Xátiva: la ciudad quemada

Castillo de Játiva y, al fondo, la ciudad. Foto : J.A. Padilla

Játiva, la Xátiva valenciana, la ciudad quemada. La ciudad que en junio de 1707 se convirtió en un infierno sin parangón alguno. En apenas unas semanas, aquel infierno sufrió tal catástrofe que su población pasó de 12.000 a 400 habitantes. Una ciudad destruida. Un infierno.

Junio de 1707. Desde hacía seis años España se desangraba en una guerra sucesoria, la guerra de Sucesión española. Una guerra que, a pesar de su nombre, era un conflicto internacional propiciado por las distintas dinastías reinantes en Europa que querían conquistar el trono de España tras la muerte de Carlos II sin descendencia alguna. Carlos, llamado entre otros muchos apodos, “El Hechizado”, era el último rey de la casa Habsburgo. Su muerte sería la oportunidad para las demás familias reales, principalmente entre los Borbones. La consecuencia fue una guerra que duró hasta el año 1713, con la firma del Tratado de Utrech. Uno de los pretendientes a la Corona española era el Gran Delfín de Francia, Felipe V, nieto de Luis XIV, quien a su vez era hijo de Ana de Austria y esposo de María Teresa de Austria, hermana e hija de Felipe IV respectivamente. El otro aspirante al trono era el archiduque Carlos, hijo del emperador Leopoldo I, a su vez hijo de una hermana de Felipe IV y casado con Margarita de Habsburgo, hija también de Felipe IV.

El candidato francés argumentaba que su madre y esposa estaban en primera línea sucesoria, sin embargo, este parecía no recordar que al contraer matrimonio con María Teresa en 1659 había renunciado al trono español a cambio de una compensación económica. Claro que el bueno del rey Luís recordó que España nunca había pagado tal compensación y, por lo tanto, sus derechos sucesorios se mantenían.

Felipe V

La pretensión del rey francés preocupaba a Inglaterra y los Países Bajos y a otras potencias europeas, ya que la unión de las dos coronas, francesa y española, supondría una amenaza para sus intereses. Francia tampoco aprobaba una unión entre España y el emperador, ya que ello podía suponer la resurrección del antiguo imperio de Carlos I del siglo anterior, muy perjudicial para ella.

El conflicto entre todos ellos, Inglaterra y Países Bajos, por un lado; y Francia, por otro, se resolvió mediante el Tratado de la Haya de 1698, denominado “Primer Tratado de Partición”, el cual reconocía José Fernando de Baviera, nieto de Leopoldo, como heredero de los reinos de España, Cerdeña, los Países Bajos españoles y las importantes colonias americanas, quedando el Milanesado para el Archiduque Carlos de Austria y las posesiones italianas de Nápoles, Sicilia y Toscana para Francia.

Cuando España tiene noticias de este Tratado firmado a sus espaldas, lo rechaza totalmente. El todavía rey Carlos II, nombra a José Fernando de Baviera como su único heredero. Pero un año después, en 1699, el príncipe José Fernando de Baviera muere de viruela y el conflicto sucesorio resurge de nuevo. El rey Carlos II, gravemente enfermo, es presionado por su esposa y por los partidarios austriacos de la Corte para elegir como sucesor al archiduque Carlos de Austria. Por su parte, Francia, Inglaterra y Países Bajos firman ese mismo año el “Segundo Tratado de Partición”, mediante el cual el Archiduque Carlos de Austria hereda todas las posesiones españolas menos las italianas, que pasan a pertenecer Francia.

En 1700, Carlos II, enterado de éste nuevo acuerdo y viendo cercana su muerte, nombra como sucesor en su testamento a Felipe, Duque de Anjou, nieto de Luís XIV e hijo del Delfín, príncipe heredero de Francia. Felipe de Anjou recibiría todas las posesiones españolas pero se debería comprometer a no unir las dos coronas, España y Francia, en una sola.

En España, Castilla apoyaba esta opción, ya que estaban cansados de los Habsburgo, los cuales habían dilapidado todo el oro y riquezas de las colonias castellanas en América, gastándolo en continuas guerras religiosas o territoriales que nada tenían que ver con Castilla, pero que habían tenido que financiar, mientras que la Corona de Aragón se mantenía al margen de los gastos militares. Durante el reinado de Felipe IV, el conde-duque de Olivares intentó obligar a los demás reinos peninsulares a aportar dinero y soldados para la defensa del Imperio, pero la mayoría se opusieron, llegando incluso, en el caso de Cataluña y Portugal, a rebelarse contra la monarquía en 1640. A raíz de estos sucesos, Portugal obtuvo su independencia. Cataluña por su parte continuó en manos de la monarquía española, pero su traición nunca fue olvidada ni perdonada. La Corona de Aragón, el reino de Valencia y Cataluña, en este conflicto sucesorio, prefería en el trono de España a los Austria.

