Carcassone, la leyenda

 

Entrada a la ciudad. En el centro, el busto de Dama Carcas. Foto: J.A. Padilla

Carcasona, o Carcassone en francés, o Carcassona en occitano se encuentra situada en lo alto de una escarpada colina, al suroeste de Francia, por un camino que lleva hacia los Pirineos y, desde aquí, a España. Carlomagno contemplaba desde el horizonte aquella ciudad que parecía inexpugnable y que, desde hacía trescientos años estaba bajo domino musulmán. Aquella leyenda daría lugar a otra: la de Dama Carcas, heroína que salvó a Carcaso del emperador. Pero, en realidad, sería el rey Pipino el Breve quien expulsó a los musulmanes en el año 759, cediéndolo a Bellón, primer conde de Carcasona.

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El Capitolio de Toulouse

Plaza del Capitolio. Foto: J.A. Padilla

El Capitolio es el principal monumento civil de Toulouse, situado en el principal punto de reunión de los tolosanos, en la plaza del Capitolio. La fachada del Capitolio ocupa el lado este de la plaza. El edificio, de estilo neoclásico, fue levantado por Georges Cammas entre 1750 y 1760 y destaca por el característico color rosa que define a Toulouse, contrastando el rosa con el blanco de los pilares y columnas. Las ocho columnas que sostienen el frontón son alusión a los ocho Capitouls, o miembros del capítulo (consejo municipal) que representaban al ayuntamiento en los tiempos de construcción del edificio.

Pero si por fuera el edificio del Capitolio impresiona, su interior nos fascina….

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Castillo de La Adrada: la imposible historia de amor de Alfonso y Zaida

Castillo de La Adrada. Foto: J.A. Padilla

El castillo de La Adrada es el escenario del inicio de la leyenda de las relaciones prohibidas entre el rey castellano Alfonso VI y la princesa musulmana Zaida. Una historia que algunas cróncas medievales han convertido en leyenda.

Aquella sociedad no admitía la unión entre dos culturas, dos mundos: el cristiano y el musulmán. Hoy se desconoce lo que hay de leyenda y lo que corresponde con la realidad en cuanto a la relación entre ambos. Mientras para unas crónicas medievales Zaida fue esposa de Alfonso VI, otras, por el contrario, señalan a Zaida como su amante. Zaida no se verá reconocida su condición de Reina de Castilla con  el nombre de Isabel.  Solo quedará la leyenda.

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Xátiva: la ciudad quemada

Castillo de Játiva y, al fondo, la ciudad. Foto : J.A. Padilla

Felipe V fue especialmente cruel con aquellos que apoyaron la causa austriaca. Y Xátiva es un buen ejemplo de ello. El 25 de abril de 1707, las tropas borbónicas vencían en la batalla de Almansa y el ejército austracista huía en desbandada, muchos a Xàtiva donde opusieron una férrea resistencia. A primeros de junio comenzaba el asedio a la ciudad por parte de las tropas borbónicas. En Xátiva quedaban aún soldados partidarios del archiduque, mientras en su castillo permanecía una guarnición inglesa de 800 hombres. A finales de mayo, el ejército borbón, compuesto por 9 mil hombres y dirigido el marqués de Asfeld, cercaba la ciudad.

Este llegaba con la orden de quemar la ciudad para que sirviera como ejemplo al resto de las ciudades rebeldes. La capital, Valencia, había capitulado el 8 de mayo sin resistencia alguna. Ahora Xátiva era el principal objetivo. El 25 de mayo, las tropas borbónicas llegaban a la ciudad. El castillo se rindió entre el 6 y el 10 de junio, produciéndose más bajas en el lado Borbón que en inglés. Ahora, quedaba tomar la ciudad.

El gobernador de Játiva, consciente que la ciudad no podía resistir mucho tiempo el asedio, propuso la capitulación. La respuesta fue la sustitución del gobernador por otro que preparó la defensa de la ciudad, amenazando incluso a aquellos que se rindiera a las tropas borbónicas. El resultado de todo ello fue que, en apenas siete días, el ejército Borbón, formado por franceses, la ciudad fue tomada de manera sanguinaria, masacrando y matando a mujeres y niños, incluso a los sacerdotes y clérigos. El 19 junio de 1707 el rey ordena la quema de la ciudad, convertida en cenizas en apenas siete días, hasta el 28 de Junio. De las 12.000 personas vivían en la ciudad, apenas quedaron 400.

 

 

Guimarães: el sueño de una condesa

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Guimaraes presume de ser el lugar donde nació Portugal. La historia dice que en su imponente castillo nació y creció Alfonso Enriquez, quien se convirtió en el rey Alfonso I y llevaría a cabo la conversión del Condado Portucalense en el Reino de Portugal en el año 1179. Sin embargo, la historia empezaba doscientos años antes cuando una mujer, la condesa Muniadona Dias ordena construir aquel castillo en el año 968 con el objetivo de proteger el monasterio de San Mamede fundado por ella misma en el año 950 y entre cuyas paredes ella profesaría su fe. Aquel castillo era la primera piedra, nunca mejor dicho de la futura población de Guimaraes. Aquel sueño de construir un castillo se transformó en otro sueño: un Reino.

