Guimarães: el sueño de una condesa

img_1208_tonemappedblog

Guimaraes presume de ser el lugar donde nació Portugal. La historia dice que en su imponente castillo nació y creció Alfonso Enriquez, quien se convirtió en el rey Alfonso I y llevaría a cabo la conversión del Condado Portucalense en el Reino de Portugal en el año 1179. Sin embargo, la historia empezaba doscientos años antes cuando una mujer, la condesa Muniadona Dias ordena construir aquel castillo en el año 968 con el objetivo de proteger el monasterio de San Mamede fundado por ella misma en el año 950 y entre cuyas paredes ella profesaría su fe. Aquel castillo era la primera piedra, nunca mejor dicho de la futura población de Guimaraes. Aquel sueño de construir un castillo se transformó en otro sueño: un Reino.

 

Sorolla, el triunfo de la luz

Joaquín Sorolla. Museo-Casa de Madrid. Foto: J.A. Padilla
Joaquín Sorolla. Museo-Casa de Madrid. Foto: J.A. Padilla

Joaquín Sorolla y Bastida nace el 27 de febrero de 1863 en Valencia, su ciudad natal y su principal fuente inspiradora. Con apenas dos años mueren sus padres a causa de la epidemia de peste y él y su hermana se ven obligados a vivir con la hermana de su madre. Joaquín y su hermana se adaptaron a la nueva vida pese, o tal vez por ello, por su corta edad. Cuando llegó a la adolescencia, su tío quiso enseñarle el oficio de ebanista, al cual él se dedicaba, pero Joaquín ya por entonces se sentía una fuerte atracción por el dibujo, por lo que le enviaron a una escuela de la ciudad para que aprendiera las bellas artes.

Joaquín Sorolla no desaprovecharía aquella oportunidad que le daban sus tíos y dedicó sus sentidos a aprender. Aquel interés le llevó a, con apenas 18 años, a enviar tres marinas pintadas por él a una exposición en Madrid. No tuvieron una gran aceptación porque aquel concepto de la luz no se adaptaba a los cánones de aquel entonces. Pero el joven Sorolla no se desanimó por aquello, sino que consiguió una beca para estudiar en el museo de El Prado, donde tuvo la oportunidad de estudiar la obra de Velázquez y otros maestros de la pintura.

Y tanto aprendió que dos años más tarde consigue una medalla en la Exposición Regional de Valencia y, un año más tarde, otra medalla en la Exposición Nacional con su obra Defensa del Parque de Monteleón. París y Roma serán los siguientes destinos de Joaquín, donde estudiará la pintura clásica y el impresionismo que marcará su estilo.

Joaquín entrará a trabajar en el taller de fotografía de su futuro suegro, Antonio García, donde se dedicaba a colorear las fotografías, por aquel entonces en blanco y negro. Aquel trabajo fue muy importante para él. Por un lado, se fue familiarizando con la técnica fotográfica y la luz; y por otro, conocería a su futura esposa, Clotilde, con la que contraerá matrimonio en 1888 en Valencia. Clotilde se convertirá en su principal musa e inspiradora, además de modelo de muchas de sus obras. Un año más tarde el matrimonio se establecerá en Madrid, donde el pintor irá alcanzando cierta fama. Sorolla comenzará a pintar con esa técnica que le caracterizará: al aire libre, dominando con maestría la luz y combinándola con escenas cotidianas y paisajísticas de la vida mediterránea. Con Triste herencia ganará en 1900, el Gran Premio en el certamen internacional de París. Aquel premio era el reconocimiento internacional de su obra y el inicio de su fecunda carrera pictórica. Una exposición en París con más de medio millar de obras y otra en Nueva York en 1909 fueron dos hitos importantes en su carrera.

Sorolla viaja frecuentemente a su ciudad natal y con su caballete se acude a las playas de El Saler y La Malvarrosa, donde recoge aquella luz y aquella atmósfera mediterránea tan propia de sus obras. Allí preparaba un estudio improvisado con sombrillas y toldos para evitar el efecto de la luz directa sobre su lienzo, sin importarle el tamaño del mismo. En algunas ocasiones, el viento de levante derriba su lienzo y tenía que recogerlo, a veces con ayuda. Aquel viento que luego secaba la pintura y formaba parte de la misma. También Sorolla viajó por toda España pintando todo aquello que le llamaba la atención. Todos los días enviaba una carta a su mujer y de las mismas hoy conocemos muchos testimonios importantes.

