos. El 19 de abril de 1824  sin haber cumplido su sueño de independencia griega. Goethe escribió sobre su muerte: “Descansa en paz, amigo mío; tu corazón y tu vida han sido grandes y hermosos“. E intensa.

 

EL RETRATO ROMÁNTICO

El retrato es el  género que mejor representar el espíritu romántico. Los rostros de sus protagonistas presentan  esa ternura y bondad del espíritu romántico, pero también la soledad y su sufrimiento, el rostro del protagonista muestra su luz mientras en el fondo predomina el tono oscuro. Miradas ausentes, enamoradas, melancólicas que expresan los conflictos internos.

Será a partir del siglo XVIII, sobre todo en Francia, cuando se empieza a realizar retratos de personas que no ostentan necesariamente el poder, la monarquía y nobleza, y se realiza retratos de una nueva clase social, la burguesía.

A contrario que los retratos de reyes y nobles, los nuevos retratos son más realistas y costumbristas, despojándose del boato de aquellos y convirtiéndose en un estilo más convencional. Estos retratos si definen el rango y categoría, pero de una forma natural, no exento de cierto simbolismo en torno al personaje del retratado a través de los objetos que aparecen, así como una interpretación psicológica del carácter del protagonista.

También nacerá el retrato infantil, ya entrado el siglo XIX, en el que el niño es retratado solo, sin la compañía de sus mayores. Esta será una de las características de este estilo romántico en el que el niño aparece de forma individual. Si aparece con su familia, no es alguien más de ella, sino que posee personalidad propia y diferenciada. Este retrato infantil nace en el Romanticismo, como lo demuestra los retratos de Velázquez y Goya, primero y Madrazo y Esquivel, después.

Es precisamente Antonio María Esquivel uno de los más importantes pintores del Romanticismo español en todas las facetas artísticas, tanto por sus cuadros costumbristas, mitológicos e históricos, como los religiosos. Sin embargo, fue fundamentalmente un pintor de retratos. Esquivel recibió encargos de los más importantes políticos, militares, aristócratas e intelectuales de la época, y en ellos el genial pintor demostró su maestría y su forma de interpretar y definir al personaje y su entorno. Madrazo se especializó en retratos de la aristocracia, mientras Esquivel en la clase media de la etapa isabelina.

RETRATO DE ISABEL II. Federico de Madrazo

Federico de Madrazo es uno de los retratistas más importantes del periodo romántico y, en general, de la pintura española. Y este cuadro de Isabel II, sin duda alguna, una de las joyas del Museo del Romanticismo y de su autor, quien realiza el mejor retrato de la controvertida reina española. Aquí, aparece apoyada sobre su mano izquierda y girada hacia el espectador ladeada ligeramente a la derecha y mirando al espectador. Viste traje de raso azul con banda y luce peinado coronado por una diadema de perlas y diamantes, Sobre un cojín de terciopelo rojo aparecen el cetro y la corona. Este cuadro fue realizado por Federico de Madrazo en 1849, y es una versión de los varios que realizó sobre la reina, todos muy similares, pero con alguna variante, para diferenciarlos. En este, la mano izquierda aparece sobre el cojín enguantada. En otros, varías la posición de las manos y los guantes, que pueden ir en una mano o en la otra, o en ambas. Pero, en todos ellos, Isabel II aparece con una expresión dulce, y su figura y rasgos están muy estilizados. Una imagen muy alejada de otros retratos que daban de la reina una imagen menos favorecida.

Isabel II. Ángel María de Cortellini

Precisamente a la entrada del museo aparece otro retrato de la reina, firmado por el artista sevillano Ángel María Cortellini. Podemos ver la diferencia entre ambos. Como también firma Cortellini el cuadro de su esposo, situado también en el vestíbulo de la entrada, a unos pocos metros de su esposa:

Ángel María Coretellini fue un pintor nacido en Sanlúcar de Barrameda que en 1847 se trasladó a Madrid, y  llegaría a  pintor de Cámara y realizar los retratos de la Isabel II y su esposa, Francisco de Asís. En el cuadro que nos ocupa, el rey consorte, Francisco de Asís de Borbón, es retratado con su uniforme militar de gala y condecoraciones, entre las que destaca la Orden del Toisón de Oro y la Gran Cruz de la Orden de Carlos III. Como en el cuadro de la reina, la corona real aparece depositada sobre un cojín.

Francisco de Asís de Borbón y Borbón era hijo del infante Francisco de Paula, duque de Cádiz y hermano de Fernando VII. Se casó en 1846 con su prima, Isabel II y, desde el inicio de su matrimonio, los rumores se adueñaron de la Corte. Ambos cuadros coinciden en la inexpresividad de los retratados.

