Real Observatorio: de Madrid al cielo

Foto: J.A. Padilla

Miramos desde Madrid capital el cielo de Madrid en busque de alguna estrella. Una tarea inútil porque la contaminación lumínica impide la visión de cualquier estrella. Y, sin embargo, en el corazón de Madrid se instaló, en un tiempo no tan lejano, un observatorio astronómico para la observación de las estrellas y poder realizar mediciones astronómicas tan necesarias en un tiempo en que el comercio y el desarrollo de España dependían, en gran medida, del mar. Ya no éramos la primera potencia marítima y hacía siglos que se había superado la idea de ese mar plano, de esa tierra plana, rodeado de una espera celeste y ya existían mapas de navegación trazamos por los entonces instrumentos de medida que calculaban distancias y el tiempo  gracias al movimiento de las estrellas.

Y fue entonces cuando un navegante, Jorge Juan, planteó a finales del siglo XVIII, al rey Carlos III la construcción de un observatorio, dentro de ese ambicioso plan de renovación y rehabilitación que el rey ilustrado planificó para la capital de España. Por eso al rey le fascinó, desde el principio, este proyecto.

La Capilla Sixtina al alcance de la mano

Foto: J.A. Padilla

En 1508, Giuliano della Rovere, conocido como Julio II, encargó a Michelangelo Buonarroti, conocido como Miguel Ángel, la decoración de la Capilla Sixtina. El resultado fue la obra cumbre del arte renacentista. La obra cumbre de la Humanidad.

La obra fue realizada no sin dificultades a causa de las difíciles relaciones entre Julio II y Miguel Ángel, aunque siempre con respeto mutuo. Julio II, deseaba que la bóveda de la capilla estuviera decorada con las figuras de los doce apóstoles y en el centro la bóveda con adornos según costumbre de la época, pero Miguel Ángel quería simbolizar en aquel gigantesco lienzo de pared la historia del mundo y de la humanidad antes de la venida de Cristo. Cuatro años pasó el artista en su magna obra afrontando grandes dificultades, a causa de la inexperiencia del pintor con la técnica de la pintura al fresco, Era un gran reto para aquel maestro de la escultura que no se consideraba pintor. Hoy, gracias al proyecto Capilla Sixtina de Miguel Ángel: la Exposición, es posible apreciar la magnificencia de las obras al contemplarlas a apenas unos maestros, o centímetros, de distancia. Sumergirnos en el universo de Miguel Ángel.

Explorium, un viaje a la fantasía

Durante algo más de una hora, Explorium nos va a permitir sumergirnos en un océano de luces y fantasía, llevar nuestra imaginación hasta conocer lo que se esconde bajo sus aguas y contemplar los seres fantásticos que habitan en ellas. Explorium  rinde homenaje a la expedición marítima del siglo XVI, que inició Fernando Magallanes y finalizó Juan Sebastián Elcano, quienes se adentraron en una desconocida ruta en busca de nuevas tierras y nuevas experiencias. Y, como ellos, nosotros también viajaremos en un barco imaginario para descubrir sensaciones que nos harán vivir una mágica aventura.

Arévalo, una cita con la historia

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Plaza de la Villa. Foto: J.A. Padilla

La villa de Arévalo está situada en el  centro de una comarca con gran tradición histórica, unas tierras donde nació, vivió, murió la reina Isabel la Católica y donde tuvieron lugar muchos acontecimientos históricos que dieron lugar a la creación de un nuevo Estado surgido tras el final de la invasión árabe de la Península Ibérica. Y en Arévalo se aprecia este legado histórico. Situada en la confluencia  en la confluencia de los ríos Adaja y Arevalillo, la conocida como «Ciudad de los Cinco Linajes» es la capital de la comarca de la Moraña, siendo el segundo municipio más poblado de Ávila, siendo un referente de la arquitectura mudéjar castellana, lo que hizo que en  el año 1970 fuera declarada Conjunto Histórico-Artístico. El recuerdo de la reina Isabel está en cada rincón de la villa. Por ello, visitar Arévalo es tener una cita con la historia.

