Almuñécar

Panorámica de Almuñécar. Foto: J.A. Padilla

Almuñécar es, nada más y nada menos, que una de las cunas de la cultura mediterránea. Necrópolis que remontan su existencia al siglo VII a.C. y una factorí­a de salazones del siglo IV son testimonios de la colonización fenicia Su casco urbano con los restos de construcciones civiles como las Bóvedas, que datan del siglo I a.C. y se encuentran bajo la calle Martí­n Recuerda, o el Acueducto Romano son los mejores ejemplo del arte romano.

Plaza de la Rosa. Foto: J.A. Padilla

El esplendor del perí­odo árabe-andalusí­ se comprueba en el barrio del castillo y en la misma fortaleza medieval, construida sobre una anterior romana. Además, el Museo Arqueológico Municipal, instalado en la Cueva de los Siete Palacios, contiene una interesante colección de objetos hallados en los yacimientos arqueológicos de su entorno. A este escenario cultural une Almuñécar el espléndido paisaje, entre el mar y la montaña, la tierra tropical en el extremo sur de Europa.

Cueva de los Siete Palacios. Foto: J.A. Padilla

En el punto más alto se contempla el Castillo de San Miguel, de época fenicia aunque esto aún está por demostrar con seguridad, ya que por este castillo han pasado la mayoría de culturas que han tenido presencia en la Península Ibérica a las que nos referimos con anterioridad. Todas han dejado su huella en el castillo.

Castillo de San Miguel. Foto: J.A. Padilla

 Alrededor de este se encuentra el Barrio del Castillo, donde es una delicia perderse por sus calles estrechas adornadas con mosaicos y formado por casas típicas de los pueblos de Andalucía totalmente blancas.

Barrio del Castillo. Foto: J.A. Padilla

Todo el centro histórico pone a prueba nuestra forma física, con sus empinadas cuestas que, sin embargo, merecen la pena recorrerse con atención. Sus casas están adaptadas al medio y, en muchos casos, desafían  la ley de gravedad.

Foto: J.A. Padilla

En el centro también se encuentran la ya mencionada Factoría de Salazón de Pescado y el también mencionado Acueducto Romano. Ambos monumentos guardan bastante relación ya que el acueducto se construyó para dotar de agua potable a la industria de salazón que había en Almuñécar. Alrededor de la Factoría se encuentra el Parque del Majuelo, del cual llama la atención en su interior es que está decorado con estatuas procedentes de Siria.

Almuñécar también tiene dos grandes playas para disfrutar del verano. Son la Playa de la Caletilla y la Playa de San Cristóbal. En el medio de ellas se levanta el Peñón del Santo, coronado por una cruz que lleva allí desde la 1900. Desde allí se pueden contemplar las mejores vistas de la bahía y, especialmente, de los hermosos atardeceres que el sol nos regala.

Peñón del Santo. Foto: J.A. Padilla

Pasear por las calles de Almuñécar supone el descubrimiento de muchos rincones típicos, pero también de una buena colección de esculturas. Sin duda alguna, la más conocida es el Monumento a los Fenicios, situado en el Paseo el Altillo, frente a la playa Puerta del Mar, una escultura realizada en 1987 por el escultor granadino, Miguel Moreno Romera. La obra mide 4,5 metros de largo y 3 metros de alto por 2,5 metros de ancho y está realizada en forja y soldadura autógena. Representa a los navegantes fenicios, quienes navegaron por el Mediterráneo en el siglo VIII a.C. La figura se encuentra sobre un hippoi, un barco fenicio, cuya  proa se dirige al cielo, mientras otea el horizonte con gesto vigoroso. Los fenicios   desconocían el uso de la brújula y para orientarse navegaban  de día, bordeando la costa, y mirando hacia el horizonte, tal y como se observa en la figura.

Monumento a los fenicios. Foto J.A. Padilla

En el centro de Almuñécar, sobre un promontorio, se encuentra la iglesia de la Encarnación. Sus  cimientos se encuentran encima de un depósito de agua romano, desde donde partían los canales de distribución. La mayor parte del agua se enviaba a la factoría de salazones de El Majuelo. Los fenicios utilizaron esta pequeña meseta como necrópolis. De hecho tanto bajo el suelo de la iglesia, como en los solares cercanos se han encontrado varias tumbas de origen fenicio, siglo II A.C., ajuar y vasos de alabastro.

Iglesia de la Encarnación. Foto: J.A. Padilla

Almuñécar es una ciudad con una fecunda historia, como hemos visto. Por aquí han pasado multitud de culturas y todas ellas han dejado sus huellas, que encontramos en cualquiera de sus rincones. impronta. Un rincón que nos sorprende y que guarda un curioso monumento es el llamado Pilar de Felipe II, situado en la calle Real, en el mismísimo corazón de la ciudad. Si no estamos atentos, podemos hasta obviarlo,  no por su tamaño, pues mide más de tres metros de largo, sino porque los escaparates de las tiendas pueden  distraer nuestra atención. Esta construcción de estilo renacentista fue realizada en 1559, durante el reinado  de Felipe II, tal como dice la losa que se encuentra a la izquierda del pilar, y en el frontón.

Pilar de Felipe II. Foto: J.A. Padilla

El Pilar de Felipe II está adosado directamente a una pared de ladrillo y está dividido en tres secciones independientes y claramente diferenciadas. En la parte central se encuentra el bajorrelieve de un busto femenino que parte, en dos mitades, la fecha de construcción del pilar (15-59). La figura, aunque aparece vestida, enseña sus pechos sujetados con ambas manos, representando así a la diosa de la fertilidad. De ambos pechos salen los caños para el agua. En el frontis del pilarse encuentra el escudo de Armas de Felipe II. El agua que manaba de sus caños, era suministrada por una antigua canalización romana, que llevaba el agua hasta la Placeta de la Rosa desdela Galería de las Angosturas, en el municipio de Jete, a través del  acueducto romano.

Castillo. Foto: J.A. Padilla

Y no solo de monumentos va a vivir nuestra curiosidad por Almuñécar. Su gastronomía y, especialmente, sus tapas son otros de los atractivos de este importante punto turístico.

Puesta de sol desde la Punta de la Mona. Foto: J.A. Padilla
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