ISABEL II NIÑA. Carlos Luís de Ribera

Carlos Luís de Ribera fue hijo del también pintor Juan Antonio de Ribera. Era un  habitual del café El Parnasillo, lugar de reunión de escritores y pintores, donde se relacionó con artistas, entre ellos, Federico de Madrazo.

De la reina Isabel II siendo niña realizó este retrato de cuerpo entero en el que muestra un semblante y vestimenta delicada, en el que destaca su collar, pendientes y peineta o diadema. La reina niña luce, además, un moño trenzado alto, diamantes y perlas, un tipo de peinado propio de la década de 1830. Junto a ella, a su derecha, la corona española.

ISABEL II NIÑA. Vicente López (Seguidor de)

Un nuevo retrato de cuerpo entero de Isabel II niña, en esta ocasión sentada en un sillón Luis XIV. Mira directamente al espectador y apoya su mano derecha sobre la corona real, que aparece junto al cetro encima de un almohadón rojo. Sobre la cintura luce  la banda de la Orden de la Reina María Luisa. El pelo lo lleva recogido en un moño con una diadema de pequeñas perlas y lleva pendientes y collar de pequeñas perlas a juego.
Históricamente, Isabel II era hija de Fernando VII y María Cristina de Borbón, su cuarta esposa, quien ejerció como Regente  entre 1833 y 1840 al ser menor de edad Isabel. Ese año de 1840 fue sustituida en la regencia por el General Espartero, hasta la proclamación de la mayoría de edad de Isabel, en 1843, con tan sólo trece años de edad.

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El reinado de Isabel II no fue fácil desde su inicio, debido al conflicto dinástico, ya que su padre había suprimido la Ley Sálica, que privaba a las mujeres del derecho al trono. De este modo, su tío, el infante Don Carlos, le disputa la corona, ya que se sentía legítimo heredero para acceder al trono, surgiendo de esta manera las tres Guerras Carlistas. En 1846, Isabel II se casaría con su primo,  Francisco de Asís. Durante su reinado se sucedieron constantes crisis y acontecimientos históricos, como la desamortización de los bienes de la Iglesia y la alternancia de partidos. En 1868, tras la batalla de Alcolea y a la Revolución Gloriosa tuvo que abdicar y exiliarse en París.

GODOY. Antonio Carnicero

Aquí, Manuel Godoy aparece  con uniforme militar de Capitán de los Reales Ejércitos, banda de la Real Orden de Carlos III cruzada sobre el pecho y diversas condecoraciones, entre las que destacan la de Caballero de Toisón de Oro, la Gran Cruz de Carlos III y la Orden de Santiago, todo ello demostrativo del inmenso poder que tuvo Godoy, lo que le convirtió en el hombre más poderoso en tiempos de Carlos IV, pero también del más odiado.

En el cuadro se muestra con una mano sobre un libro y con la otra sobre su espada, lo que demuestra su pensamiento ilustrado y también militar. Se nos muestra en su papel de político e intelectual ilustrado. El llamado Príncipe de la Paz poco a poco se convirtió en un hombre muy poderoso en la Corte, y le acusaron de la invasión de las tropas napoleónicas, a causa de sus pactos con los franceses. Tras el motín de Aranjuez de 1808 tuvo que exiliarse, junto con la familia real, a Francia, no pudiendo regresar a España y falleciendo en Roma.

Antonio Carnicero fue académico de mérito en 1788 en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y fue nombrado pintor de cámara en 1796, realizando múltiples retratos de Carlos IV y María Luisa de Parma, así como de destacadas figuras del ámbito de la realeza y la nobleza.

EL GENERAL PRIM. Antonio María Esquivel

Esquivel nos muestra aquí otra obra maestra, como es el retrato ecuestre del General Juan Prim y Prats. Con casaca oscura con charreteras doradas, pantalón rojo, faja de Mariscal y Banda de la Gran Cruz Laureada de la Real y Militar Orden de San Fernando, el general se muestra en uno de sus momentos de mayor esplendor. Detrás de él, tres oficiales también a caballo y, al fondo, la batalla.

El general Prim fue el héroe militar del Romanticismo y su heroísmo fue reconocido, tanto por sus soldaos, como por todos los españoles. Durante la I Guerra Carlista obtuvo numerosas victorias en el campo de batalla. Éxitos que continuó en la Guerra de África hasta ser uno de los cabecillas de la revolución de 1868, que acabó con el exilio de Isabel II. Buscó una alternativa a los Borbones y llevó al trono de la corona de España a Amadeo de Saboya. Pero, el mismo día del desembarco del futuro rey,  Prim era asesinado en un atentado.