Arévalo – PASAJERO 56 (wordpress.com)

Quinta de Vista Alegre: un edén recuperado

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Foto: J.A. Padilla

En el corazón del madrileño barrio de Carabanchel se encuentra un lugar inimaginable, aunque conocido por oídas por los habitantes de este barrio: La Quinta de Vista Alegre, uno de los jardines históricos más increíbles de la capital y que ahora, tras muchas décadas, se ha abierto a los madrileños para que estos puedan admirar y disfrutar de un lugar casi mágico. Un lugar que, entre unos hermosos jardines románticos, una ría, un cedro secular y otros elementos se encuentran dos palacios, unos baños reales y otros edificios absolutamente singulares.  Esta finca, o Quinta, se construyó en un momento en el que esta zona de Madrid estaba de moda para aristócratas y personas adineradas. Tal es así que el médico de Carlos IV, Higinio Antonio Llorente, construyó su casa en esta finca en 1802, cuando aquel llevaba en el trono cuatro años al suceder a Carlos III. Después, con los franceses invadiendo España, la finca fue vendida a un acomodado comerciante llamado Francisco Ignacio de Bringas, quien años después crearían un afamado jardín, conocido como Jardín de Apolo o de Bringas, situado en la calle de Fuencarral, en la manzana situada entre las calles Divino Pastor, San Andrés y Malasaña y que fueron abiertos en 1833 y en el que existían una gran mansión y un extenso jardín. Según cuentan las crónicas, la entrada costaba dos reales y era un parque muy frondoso, con flores, abundante arbolado frutal y de sombra, con glorietas y caminos laberínticos en los que se repartían estatuas, columnas, mesas y bancos y diversos juegos. Contaba además con teatro, café, pista de baile, fonda y merendero. Y a veces se ofrecían conciertos, espectáculos de variedades y fuegos artificiales. Quién sabe si el bueno de don Higinio pretendía en Vista Alegre crear un Xanadú y alguna circunstancia no le convenció para ello. No lo sabremos porque en 1823 vende la finca al matrimonio Pablo Cabrero y Josefa Martínez Arto, esta última dula de la Real Fábrica Platería de Artó, quienes una finca de recreo a la que llaman “Finca de Vista Alegre”, por las buenas vistas que desde ella se tenían. Era el comienza de un lugar de recreo y de historia….

Carcassonne, con otra mirada

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Puerta del Aude. Foto: J.A. Padilla

Desde la distancia vemos en el horizonte al otro lado del río Aude la impresionante silueta de la Ciudadela de Carcassonne, llamada aquí como La Cité. Parece una fortaleza de cuento de hadas de la que sobresalen sus típicas torres que salpican su muralla. Y sin embargo, lo que se encuentra al otro lado de las murallas no son hadas, ni dragones, ni ogros ni nada que se parezca. Porque la Ciudadela constituye el máximo ejemplo de la Francia medieval. Aquí podremos encontrar, eso sí, fosos, baluartes, mazmorras y otros elementos arquitectónicos similares. Y aquí si hubiéramos encontrado, en su tiempo, caballeros, princesas, clérigos y soldados. Dispongámonos a cruzar el pequeño puente que salva el río y dejemos que nuestra imaginación nos lleve hasta donde llegue. Aunque estamos en un lugar donde la historia real puede ser más fantástica que la leyenda….