El 1 de noviembre de 1700 moriría finalmente Carlos II, último rey de la Casa de Austria. Cumpliendo con lo dispuesto en el testamento I, Felipe, Duque de Anjou, es proclamado en 1701 como Rey de España, bajo el nombre de Felipe V. Todas las potencias europeas, salvo Austria, apoyaron al nuevo rey. En septiembre de 1701 se crea en la Haya, la denominada “Gran Alianza”, un alianza militar formada por los reinos de Austria, Inglaterra, Holanda y Dinamarca, y declarará al archiduque Carlos de Austria como legítimo heredero al trono español. La guerra de Sucesión española está servida.

Una guerra que durará hasta que el 24 de julio de 1712 el Príncipe Eugenio de Saboya fue derrotado por el Mariscal Villars en la Batalla de Denain, lo que refuerza a Francia en las negociaciones de paz. Felipe V proclama su renuncia a sus derechos al trono francés para facilitar el acuerdo. En abril de 1713 Francia e Inglaterra firman la paz, y un mes después, el 27 de mayo, España firma la paz con Inglaterra, en lo que se llamó el “Tratado de Utrecht”, que ponía fin a la guerra de Sucesión Española.

Pero la guerra no terminó del todo, pues Cataluña seguiría resistiendo contra Felipe V. El 11 de septiembre de 1714, el Duque de Berwick ordena el asalto a la ciudad de Barcelona, que finalmente tuvo que rendirse. La caída de Barcelona ponía fin a la rebelión de la Corona de Aragón. Felipe V crea una España unificada y dividida en provincias en vez de en reinos. Sin embargo, la Guerra de Sucesión acabó con el poder hegemónico de España en Europa, siendo Inglaterra y Francia las potencias dominantes en el continente europeo a partir de este momento. La llegada de la casa de Borbón, significó también la llegada de la ilustración y el progreso, acabando, poco a poco, con el medievalismo latente en España.

Felipe V fue especialmente cruel con aquellos que apoyaron la causa austriaca. Y Xátiva es un buen ejemplo de ello. El 25 de abril de 1707, las tropas borbónicas vencían en la batalla de Almansa y el ejército austracista huía en desbandada, muchos a Xàtiva donde opusieron una férrea resistencia. A primeros de junio comenzaba el asedio a la ciudad por parte de las tropas borbónicas. En Xátiva quedaban aún soldados partidarios del archiduque, mientras en su castillo permanecía una guarnición inglesa de 800 hombres. A finales de mayo, el ejército borbón, compuesto por 9 mil hombres y dirigido el marqués de Asfeld, cercaba la ciudad.

Este llegaba con la orden de quemar la ciudad para que sirviera como ejemplo al resto de las ciudades rebeldes. La capital, Valencia, había capitulado el 8 de mayo sin resistencia alguna. Ahora Xátiva era el principal objetivo. El 25 de mayo, las tropas borbónicas llegaban a la ciudad. El castillo se rindió entre el 6 y el 10 de junio, produciéndose más bajas en el lado Borbón que en inglés. Ahora, quedaba tomar la ciudad.

El gobernador de Játiva, consciente que la ciudad no podía resistir mucho tiempo el asedio, propuso la capitulación. La respuesta fue la sustitución del gobernador por otro que preparó la defensa de la ciudad, amenazando incluso a aquellos que se rindiera a las tropas borbónicas. El resultado de todo ello fue que, en apenas siete días, el ejército Borbón, formado por franceses, la ciudad fue tomada de manera sanguinaria, masacrando y matando a mujeres y niños, incluso a los sacerdotes y clérigos. El 19 junio de 1707 el rey ordena la quema de la ciudad, convertida en cenizas en apenas siete días, hasta el 28 de Junio. De las 12.000 personas vivían en la ciudad, apenas quedaron 400.

Felipe V quería mucho más que castigar la rebeldía de Xátiva: quería hacer desaparecer completamente la ciudad. Una vez destruída, comenzó su reconstrucción, comenzando por el propio nombre, pasando a llamarse San Felipe. Además, se prohibió que aquellos que se habían opuesto al rey francés se marcharan de la ciudad y se trajo a la nueva San Felipe nuevos habitantes que cumpliesen una serie de requisitos y evitar una sublevación. Junto a ello, Felipe V prohibió tanto los fueros de Játiva como los de toda Valencia, quitando así gran parte de la identidad valenciana e imponiendo el modelo judicial y político castellano. La nueva ciudad llamada Colonia Nueva de San Felipe conservaría el nombre hasta que en el año 1811 las Cortes de Cádiz restituyeron el antiguo.

Museo del Almodí. Foto: J.A. Padilla

Como una especie de acto de mal gusto y escarnio, en la nueva ciudad quedaba depositado un retrato de Felipe V en el año 1720, pintado en 1798 por el pintor Josep Amorós. Una obra sin demasiado valor artístico, pero que si lo tendría desde el punto de vista histórico. La obra quedaba expuesta en el Museu de l’Almodí hasta que a finales de la década de los cincuenta el conservador del museo, junto con algunos estudiantes y sacerdotes decidieron dar la vuelta al cuadro y exponerlo al revés, como penitencia y castigo al rey Borbón por el grave daño que había hecho a la ciudad. ciudad, donde permanece actualmente.

 

 

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