MARIANO JOSÉ DE LARRA. Gutiérrez de la Vega

Tal vez el escritor más emblemático del Romanticismo español, tanto por su vida, como por su muerte. El cuadro de Gutiérrez de la Vegaq es la imagen más emblemática del escritor Mariano José de Larra. Aparece pintado con una vestimenta que le caracterizó a lo largo de su vida, con chaleco, corbata y frac, prendas que llevó a lo largo de su vida.

Mariano José de Larra fue uno de los más importantes literatos de todo el siglo XIX, siendo conocido con los seudónimos de Fígaro, El pobrecito hablador, El Duende satírico o Andrés Niporesas. Entre sus obras destacan “El doncel de Don Enrique el Doliente” y, sobre odo, su famosa “Vuelva usted mañana”. Además escribió multitud de artículos en prensa, y en ella expresó todos sus principios románticos. Practicó la crítica social, realizando una profunda crítica del absolutismo y del carlismo, al igual que de ciertos sectores de la sociedad del antiguo régimen. En cuanto a su vida social, tuvo unos amores desdichados con Dolores Armijo, y su fracaso fue una de las causas de su prematuro suicidio en 1837, cuando contaba con tan sólo 27 años de edad. Larra ponía fin a su vida en su domicilio de la calle de Santa Clara, disparándose un tiro en la sien. Un rato antes del suicidio acababa de recibir la visita de su amante. Dolores Armijo, una mujer casada, le dijo que le abandonaba y volvía con su marido. Larra no lo soportó y acabó con su vida. Pero lo más dramático vino después. Su hija Adela, de seis años,  descubrió el cadáver de su padre al ir a darle las buenas noches. Puro romanticismo toda la vida, y muerte, de Larra.

LA DUQUESA DE RIVAS. de Federico Madrazo

Madrazo pinta a la duquesa de Rivas vestida de manera muy elegante, con amplios encajes en el pecho y luciendo un largo collar de perlas con broche de zafiro. Luce una mantilla negra que le cae sobre los hombros y entre sus manos sujeta un abanico cerrado, de nácar labradas.

María Encarnación Cueto Ortega contrajo matrimonio con Ángel de Saavedra, tercer duque de Rivas, que fue discípulo de José de Madrazo e íntimo amigo suyo. Como literato escribió la obra “Don Álvaro o la fuerza del sino”. Este cuadro hace pareja con el retrato de su marido, “Ángel de Saavedra. Duque de Rivas” también de Federico de Madrazo. El lienzo, firmado y fechado en 1878, fue realizado posteriormente a la defunción de su esposo que había acaecido en 1865.

RETRATO DE ÁNGEL SAAVEDRA DUQUE DE RIVAS. Federico de Madrazo

Esposo de la anterior, el Duque de Rivas aparece retratado por Madrazo de Figura medio cuerpo, sentado en un sillón y vestido con suma elegancia y pulcritud, condecorado con la insignia del Toisón de Oro que pende de una cinta roja al cuello. Apoya su brazo izquierdo sobre una mesa en la que aparecen varios libros haciendo alusión a su faceta como intelectual.

Ángel de Saavedra y Ramírez de Baquedano fue además de un afamado escritor, político, militar, diplomático y pintor. Llegó a ser nombrado presidente de la Real Academia Española ya que fue uno de los más destacados representantes del Romanticismo español. Como decimos anteriormente, su obra más popular fue “Don Álvaro o la fuerza del sino”. Este retrato se hizo de manera póstuma que el duque había fallecido en 1865. Federico de Madrazo se valdría de algún modelo fotográfico para poder efectuar esta obra, práctica que comenzaba a hacerse muy habitual en la época.

AUTORRETRATO CON SUS HIJOS CARLOS Y VICENTE. Antonio María Esquivel

El pintor Antonio María Esquivel aparece en el centro, mirando hacia el frente, con un cuaderno de dibujo sobre el regazo y un carboncillo en la mano derecha enseñando a sus hijos a dibujar. El hijo menor de los vástagos sostiene entre sus manos un muñeco de madera, de los que sirven como modelo a los que aprenden a dibujar, mientras el hijo mayor mira como dibuja su padre. La técnica de Esquivel es extraordinaria y de gran sencillez, pero el resultado es sublime. Y de gran resultado, pues sus dos hijos fueron pintores siguiendo las lecciones de su padre.