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La National Gallery Esencial

Contemplamos la alta torre del Parlamento y, en su parte más alta, el famoso reloj conocido como el Big Ben, uno de los símbolos de Londres e Inglaterra. Estamos en un lugar de enorme importancia cultural e histórica, con el edifico  del Parlamento, la iglesia de Santa Margarita y la Abadía de Westminster. Aún impresionados, salimos por la calle del Parlamento (Parliament Street), donde encontramos, a la izquierda Dawning Street, la residencia del Primer Ministro, y continuamos un pequeño tramo hasta abrirnos a otra espectacular plaza, uno de los lugares de reunión de los londinenses: Trafalgar Square. Una enorme plaza en la que se encuentra uno de los lugares que obligadamente hay que visitar en esta ciudad: la National Gallery, o Galería Nacional, uno de los mejores museos del mundo. En este trabajo veremos una pequeña muestra de la extensa colección, cuadros muy representativos del museo, pero solo una pequeña muestra del extraordinario catálogo. Disfrutemos de ello. Lo ilustramos con el cuadro catalogado como NG1, es decir, el primer cuadro que formó parte de la colección en el año 1824:

«La resurrección de Lázaro. Sebastiano dil Piombo».

El Louvre esencial

La visita al Museo del Louvre de París es una visita obligada cuando se visita la capital de Francia. Una visita para la que no hay que fijarse plazo de tiempo alguno por la cantidad y calidad de las obras y objetos de arte que atesora. Cuando hayamos terminado se hará imposible recordar todo lo que hemos visto, pero algunas de las obras expuestas si quedarán impresas en nuestra memoria. Es el Louvre esencial. Y aquí repasaremos algunas de esas obras.

La Mona Lisa. Leonardo da Vinci

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El Jardín Mágico

Foto: J.A. Padilla

Como si nos sumergiéramos en un cuento de hadas, en un jardín mágico en el que viven personajes de fantasía que esperamos encontrar en cualquier parte. Los gnomos, esos seres diminutos que tal vez forman parte de esos millones de puntos luminosos que brillan en las praderas del jardín. O los trolls, enormes árboles, que cambian de color a nuestro paso y que nos observan con detenimiento. Es el Jardín Botánico, que esta Navidad se ha convertido en un jardín mágico y que nos devuelve, durante apenas una hora, a ese mundo infantil de fantasía gracias al programa “Christmas Garden” o “Las luces del Botánico”. Aceptemos su invitación y entremos.

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Visita al Museo Lázaro Galdiano

 

El Museo Lázaro Galdiano es un museo que alberga unas 12.600 piezas reunidas por el editor el empresario, mecenas y editor José Lázaro Galdiano, quien al morir en 1947 donó al Estado español toda su colección privada, junto con su residencia en la madrileña calle Serrano, llamada Parque Florido, la cual es la sede del museo. El museo es un impresionante catálogo artístico de pinturas, dibujos, esculturas, figuras y objetos de todo tipo cuyo estudio es obligado para todos los interesados en las bellas artes. El presente trabajo es una pequeña muestra de esta colección y una presentación de las maravillas que atesora el museo. Sirva para ilustrar esta entrada el retrato de la escritora Gertrudis Fernández de Avellaneda, de Federico de Madrazo, el cual ilustra las entradas al museo.  La modelo, que contaba por entonces 43 años,  está retratada hasta las rodillas sobre una butaca de terciopelo granate, con su pelo recogido en la nuca, oscuro y brillante,  y con un tocado de flores y velo, todo ello acompañado de una serie de complementos y detalles que nos transmiten mucho sobre su personalidad, incluyendo una pequeña mancha sobre su mejilla derecha. Gertrudis Gómez de Avellaneda es una de las más grandes escritoras de la literatura española del siglo XIX. Llegada desde su Cuba natal, escribió su primera novela en 1839 en Sevilla. Fue víctima del ambiente de la época que no gustaba ver a una mujer triunfar en el mundo literario, lo que no evitó  ser una de las personalidades más destacadas del Madrid isabelino y ser reconocido su trabajo en el Liceo Artístico y Literario.

Pero antes de introducirnos en su museo, conozcamos algunos aspectos importantes de la personalidad de su dueño.

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