 

Sorolla, el triunfo de la luz

Joaquín Sorolla. Museo-Casa de Madrid. Foto: J.A. Padilla
Joaquín Sorolla. Museo-Casa de Madrid. Foto: J.A. Padilla

Joaquín Sorolla y Bastida nace el 27 de febrero de 1863 en Valencia, su ciudad natal y su principal fuente inspiradora. Con apenas dos años mueren sus padres a causa de la epidemia de peste y él y su hermana se ven obligados a vivir con la hermana de su madre. Joaquín y su hermana se adaptaron a la nueva vida pese, o tal vez por ello, por su corta edad. Cuando llegó a la adolescencia, su tío quiso enseñarle el oficio de ebanista, al cual él se dedicaba, pero Joaquín ya por entonces se sentía una fuerte atracción por el dibujo, por lo que le enviaron a una escuela de la ciudad para que aprendiera las bellas artes.

Joaquín Sorolla no desaprovecharía aquella oportunidad que le daban sus tíos y dedicó sus sentidos a aprender. Aquel interés le llevó a, con apenas 18 años, a enviar tres marinas pintadas por él a una exposición en Madrid. No tuvieron una gran aceptación porque aquel concepto de la luz no se adaptaba a los cánones de aquel entonces. Pero el joven Sorolla no se desanimó por aquello, sino que consiguió una beca para estudiar en el museo de El Prado, donde tuvo la oportunidad de estudiar la obra de Velázquez y otros maestros de la pintura.

Y tanto aprendió que dos años más tarde consigue una medalla en la Exposición Regional de Valencia y, un año más tarde, otra medalla en la Exposición Nacional con su obra Defensa del Parque de Monteleón. París y Roma serán los siguientes destinos de Joaquín, donde estudiará la pintura clásica y el impresionismo que marcará su estilo.

Joaquín entrará a trabajar en el taller de fotografía de su futuro suegro, Antonio García, donde se dedicaba a colorear las fotografías, por aquel entonces en blanco y negro. Aquel trabajo fue muy importante para él. Por un lado, se fue familiarizando con la técnica fotográfica y la luz; y por otro, conocería a su futura esposa, Clotilde, con la que contraerá matrimonio en 1888 en Valencia. Clotilde se convertirá en su principal musa e inspiradora, además de modelo de muchas de sus obras. Un año más tarde el matrimonio se establecerá en Madrid, donde el pintor irá alcanzando cierta fama. Sorolla comenzará a pintar con esa técnica que le caracterizará: al aire libre, dominando con maestría la luz y combinándola con escenas cotidianas y paisajísticas de la vida mediterránea. Con Triste herencia ganará en 1900, el Gran Premio en el certamen internacional de París. Aquel premio era el reconocimiento internacional de su obra y el inicio de su fecunda carrera pictórica. Una exposición en París con más de medio millar de obras y otra en Nueva York en 1909 fueron dos hitos importantes en su carrera.

Sorolla viaja frecuentemente a su ciudad natal y con su caballete se acude a las playas de El Saler y La Malvarrosa, donde recoge aquella luz y aquella atmósfera mediterránea tan propia de sus obras. Allí preparaba un estudio improvisado con sombrillas y toldos para evitar el efecto de la luz directa sobre su lienzo, sin importarle el tamaño del mismo. En algunas ocasiones, el viento de levante derriba su lienzo y tenía que recogerlo, a veces con ayuda. Aquel viento que luego secaba la pintura y formaba parte de la misma. También Sorolla viajó por toda España pintando todo aquello que le llamaba la atención. Todos los días enviaba una carta a su mujer y de las mismas hoy conocemos muchos testimonios importantes.

Hoy nos queda una herencia de más de casi cinco mil cuadros del genial pintor valenciano. Cinco mil estampas y retratos que nos muestra la vida cotidiana de aquella España de principios del siglo XX y de aquella luz que solo él ha sido capaz de atrapar en sus lienzos. Dedicó toda su vida a pintar, desde los 8 años hasta que su salud le impidió seguir haciéndolo. A los 57 años sufrió un ictus que le impidió seguir haciéndolo. Tres años más tarde murió en su residencia veraniega de Cercedilla. Su esposa Clotilde murió seis años más tarde sin reponerse del duro golpe. Sus ojos, desde la muerte de su esposo, habían perdido el brillo de antaño. El mismo brillo que había inspirado la obra de Sorolla.

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Vitoria, la ciudad pintada

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El Proyecto se denomina IMVG o, lo que es lo mismo, Itinerario Muralístico de Vitoria-Gasteiz, y consiste en un programa de creación artística de las fachadas de los edificios a través de composiciones pictóricas basadas en el muralismo comunitario. Este proyecto nace en el año 2007, siendo una idea de Cristina Weckmeister, Verónica Weckmeister  y Brenan Duarte con la colaboración de los miembros de las llamadas “Brigadas de la Brotxa”, junto con la ayuda desinteresada de voluntarios.

El resultado es magnífico. Vitoria, que es una ciudad diseñada para pasear, encuentra en estas composiciones un extraordinario motivo para detenerse y contemplar cada una de estas composiciones, que además encierran un mensaje.

En la actualidad son 15 murales los que podemos contemplar. Quince rincones para admirar. Están diseminados a lo largo del centro histórico de la ciudad y su búsqueda es un entretenido juego que podemos practicar.

Pero además, el programa es susceptible de ampliarse hasta el infinito porque aún quedan muchas fachadas por decorar. Mientras tanto, hagamos un breve recorrido por cada una de estas gigantescas obras de arte que demuestran la viveza y el latir de una ciudad. La ciudad pintada.

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