Sobre el pintor, diremos que nació en Sevilla en 1806 en el seno de una familia noble, pero que el destino de castigó al morir su padre en la batalla de Bailén. Con 17 años se alistó en el ejército del duque de Angulema. Su vocación e pintor le llevó a estudiar en la Academia de Bellas Artes de Sevilla. Ya casado y con tres hijos, se trasladó a Madrid, entrando en la Academia de San Fernando. Como miembro del Liceo Artístico y Literario se relacionó con otros artistas y literatos. Con 33 años sufre una enfermedad dramática para un pintor al quedarse prácticamente ciego a causa de un herpes, por lo que cayó en una profunda depresión que le llevó a intentar suicidarse lanzándose al río Guadalquivir. Es entonces cuando sus compañeros del Liceo acuden en su ayuda y le pagan la operación para recuperar la vista. El artista, agradecido, pintó a sus amigos, poetas y pintores que le habían ayudado. En 1843 es nombrado Pintor de Cámara y en 1847 académico de la Academia de San Fernando.

RAFAEL DEL RIEGO. Anónimo

Detalle

Rafael del Riego Núñez fue un político y militar que se distinguió durante la Guerra de la Independencia. Fue apresado y conducido a Francia donde conoció los principios de la Revolución Francesa y se impregnó del pensamiento liberal. Más tarde, en Cabezas de San Juan, proclamó la Constitución de Cádiz, obligando a Fernando VII a jurarla de nuevo, el 9 de marzo de 1820 y dando comienzo el Trienio Liberal entre 1820-1823, que acabó con la Década Ominosa, hasta 1833. Fue acusado y condenado por votar a favor de la incapacidad del Rey, de crimen de lesa majestad, siendo ejecutado en la madrileña Plaza de la Cebada el 7 de noviembre de 1823. Por todo ello, la figura del general Riego se convertiría en un símbolo de libertad para los liberales, y un revolucionario para los conservadores.

MARIA TERESA DEL RIEGO. Benjamin de la Cour

María Teresa del Riego fue esposa del general Del Riego, quien era su tío y era 16 años mayor que ella. En octubre de 1821 contrajeron matrimonio por poderes en Cangas de Narcea, de donde ella era natural.   En 1822, el matrimonio se establece en Madrid al ser  Rafael del Riego  diputado   por Asturias. Tras la invasión de los Cien Hijos de San Luís en 1823, Teresa huye a Gibraltar para exiliarse posteriormente en Londres, donde irá conociendo el apresamiento, proceso y ejecución de su esposo. En Londres vivió gracias a una pensión del gobierno británico concedida a todos aquellos exiliados españoles que hubieran luchado contra los franceses durante la Guerra de la Independencia. El 19 de junio de 1824, después de una larga y penosa enfermedad falleció, siendo enterrada en  Londres.

EL MARQUÉS DE LA REMISA. Vicente López

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Gaspar de Remisa y Miarons Bres y Querol fue el primer marqués de Remisa y uno de los banqueros más importantes del siglo XIX. Fue nombrado Director General del Tesoro y uno de sus más importantes fue la explotación de las minas de Río Tinto. Además de ser un afamado banquero y empresario, también fue amante del mundo de la cultura y llegó a ser nombrado presidente del Liceo Artístico y Literario de Madrid, donde conoció, entre otros, al pintor Vicente López, autor de este retrato. Fue también mecenas artístico y llegó a poseer una importante colección de pinturas,  entre las que se encontraban Murillos, Riberas y Goyas, entre otros. Su título de Marqués de laRemisafue dado por la reina Isabel II.

Vicente López nos muestra aquí la elegancia en el vestir del conde, con su frac oscuro y chaleco blanco sobre camisa a juego y corbata. Como aderezo lleva una bella leontina y magnífica botonadura de brillantes.  A su lado, sentado sobre la alfombra, un perro de caza. La decoración, los muebles y los objetos que aparecen en la estancia nos proporcionan información, tanto de la situación y posición social del personaje, como de sus aficiones y gustos.

EL MARINO SANCHEZ. Federico de Madrazo

Federico de Madrazo demuestra en este cuadro sus grandes dotes de retratista y la atmósfera que impregna en ellos. No solo nos muestra los rasgos del protagonista con un detalle extraordinario, sino que nos describe todos los elementos relacionados con él. En este caso, el retrato corresponde al Marino Sánchez, que aparece de medio cuerpo señalando con el dedo el mar, que se adivina al fondo. Con su mano derecha apoyada sobre un sextante, un instrumento de navegación y sobre la cubierta de un barco, con la escala del fondo y el mástil. Todo ello en un ambiente oscuro, en el que destaca la blancura de su camisa y la palidez de cara y manos. En cuanto al protagonista en si, se sabe que fue un encargo que él mismo hizo al pintor y pagó por él cuadro 960 reales.

