Serrana de La Vera

La tradición atribuye la historia de la Serrana al pueblo de Garganta la Olla, una villa de arquitectura muy bien conservada. Destacan en sus calles la parroquia de San Lorenzo Mártir, del Siglo XVI, el barrio de la Huerta, la Casa de la Peña, el Museo de la Inquisición y la Casa de la Muñeca, llamada así por el bajorrelieve de una muñeca esculpido en el arco de entrada y que sirvió burdel frecuentado por la guardia de Carlos V cuando el emperador se retiró al Monasterio de Yuste, situado a sólo una legua de aquí.

Casa de la Muñeca
Casa de la Muñeca

La leyenda de la Serrana de la Vera aparece en romances de los siglos XVI y XVII, pervive todavía en la tradición oral. La Serrana de la Vera es un personaje mitológico muy extendido por Extremadura, especialmente por Monfrague, el Valle del Jerte y La Vera, concretamente en la sierra de los Tormantos, lugar donde esta joven y extraña mujer desarrolló su legendaria vida.

El personaje de la Serrana corresponde a una mujer joven, con un encanto que encandilaba a los hombres con gran facilidad, bella, valiente y muy sanguinaria con apariencia de cazadora o de amazona y de fuerza sobrehumana. Su aspecto físico se caracteriza por llevar el pelo suelto y largo hasta los pies, aunque en otras versiones lleva la cabellera recogida bajo una montera, viste falda corta y va provista de arcos, flechas y una honda. La vida de esta joven pudo desarrollarse en el siglo XVI. De familia acomodada, cuyo padre era Pedro de Carvajal, aquella muchacha, de nombre Isabel, nunca fue una niña común. La joven era una gran aficionada a la caza en el monte y poseía una gran habilidad y gran fortaleza física a la hora de hacer uso de la ballesta, la honda y otras armas.

Casa de los Carvajal
Casa de los Carvajal

Un buen día, llegó a la villa de Garganta de la Olla un joven y guapo galán de origen noble, sobrino del obispo de Plasencia y primo de la joven, cuyo nombre era Lucas de Carvajal. El padre de Isabel advirtió a su hija y le aconsejó guardar prudencia y abstinencia frente a los cortejos del guapo muchacho, cuyo carácter seductor preocupaba al padre. Pero la joven no escuchó los consejos de su este y pronto cayó enamorada de los encantos de aquel joven que, con su dulzura, delicadeza y hermosas palabras consiguió enamorar a Isabel. Lucas le ofreció matrimonio y la joven le entregó su corazón enamorado, y su honra, y accedió a las promesas de amor de aquel apuesto hombre. Sin embargo, la desdichada muchacha pronto comprobó que aquellas promesas eran falsas. Preocupado por que el matrimonio pudiera suponer para él el final de su prometedora carrera eclesiástica, Lucas abandonó a su prometida, quedando esta deshonrada y viéndose obligada a abandonar el pueblo para ocultar su pecado, escondiéndose en una cueva en el monte, maldiciendo a todos los hombres y jurando su venganza.

Allí se dedicó a vivir de los animales que cazaba, y allí se inició su leyenda. Desde entonces, comenzaron a producirse misteriosas desapariciones de los pastores de la comarca que, saliendo cada día a llevar el ganado al monte, jamás regresaban a su casa. En realidad, la venganza de Isabel de Carvajal se cumplía. La Serrana acechaba a pastores, arrieros, soldados o a cualquier varón que se aventurara por las cercanías de su cueva, lo encandilaba con sus encantos y su gran belleza, los conducía a su cueva y después de seducirlos con sexo, vino y manjares, los asesinaba, utilizando sus huesos para fabricar utensilios y armas. Fueron muchos los hombres que no regresaron a sus hogares, víctimas de aquella despiadada moza.

Así fue ocurriendo hasta que un día un pastor llegó hasta la cueva de la serrana. Allí, ella le agasajó y le atrajo a su interior. Cuando él vio las calaveras y restos de huesos humanos, supo en seguida de quien se trataba, pero obró con astucia sabedor de lo que podría ocurrirle y evitar así su destino fatal. Durante la cena, el pastor fingió comer y beber en abundancia y mientras emborrachaba a la mujer, fingiendo su entrega a los encantos se ella. Tras mantener relaciones sexuales, la muchacha cae profundamente dormida. Es entonces cuando el joven escapa apresuradamente de la cueva y llega al pueblo, donde avisa a las autoridades y las conduce hacia ella. La Serrana es entonces detenida.

El final de la muchacha varía de una versión a otra. Algunas dicen que la serrana fue ajusticiada a garrote vil en Plasencia, tras detenerla la Inquisición. Otras, sin embargo, cuentan cómo la joven prefirió suicidarse antes que entregarse a las gentes de su pueblo. También hay romances que terminan con una maldición lanzada por la serrana al pastor, en la que lo amenaza con convertir a su padre en caballo y a su madre en yegua si desvelaba la ubicación de su cueva.

La popularidad de esta historia llegó de la mano de grandes dramaturgos españoles del Siglo de Oro, como Lope de Vega y de Luis Vélez de Guevara. Ambos adaptaron el romance original para adaptarlo alteatro, pero siempre conservando la esencia de aquella misteriosa mujer de La Vera de Plasencia. En la actualidad, el pueblo natal de la Serrana, Garganta la Olla, rinde anualmente homenaje a su hija más sanguinaria y conocida a través de representaciones teatrales. De este modo, los garganteños evocan cada año un célebre episodio de su pasado, evitando que caiga en el olvido.

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