Hoy nos queda una herencia de más de casi cinco mil cuadros del genial pintor valenciano. Cinco mil estampas y retratos que nos muestra la vida cotidiana de aquella España de principios del siglo XX y de aquella luz que solo él ha sido capaz de atrapar en sus lienzos. Dedicó toda su vida a pintar, desde los 8 años hasta que su salud le impidió seguir haciéndolo. A los 57 años sufrió un ictus que le impidió seguir haciéndolo. Tres años más tarde murió en su residencia veraniega de Cercedilla. Su esposa Clotilde murió seis años más tarde sin reponerse del duro golpe. Sus ojos, desde la muerte de su esposo, habían perdido el brillo de antaño. El mismo brillo que había inspirado la obra de Sorolla.

https://marcopolito56.wordpress.com/pueblos-con-encanto/sorola-el-triunfo-de-la-luz/

 

 

Vitoria, la ciudad pintada

IMG_0005

El Proyecto se denomina IMVG o, lo que es lo mismo, Itinerario Muralístico de Vitoria-Gasteiz, y consiste en un programa de creación artística de las fachadas de los edificios a través de composiciones pictóricas basadas en el muralismo comunitario. Este proyecto nace en el año 2007, siendo una idea de Cristina Weckmeister, Verónica Weckmeister  y Brenan Duarte con la colaboración de los miembros de las llamadas “Brigadas de la Brotxa”, junto con la ayuda desinteresada de voluntarios.

El resultado es magnífico. Vitoria, que es una ciudad diseñada para pasear, encuentra en estas composiciones un extraordinario motivo para detenerse y contemplar cada una de estas composiciones, que además encierran un mensaje.

En la actualidad son 15 murales los que podemos contemplar. Quince rincones para admirar. Están diseminados a lo largo del centro histórico de la ciudad y su búsqueda es un entretenido juego que podemos practicar.

Pero además, el programa es susceptible de ampliarse hasta el infinito porque aún quedan muchas fachadas por decorar. Mientras tanto, hagamos un breve recorrido por cada una de estas gigantescas obras de arte que demuestran la viveza y el latir de una ciudad. La ciudad pintada.

https://marcopolito56.wordpress.com/pueblos-con-encanto/vitoria-la-ciudad-pintada/

 

 

El misterio de El Escorial y El Bosco

 

 

Miró por la ventana, con la mirada perdida. Luego, la tabla que acababa de pintar. Parecía que hubiera pintado del natural, pero no era así. El cuadro era dantesco. En la calle lucía el sol y la gente caminaba de un lado a otro. La tabla parecía describir el mismísimo infierno, con las llamas al fondo del mismo, dando una tenebrosa luz a la oscura escena. Personas vestidas de negro conducían en carretas cuerpos calcinados, tal vez por las llamas del fondo. Notó que no estaba solo. Hasta le llegaba el olor a quemado. Tras él estaba su abuelo. Volvió la cabeza y lo miró con sus tristes ojos.

El Bosco
El Bosco

Su abuelo miró por la ventana y luego la tabla. Le preguntó qué era aquello. Él contestó que eran sus pesadillas. No podía borrar de chamuscada.

Y él seguía viendo a aquellas personas corriendo de un lado a otro huyendo inútilmente de las llamas. Él seguía escuchando aquellos gritos. Él seguía oliendo el olor de la muerte y de la destrucción. Desde ese la noche siguiente del incendio observó que el muchacho desde su habitación observaba y a la vez pintaba aquella tabla. Él mismo le había enseñado a pintar, a amar el arte. Lo había hecho con su padre y ahora lo hacía con él. A ver el mundo como era. A ver la luz. Pero aquella noche le había transformado y solo veía tinieblas.

Ahora, cuando el abuelo miraba aquel cuadro y veía una parte del infierno. Sintió un escalofrío su apartó la mirada con una mueca de horror. El joven le preguntó que si no le gustaba ya no pintaría ninguno más. El abuelo le contestó que debía seguir haciéndolo porque tenía un don para la pintura. Con el tiempo se dio cuenta que no solo tenía el don para pintar, sino también para ver mucho más allá que cualquier otro ser humano.