SANTA JUSTA Y SANTA RUFINA. Antonio María Esquivel

De Antonio María Esquivel poco más se puede decir de sus habilidades como retratista, Aquí nos presenta una temática religiosa protagonizada por las Santas Justa y Rufina. Sobre ambas, unos querubines sostienen las palmas,  símbolo de su martirio. En el extremo inferior izquierdo, objetos de alfarería haciendo alusión a la profesión de las hermanas. Ambas santas vivieron en la Sevilla del siglo III y sufrieron martirio por negarse a ofrecer a reconocer al dios pagano Salambó. A causa de ello , el gobernador Diogeniano  las encerró. por sacrilegio. Justa murió en la cárcel y Rufina fue quemada.

Se da la circunstancia que existen varios cuadros de ambas santas flanqueando la Giralda. Ello se debe a la leyenda de que, durante el terremoto que asoló Sevilla en 1504, ambas santas las descendieron del cielo para sostener la Giralda con sus propias manos y evitaron así su destrucción. Pero Antonio María Esquivel ignora la leyenda y nos presenta a ambas santas en un momento de agonía y de éxtasis ante la visión que están teniendo. Con ello consigue ese dramatismo que caracteriza al romanticismo.

CARMEN MORENO, MARQUESA DE LAS MARISMAS DEL GUADALQUIVIR. Francisco Lacoma y Fontanet

Francisco Lacoma Fontanet fue un nacido en Barcelona en el año 1778, en donde estudió Bellas Artes hasta que se fue a París, donde mejoró sus estudios y su técnica. Fue pintor de cámara del rey Fernando VII, realizando varios retratos de miembros de la familia real y de otros personajes de la aristocracia madrileña, todos ellos de gran fuerza neoclásica.

Aquí se presenta un retrato de cuerpo entero de doña Carmen Moreno sentada ante un tocador de caoba, con un vestido de tul y cinturón celeste  y sosteniendo un abanico cerrado con su mano derecha. En el tocador aparecen los tarros con maquillajes, cremas y perfume.

La Marquesa de las Marismas del Guadalquivir fue esposa de don Alejandro Aguado, militar, banquero y gran mecenas artístico, a quien veremos en el siguiente cuadro. El cuadro nos muestra una dama elegante y de buen gusto.

Este cuadro es un buen ejemplo de los retratos realizados durante el romanticismo, donde los personajes aparecen rodeados de los elementos cotidianos de los mismos, en este caso la marquesa  se ocupa del hogar, de sí misma y de la servidumbre de la casa. Llama la atención la luz y el colorido del lienzo.

ALEJANDRO AGUADO, MARQUÉS DE LAS MARISMAS DEL GUADALQUIVIR. Francisco Lacoma y Fontanet

Aquí vemos a Alejandro Aguado en idéntica pose que su esposa y con la misma composición que ella. Aparece también de cuerpo entero, sentado junto a un escritorio en su elegante gabinete de trabajo. Viste traje oscuro y va condecorado con la placa de Comendador de Número de la Muy Noble y Distinguida Orden de Carlos III, la banda y la placa de la Gran Cruz de la Real Orden de Isabel la Católica y la Gran Cruz de la Legión de Honor. Como en el caso de su esposa, el gabinete se abre hacia un vestidor donde aparece un ayudante de cámara.  Sobre el escritorio,  varias cartas, una escribanía y un libro abierto. Todo ello relacionado con sus actividades.

Detalle

Alejandro María Aguado Remírez de Estenoz, marqués de las Marismas del Guadalquivir y Vizconde de Monterrico fue un importante banquero y amante de las Bellas Artes, además de un destacado militar. Durante la invasión francesa, perteneció al grupo de los afrancesados, alistándose en el ejército francés cuando este ocupó Sevilla. Tras la derrota del ejército francés, se marchó a París donde fundó una Casa de Banca y tuvo contactos con la masonería francesa. La gestión de varios empréstitos españoles, le valieron, el título de marqués de las Marismas del Guadalquivir, así como el de Vizconde de Monterrico, otorgados en 1830 por Fernando VII. En un viaje que realizó a Asturias para visitar sus minas e inaugurar una ruta de peaje, murió de un fulminante ataque de apoplejía  en 1742. Dejó una inmensa fortuna y una importante colección de pinturas, entre las que destacaban diversas obras de Murillo, Zurbarán y Velázquez.

 

EL RETRATO INFANTIL

El principal protagonista del retrato infantil había sido tradicionalmente la monarquía, con las mismos estereotipos que los incluidos en el retrato de adultos en los siglos XVI y XVII, con el mismo gesto solemne y serio propio del linaje familiar, con los únicos elementos diferenciadores como juguetes, utensilios infantiles o algún objeto cuyo significado era ahuyentar el mal de ojo a la mortalidad infantil.

