Lágrimas de Timanfaya

Cuando paseamos por la sorprendente playa que forma parte del cráter de El Golfo, nuestros sentidos se estremecen al pensar que tanta belleza es fruto de  un cataclismo. Y en el que nos encontramos es algo más antiguo que el último que se produjo en la isla de Lanzarote en el siglo XVIII y que fue descrito con toda realidad y crudeza por el cura de Yaiza, Andrés Lorenzo Curbelo: “El día primero de Septiembre de 1730, entre nueve y diez de la noche, la tierra se abrió de pronto cerca de Timanfaya, a dos leguas de Yaiza. En la primera noche una enorme montaña se elevó del seno de la tierra y del ápice se escapaban llamas que continuaron ardiendo durante diecinueve díasEl 18 de Octubre tres nuevas aberturas se formaron encima de Santa Catalina, y de sus orificios se escapaban masas de humo espeso que se extienden por toda la isla, acompañado de una gran cantidad de escorias, arenas y cenizas que se reparten por todo alrededor. Las explosiones que acompañaron a estos fenómenos, la oscuridad producida por la masa de cenizas y el humo que recubre la isla, forzaron más de una vez a los habitantes de Yaiza a tomar la huida…..  “Hacia el Noroeste de Yaiza se veía salir del mar mucho humo y llamas con tremendas detonaciones, y por todo el mar de Rubicón, es decir, por la costa Oeste, se observaba lo mismo”.

Laguna Verde en el cráter de El Golfo

Yaiza se encuentra junto al lugar donde nos encontramos.  El Golfo es una singular, hermosa y sorprendente playa,  el cráter de un antiguo volcán situado justo al nivel del mar. En este lugar, además, se encuentra una curiosa laguna, cuyas aguas son de color verde. Sí, de color verde olivo. Tal color lo debe a que en esta laguna, que procede del cercano océano que baña la playa, vive un alga, un filoplancton que tiñe de verde la mencionada laguna.

Paseando por la playa, formada por los restos piroplásticos de la erupción, podemos observar un extraño brillo. Cuando la cogemos con nuestras manos, observamos unas diminutas partículas de color verde, también olivo. Es más, si buscamos con detenimiento encontraremos algunas rocas oscuras por las que escapa su interior brillante, también de color verde olivo. Si la rompemos, descubriremos el tesoro que esconde. Una roca considerada piedra preciosa, llamada olivino, la cual debe su nombre precisamente a su color, verde olivo.

¿Cómo es posible la existencia de tales piedras y de la laguna?

En realidad, la existencia del olivino es un material magmático que quedó depositado en El Golfo como consecuencia de la erupción submarina que se produjo. El magma se mezcló con el agua y se crearon escorias del material procedente del volcán. Hoy todo ello forma parte de este paisaje. El olivino es, además, una piedra con propiedades terapéuticas y mágicas. Una piedra que brilla y palpita. Que sirve para armonizar nuestro cuerpo, alma y espíritu y  protectora de los malos espíritus y del aura. Con esas propiedades es fácil imaginarse que exista una leyenda en torno a ella y a este entorno.

La Leyenda de Olivina…..

Lanzarote es la tierra del fuego. Su subsuelo palpita y su interior incandescente se muestra constantemente. El fuego de los volcanes han sacudido constantemente la vida de esta isla. Por ello, sus habitantes han buscado siempre la vida junta al mar, en busca del agua y el viento. Uno de ellos era Tomás el Viejo, un campesino que vivía junto a la Playa de Papagayo, en el macizo de Puerto Mulas. Tomás tenía una sobrina, de nombre Olivina, una adolescente de piel morena tostada al sol y de profundos ojos verdes, que en el verano  pasaba con él los días para ayudarle en las tareas de la casa.