El joven fue creciendo y siguiendo pintando cuadros que siempre incluían esas escenas. También pintaba el dolor, el sufrimiento, pero paisajes imaginarios y llenos de elementos fantásticos y monstruosos, tales como demonios o figuras su mente las horribles escenas que sus ojos contemplaron en aquel incendio sucedido unos pocos días antes. Desde su casa pudo ver aquel incendio iniciado en un pajar sin que nadie pudiera hacer por evitar como las llamas hicieron pasto en las casas cercanas, como abrasaban todo y como los cuerpos de sus vecinos y todas las personas que estaban en el lugar fueron calcinados por las llamas que iluminaban aquella oscura noche, mientras horribles los horribles gritos de las víctimas llenaron las interminables horas.

Él había permanecido aquellas largas horas viendo todo. Había observado cómo ardían aquellas gentes morían sin que nadie pudieran hacer nada por sofocar aquellas llamas que ardieron hasta que al otro día se apagaron solas. Entonces su abuelo se lo llevó a su casa, cerca de aquella escena, pero no lo suficientemente lejos del olor de la carne medio humanas y medio animales en medio de paisajes tranquilos y encantadores. Plasmaba en sus cuadros su profundo conocimiento de las fuentes literarias, como los libros de sueños y visiones y textos alquímicos y astrológicos, describiendo todo con gran detalle., creando en cada una de sus obras un universo complejo y trastornado, una visión onírica del ser humano, cuyos vicios y pecados le transformaba en híbridos monstruosos y metamorfosis bestiales. El jardín de Las delicias, el Carro de heno, Los siete pecados capitales, Las tentaciones de San Antonio, entre otros muchos serán el mejor ejemplo de ello.

Aquel joven, llamado Jeroen Anthoniszoon van Aeken, más conocido como Hieronymus Bosch, El Bosco, sonreía mientras contemplaba aquel cuadro cuyo verdadero significado solo estaba al alcance de unos pocos iniciados.

El Agua de Valencia

Foto: J. A. Padilla
Foto: J. A. Padilla

Nuestro paseo por la monumental ciudad de Valencia nos lleva hasta la impresionante Plaza de la Virgen o, como dicen en valenciano, Plaça de la Madre de Deu. Esta plaza es un enorme foro turístico en el que se encuentran los dos poderes de la ciudad: el político, con el Palacio de la Generalidad Valenciana, sede del gobierno regional; y el religioso, con la Basílica de la Virgen de los Desamparados; y también el legislativo, con la sede del Tribunal de las Aguas, que se celebra cada jueves junto a la Puerta de los Apóstoles de la Catedral.

En el centro de la plaza observamos una enorme fuente que tiene mucho que ver con el agua de Valencia. Una fuente es conocida como Fuente de las ocho acequias de Valencia, y está  dedicada al río valenciano por excelencia: el río Turia. La fuente presenta la forma clásica de Neptuno representando al río Turia, el cual está rodeado de ocho figuras femeninas, las ocho acequias de la Vega de Valencia, que son Quart, Benáger y Faitanar, Tormos, Mislata, Mestalla, Favara, Rascaña y Rovell. Esta fuente es obra del escultor Manuel Silvestre Montesinos y se inauguró en el año 1976 un año antes de la gran riada que asoló Valencia.  Gracias a su excelente ubicación, es también un lugar de encuentro muy común entre los habitantes de la ciudad, y también para las palomas.

https://marcopolito56.wordpress.com/historia/el-agua-de-valencia/

 

 

 

Ibiza, la perla del Mediterráneo


ibiza13

Ibiza, conocida como la “isla blanca” por las níveo “skyline” formado por las casas e iglesias encaladas, ha sido un enclave estratégico en las rutas comerciales de la antigüedad. Destino de piratas y corsarios, ha sido tierra de conquista y desembarcos a lo largo de su historia, pero especialmente a partir de la conquista cristiana, cuando  cristianos del Reino de Aragón, a las órdenes de Jaime I el Conquistador, expulsan a los musulmanes de Madina Yabisa. A partir de entonces, la perla del Mediterráneo, como también era conocida Ibiza, se convierte en objetivo para los piratas árabes, que aprovechaban la escasa o capacidad defensiva de los nativos, obligados a ocultarse hasta que aquellos abandonaban la isla tras saquearla. Los pitiusos eran un pueblo atemorizado y  en permanente sensación de peligro, lo que les obligó a la construcción de murallas defensivas y de vigilancia que no impedían los saqueos, aunque  servían para alertar a la población con tiempo suficiente para ponerse a salvo. Buena parte de los monumentos que hoy podemos admirar en la isla están relacionados con los tiempos de los piratas.