Una vez  superada esta estadística alta de mortalidad infantil, en el siglo XIX,  el retrato infantil se convierte en un elemento de amor y afecto de los progenitores a sus hijos, y se convierte durante el Romanticismo en un tema muy representativos de la pintura.

Los niños retratados aparecen representados en un entorno dulce, apacible, con fondos neutros de colores claros, o inmersos en un ambiente acogedor, mientras aparecen junto a flores, frutos, o algún animal doméstico, dándole frescura y originalidad al retrato. Los niños del retrato romántico aparecen vestidos de una forma cuidada y elegante, con detalles que pueden significar el destino que le espera al niño retratado. Los niños aparecen retratados con elementos masculinos, mientras las niñas aparecen con Complementos femeninos, como abanicos, bolsos, pañuelos, peinetas, etc.

RETRATO DE MARÍA BOCH DE LA PRESILLA. Federico de Madrazo

Madrazo nos presenta en este cuadro el retrato de la niña María Bosch de la Presilla, peinada con raya en medio y con dos trenzas que le caen sobre los hombros. Luce un vestido en rosa con pañoleta blanca y sobrefalda  a juego. Sobre su pecho lleva un aderezo en forma de medallón con sus iniciales “M.B”.  Tiene un semblante serio y educado,  como corresponde a las niñas de su edad, ya entradas en la pubertad.La niña es hija de Pedro Bosch i Labrús, amigo íntimo del pintor. Bosch era abogado y político y fue el fundador del barrio del Puente de Vallecas, por entonces compuesto de viviendas de obreros y empleados del f

TRES NIÑOS JUGANDO CON UN CARNERO. Antonio María Esquivel

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Antonio María Esquivel está considerado como el mejor retratista del Romanticismo, algo que se puede comprobar en sus cuadros. En el que nos ocupa, tres niños juegan ante la reja de un jardín. El mayor va vestido con levitón de terciopelo granate y pantalón ocre y sostiene a una niña más pequeña, subida sobre un carnero, mientras otra niña completa la composición,  situada al otro lado del animal, con un ramo de rosas en la mano y  vestida igual que la anterior. Es evidente que se trata de tres hermanos, aunque se desconoce quienes son.

El detalle de los trajes y los juguetes de los infantes y la expresión de los tres niños resulta de una naturalidad inimitable. Resulta curioso observar la tranquilidad del carnero, animal poco dado a ser utilizado en juegos infantiles. Por si acaso, el muchacho lleva una vara, que no sabemos si es para jugar o para mantener la mansedumbre del animal.

 Sus compañeros y amigos poetas y artistas, sufragaron los costes de su curación y Esquivel sanó y recuperó la visión. El artista, agradecido, pintó a sus amigos, poetas y pintores que le habían ayudado. En 1843 fue nombrado Pintor de Cámara de la reina Isabel II y en 1847 académico de la Academia de San Fernando.

LA NIÑA CONCEPCIÓN SOLA GARRIDO. Antonio María Esquivel

Retrato de una niña de cuerpo entero, elegantemente vestida con un traje blanco, adornado con lazo rosa. Está sentada y entre sus brazos sujeta un perrito, al que sujeta con delicadeza. Los ojos de la niña poseen una gran expresividad y su indumentaria más parece ser  n vestido de mujer adulta que de niña, ya que es escotado, en lugar de ceñirse al cuello, y corto, lo que deja ver sus calcetines, no muy propio de la época.

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La retratada, Concepción Solá Garrido fue hija de una banquero cordobés, el cual hizo que el bandolero José María “El Tempranillo” la escoltara a Madrid para casarse con el Gobernador General de Filipinas.

Antonio María Esquivel fue a demostrarnos su habilidad para el retrato, especialmente con niños, pese a la complejidad que ello precisa.

NIÑA CON ARO DE CASCABELES. Antonio María Esquivel

De nuevo, Esquivel nos muestra su maestría con los retratos infantiles, en este caso, la figura de una niña de cuerpo entero que sostiene en su mano izquierda un aro forrado de terciopelo rojo con cascabeles, mientras con su mano derecha sujeta la vara con la que se mueve el aro.  De nuevo Esquivel plasma la inocencia de la niña, aficionada a un juego muy popular en aquel tiempo, como era hacer rodar el aro con ayuda de la vara, mientras los cascabeles aportan el sonido al juego.