Todas las mañanas muy temprano, Tomás llevaba  sus ovejas a pastar allá donde existiese suficiente alimento para ellos, a veces caminando grandes distancias en una tierra esquilmada por el fuego. Tras una larga y calurosa jornada, Tomás llegó a casa cansado y con una fuerte insolación. Al día siguiente, Tomás el Viejo continuaba enfermo. A pesar de ello, se levantó para trabajar. Sus ovejas le necesitaban. Olivina le detuvo. Ella se encargaría del ganado ese día. Tomás, en otras circunstancias, no habría permitido que Olivina saliera de casa, pero aquel día no le quedaba otro remedio. Permitió que  Olivina saliera con las ovejas e iniciara la jornada que cada día él hacía.

Olivina era una joven dispuesta y servicia, pero muy despistada. Así, durante el camino, se entretenía buscando flores para llevárselas a su abuelo. Cuando llegó el momento de regresar, contó las ovejas para comprobar que ninguna se había perdido. Fue entonces cuando echó en falta una oveja. Buscó con la mirada y contempló a un cordero subido en lo alto de  una montaña de rocas  sin poder moverse. Olivina no dudó ni un momento en acudir a rescatarlo y devolverlo al rebaño. Escaló el risco y llegó hasta el corderito. Cuando iba a cogerlo, el animal se asustó y se precipitó hacia el vacío.  Desconsolada Olivina  por la pérdida del animal,  regresó apresuradamente en busca del resto del rebaño.  

Junto a las  ovejas, en la orilla del mar, Olivina rompió a llorar. De sus ojos verde empezaron a brotar lágrimas del mismo color que caían sobre el agua del mar y que permanecían en la superficie en forma de gotas. Aquel sufrimiento y llanto de la joven llegó a conocimiento de la diosa Timanfaya, la cual  conmovida por aquella escena, ordenó a un grupo de gaviotas que bajaran hasta la playa y  recogieran con sus picos aquellas lágrimas verdes y las mezclara con  las piedras volcánicas que había en la playa. Piedras y lágrimas se unieron formando el olivino, como símbolo de la bondad humana, que hoy conocemos. 

Más tarde, tras las erupciones de 1737, un grupo de pescadores encontraron aquellas extrañas piedras de color verde al recoger sus redes de pesca. Admirados por su belleza, comenzaron a recogerlas, pensando que aquellas piedras preciosas les haría ricos. Aquel hallazgo llamó la atención de muchos otros pescadores que se acercaron a aquella zona en busca de más piedras como aquellas. Poco tiempo más tarde, un viejo pescador llegó a la playa en busca del origen de aquellas extrañas piedras. Fue entonces cuando contempló aquella laguna verde situada a los pies del antiguo volcán. Regresó apresuradamente junto a sus compañeros, que continuaban recogiendo con sus redes aquellas piedras, y les gritó que se detuvieran al instante.

–      ¡Alto! ¡Dejad que la tierra llore con tranquilidad!

Ante aquellas extrañas palabras, sus compañeros le preguntaron qué quería decir.

– Mirar a tierra firme. El volcán está llorando y observar el charco que hay a sus pies. Lo que estáis recogiendo son las lágrimas de la diosa Timanfaya…………

Todos ellos miraron hacia tierra firme y, enmudecidos y asustados, entendieron que  el viejo marinero decía la verdad. Inmediatamente, comenzaron a devolver las piedras una a una al océano. Un pescador miro al hombre mayor y le preguntó:

–      ¿Y porque llora  Timanfaya?

El viejo pescador miró a su compañero y le respondió:

–      Llora recordando la destrucción que ha realizado y las vidas que se ha llevado. Por la miseria que ha creado y por los estragos que ha producido.

Hoy, la tradición nos dice que hemos de llevar una de esas lágrimas del Timanfaya  en recuerdo de aquellas personas y de aquellos poblados que arrasó el volcán.

2 comentarios sobre “Lágrimas de Timanfaya

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  1. isla maravillosa e ido tres veces y no me canso de ella tengo ganas de ir otra vez todo en ella es inolvidable su gastronomia y su gente lo dicho es maravillosa

  2. Lanzarote es una isla especial , preciosa colmada de originalidad. Te atrapa . Siempre quieres volver. Estuve hace 10 años y volvì en febrero de 2015 .Juliana .

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