https://marcopolito56.wordpress.com/pueblos-con-encanto/ibiza-una-de-piratas/

 

Los números de 2015

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2015 de este blog.

Aquí hay un extracto:

La sala de conciertos de la Ópera de Sydney contiene 2.700 personas. Este blog ha sido visto cerca de 39.000 veces en 2015. Si fuera un concierto en el Sydney Opera House, se se necesitarían alrededor de 14 presentaciones con entradas agotadas para que todos lo vean.

Haz click para ver el reporte completo.

Los tapices del Alcázar de Sevilla

El 2 de marzo de 1535, el emperador Carlos V embarca en Barcelona con destino a Túnez capitaneando la flota española para enfrentarse a Barbarroja. El emperador formaba parte de esta expedición a pesar de que sus ministros le habían recomendado que no fuera él en persona, considerado un acto de heroicidad innecesario. En realidad, a los cortesanos tampoco les apetecía tener que abandonar la corte para ir a la guerra. Pero el emperador era un hombre muy seguro de si mismo y convencido de que él mismo tenía que acudir a aquella guerra cuyo objetivo era recuperar la influencia de la Monarquía Hispánica que ahora intentaba amenazar el caudillo otomano al conquistar Túnez.

El 14 de junio las naves imperiales pondrán sitio al puerto de La Goleta, puerta de entrada al puerto de Túnez, la cual caerá tras 28 días de combates, el 14 de julio de 1535. Desde allí se dirigirán a Túnez, que cae el 21 de julio, gracias a los más de cinco mil cautivos cristianos que se encontraban en la alcazaba. Carlos I entra victorioso en la ciudad a la cabeza de los tercios, mientras Barbarroja se ve obligado a huir. Según las crónicas, el propio emperador Carlos I luchó en primera línea, desafiando el peligro de la batalla y su victoria fue celebrada en todos sus reinos.

Evidentemente, el Emperador aprovechó aquella victoria para su gloria. Entre los que le acompañaron a Túnez se encontraba el pintor flamenco Juan Vermeyen, con la misión de inmortalizar aquel acontecimiento. Este pintor fue realizando apuntes al natural que posteriormente le servirían para realizar los cartones de los tapices. Los paños se realizaron en el más prestigioso taller de Bruselas, el de Willem de Pannemaker por encargo de María de Hungría, hermana de Carlos en 1546. Todos ellos describirán, con gran lujo de detalle la conquista de Carlos I de Túnez en 1535, que hoy pueden contemplarse en el Alcázar de Sevilla. Esta colección podemos admirar en la llamada Sala de Tapices, ubicada frente al Patio del Crucero, que se reconstruyó después del terremoto de Lisboa de 1755:

sevilla98

sevilla103

tapiz1

tapiz3

sevilla101

https://marcopolito56.wordpress.com/pueblos-con-encanto/los-tapices-del-alcazar-de-sevilla/

 

 

Tranvías de Lisboa

IMG_6913

Lisboa, la ciudad de las siete colinas, una circunstancia que exige un gran esfuerzo a todo aquel que la visita. Una ciudad que merece la pena recorrerse a pie, descubriendo y disfrutando de los rincones que iremos descubriendo a nuestro paso. Es, sin embargo, un esfuerzo apreciable por la cantidad de cuestas que deberemos superar. Claro, que eso también nos permite visitar muchos comercios tradicionales que iremos encontrando. Luego, tenemos la otra opción, que tal vez debe ser la primera opción: utilizar el tranvía o, como dicen los lisboetas, el eléctrico.

https://marcopolito56.wordpress.com/pueblos-con-encanto/los-tranvias-de-lisboa/

Blog de WordPress.com.

Subir ↑