LA CITA. Angel de Saavedra

Antes vimos el retrato del Ángel María Saavedra, Duque de Rivas, quien destacó en la literatura con su obra Don Álvaro o la fuerza del sino. Pero también destacó como político, y como pintor, como vemos en este cuadro.  El duque era un hombre polifacético, y su afición por  la pintura la practicó desde la infancia.
Como pintor, estuvo influenciado por la escuela italiana, y sus cuadros están lleno de colorido y luz . La muchacha se encuentra apoyada en un balconcillo sobre un mantón. Tiene el pelo recogido y muestra su sonrisa mientras en su mano sostiene un papel doblado. Tras ella, a la derecha del espectador,  aparece  un hombre de avanzada edad que dirige su mano hacia la joven. A la izquierda, un florero con flores completa la escena y contrasta con la oscuridad del fondo. La expresividad de la joven es de una delicada inocencia y el papel que tiene en sus manos es la cita de algún enamorado que la pretende, mientras su mentor la vigila. El retrato tiene la importancia de ser de una afamado escritor que, sin embargo, practicó la pintura de una forma sencilla y como aficionado. El duque era un ejemplo no conformarse con ser un escritor afamado y probar sus habilidades en otras facetas, algo que caracteriza a los personajes del Romanticismo.

LA MUJER DEL ARTISTA. José Gutiérrez de la Vega

Aquí vemos el retrato de la esposa del pintor, José Gutiérrez de la Vega, con quien contrajo matrimonio en 1813.  Con la mano izquierda señala el cuadro de Mariano José de Larra, que se encuentra tras ella, mientras con la mano derecha parece mezclar los colores para su esposo. Al fondo se aprecia una balconada que permite ver los árboles de unos jardines.  Este lienzo, fechado en 1837, fue realizado un año después del suicidio de Mariano José de Larra.

AGAR E ISMAEL EN EL DESIERTO. Antonio María Esquivel

Antonio María Esquivel nos muestra una escena religiosa del Antiguo Testamento. La esposa de Abraham, Sara, no lograba concebir un hijo. por ello, ella a su esposo a su esclava, Agar, para que pueda procrear. Futo de ello, nace Ismael, hijo de Abraham y Agar. Más tarde, cuando Sara consigue tener un hijo, llamado Isaac, Abraham expulsa a Agar y  Ismael al desierto. No será él único cuadro que Esquivel dedique a este pasaje de La Biblia, ya que anteriormente pintó otro titulado “Despedida de Agar e Ismael por Abraham”, con el que había participado en la Exposición anual de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Esquivel consigue aquí un cuadro en el que destaca sus dotes como dibujante, además de retratista, utilizando unos tonos que realzan dramáticamente la escena. Ella mira hacia el cielo, resignada e implorante, mientras sujeta a su hijo que se encuentra como ausente y dormido.

Antonio María Esquivel empezará a pintar motivos religiosos a partir de la recuperación de su ceguera, muchos de ellos dedicados a aquellos que habían contribuido a su curación.

LA FAMILIA DE GASPAR SOLIVERES. José Aparicio Inglada

 

José Aparicio realizó a lo largo de su vida como pintor numerosos retratos, además de cuadros de temas alegóricos. En este cuadro, nos presenta un retrato de la familia de Gaspar Soliveres en un salón lujosamente decorado, en el que la familia posa con sus mejores galas.  A la derecha se encuentra el propio Gaspar Soliveres vestido con el uniforme de gala de Coronel de Cazadores Provinciales de la Guardia Real de Fernando VII y condecorado con la Cruz de Caballero de la Muy Noble y Distinguida Orden de Carlos III y la Cruz de Distinción de Madrid. En el centro, presidiendo el cuadro, su mujer vestida con un magnífico vestido de terciopelo rojo, abrazando a sus dos hijas. A la izquierda, otro miembro de la familia,  con el uniforme de Capitán de Infantería del Regimiento del Rey. La niña de mayor edad lleva en su mano derecha una hojita de papel con la siguiente inscripción: “Al Capitan Dn Gaspar.1831”. Es posible que el motivo del encargo del cuadro se deba al nombramiento de don Gaspar, quien fue un afamado militar que, en la fecha que nos ocupa, estaba al servicio de Fernando VII y, por lo tanto, su ideología era absolutista. En algunos círculos se le relacionó con la masonería.

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LA CITA. Angel de Saavedra

Antes vimos el retrato del Ángel María Saavedra, Duque de Rivas, quien destacó en la literatura con su obra Don Álvaro o la fuerza del sino. Pero también destacó como político, y como pintor, como vemos en este cuadro.  El duque era un hombre polifacético, y su afición por  la pintura la practicó desde la infancia.
Como pintor, estuvo influenciado por la escuela italiana, y sus cuadros están lleno de colorido y luz . La muchacha se encuentra apoyada en un balconcillo sobre un mantón. Tiene el pelo recogido y muestra su sonrisa mientras en su mano sostiene un papel doblado. Tras ella, a la derecha del espectador,  aparece  un hombre de avanzada edad que dirige su mano hacia la joven. A la izquierda, un florero con flores completa la escena y contrasta con la oscuridad del fondo. La expresividad de la joven es de una delicada inocencia y el papel que tiene en sus manos es la cita de algún enamorado que la pretende, mientras su mentor la vigila. El retrato tiene la importancia de ser de una afamado escritor que, sin embargo, practicó la pintura de una forma sencilla y como aficionado. El duque era un ejemplo no conformarse con ser un escritor afamado y probar sus habilidades en otras facetas, algo que caracteriza a los personajes del Romanticismo.

LA MUJER DEL ARTISTA. José Gutiérrez de la Vega

Aquí vemos el retrato de la esposa del pintor, José Gutiérrez de la Vega, con quien contrajo matrimonio en 1813.  Con la mano izquierda señala el cuadro de Mariano José de Larra, que se encuentra tras ella, mientras con la mano derecha parece mezclar los colores para su esposo. Al fondo se aprecia una balconada que permite ver los árboles de unos jardines.  Este lienzo, fechado en 1837, fue realizado un año después del suicidio de Mariano José de Larra.

AGAR E ISMAEL EN EL DESIERTO. Antonio María Esquivel

Antonio María Esquivel nos muestra una escena religiosa del Antiguo Testamento. La esposa de Abraham, Sara, no lograba concebir un hijo. por ello, ella a su esposo a su esclava, Agar, para que pueda procrear. Futo de ello, nace Ismael, hijo de Abraham y Agar. Más tarde, cuando Sara consigue tener un hijo, llamado Isaac, Abraham expulsa a Agar y  Ismael al desierto. No será él único cuadro que Esquivel dedique a este pasaje de La Biblia, ya que anteriormente pintó otro titulado “Despedida de Agar e Ismael por Abraham”, con el que había participado en la Exposición anual de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Esquivel consigue aquí un cuadro en el que destaca sus dotes como dibujante, además de retratista, utilizando unos tonos que realzan dramáticamente la escena. Ella mira hacia el cielo, resignada e implorante, mientras sujeta a su hijo que se encuentra como ausente y dormido.

Antonio María Esquivel empezará a pintar motivos religiosos a partir de la recuperación de su ceguera, muchos de ellos dedicados a aquellos que habían contribuido a su curación.

TEODORA LAMADRID EN ADRIANA LECOUVREUR. Manuel Cabral

Manuel Cabral y Aguado Bejarano pintó este retrato de cuerpo entero de la actriz Teodor Harbella, conocida comoTeodora Lamadrid en el papel de “Adriana Lecouvreur”. La artista agradece al público sus aplausos y se lleva mano al pecho, mientras a sus pies se encuentran las flores que le han arrojado. La obra teatral “Adriana Lecouvreur“, escrita por Eugéne Scribe en 1851, supuso la consagración de la actriz, aunque cosechó otros triunfos importantes como  “Locura de amor“, de Manuel Tamayo y  “Los amantes de Teruel“, de Juan Eugenio Hartzenbusch. La vida de Teodora fu otro ejemplo del romanticismo de la época. Casada con el tenor  Basilio Basili, llevó una vida desdichada y tuvo varios romances posteriores.

El cuadro de Manuel Cabral Bejarano está inspirado en otro retrato similar pintado  retrato por Federico de Madrazo de la actriz, con idéntica pose y gesto, siendo una de las múltiples versiones de este lienzo de Madrazo.

Hasta aquí, este trabajo que ha incluido una pequeña parte de la extraordinaria colección de cuadros que forman parte de la colección dl Museo del Romanticismo, así como una pequeña reseña de cada uno de los cuadros y de la temática que representan.

El Museo del Romanticismo de Madrid fue creado por Don Benigno de la Vega-Inclán y Flaquer, II Marqués de la Vega Inclán, quien donó en 1921 al Estado toda una importante colección de obras de arte, cuadros, mobiliario, relojes y objetos que era de su propiedad, la cual formó parte de una exposición organizada por la Sociedad de Amigos del Arte.

La inauguración del Museo tuvo lugar en el año 1924. El Decreto de 1 de marzo de 1962 declaró Monumento Histórico Artístico las colecciones y el edifico. En la actualidad el Museo Romántico forma parte de los museos de titularidad estatal adscritos al Ministerio de Cultura.