Santillana del Mar

Colegiata de Santa Juliana. Foto: J.A. Padilla

Muchos dicen que Santillana del Mar es uno de los pueblos más bonitos de España y rivaliza en ello con otros pueblos y villas. Pero lo importante no es ello, sino el deleite y el placer que despierta cuando se pasea por sus calles cuidadas y limpias y se admiran sus monumentos. Si es el más bonito o no es lo de menos.

Foto: J.A. Padilla

Otra cosa que también se dice de Santillana es que es la villa de las tres mentiras, ya que ni es tanta, ni es llana ni tiene mar. Pero puede presumir de una gran verdad: es una de las ciudades más bellas que se pueden visitar.

Foto: J.A. Padilla

El principal monumento de Santillana del Mar es el primitivo Monasterio de Santa Juliana, una construcción del siglo IX, alrededor del cual se originó la villa. Aquel asentamiento primitivo fue creciendo a lo largo de la Edad Media y formándose la ciudad monumental que hoy podemos conocer. Esta circunstancia se demuestra en su trazado urbano, puesto que todas sus calles convergen, no en la plaza mayor, sino en el monasterio, hoy convertido en Colegiata.

Foto: J.A. Padilla

Así, pues, en Santillana todos los caminos conducen a la Colegiata. Y para llegar a ella recorreremos sus empedradas calles llenas de regias casonas y palacios levantados en momentos de mayor gran de la villa. Hoy, la mayoría de ellas se han transformado en restaurantes y hoteles rurales, o bien en tiendas de productos típicos o museos. Otro aliciente más para su visita, como lo es la oportunidad de visitar la Cueva de Altamira, la llamada “Capilla Sixtina” del arte prehistórico que se encuentran dentro del término municipal.

Regina Coeli. Foto: J.A. Padilla

Tras dejar el coche en el aparcamiento público, nos dirigimos hacia el centro urbano a través de la calle Juan Infante. Atrás hemos dejado nuestro primer monumento, el museo Regina Coeli, ubicado en el antiguo convento de frailes dominicos, bajo la advocación de  Regina Coeli, o Reina del Cielo. El convento fue fundado en 1592 bajo la protección de Alonso de Velarde, señor del Palacio de las Arenas, pasando posteriormente a depender del Duque del Infantado. A principios del ssiglo XVII se establecieron en el solar que hoy ocupa.

Calle Infante. Foto: J.A. Padilla

La calle Infante se dos: la primera, la propia calle Infante, que termina en la Plaza Mayor; la segunda es la calle Santo Domingo, que nos lleva hasta la Colegiata. Hasta este punto, ya hemos ido contemplando algunos monumentos, como el Palacio de los Benemejís o la Casa de los Alonso. También encontramos la Casa de los Villa, de dos alturas y construida en sillería en el siglo XVIII.

Ayuntamiento. Foto: J.A. Padilla

Seguimos por la calle Infante y llegamos hasta la Plaza Mayor, una plaza de forma triangular donde se encuentran algunos edificios notables, como la Casa del Águila y de la Parra y el Ayuntamiento, a la izquierda; la Torre del Merino, a la derecha y la Torre de Don Borja, enfrente.

Casa del Águila y de la Parra. Foto: J.A. Padilla

La Torre de Don Borja data del siglo XV y es una de las construcciones medievales más importantes de la villa. La planta baja está soportalada mediante un arco apuntado de estilo gótico. Los blasones de la fachada corresponden a la familia Barreda, dueño de la casa. Esta recibe el nombre de Borja Barreda, el mayorazgo de la población a mediados del XIX. En la actualidad es la sede de la Fundación Santillana.

Torre de don Borja. Foto: J.A. Padilla

La Torre del Merino, conocida como la Torrona, es otro edificio medieval, del XIII, que ha sido rehabilitada varias veces, como podemos observar en su parte superior, donde las almenas medievales han dado lugar a más modernas ventanas. Este edificio era el que ocupaba el merino, una especie de juez medieval de la comarca.

Torre de don Borja, a la izquierda y Torre del Merino, enfrente. Foto: J.A. Padilla

El edificio del Ayuntamiento fue construido en el XVIII en sillería de arenisca y destaca que está construido sobre un triple soportal y con una bella balconada en el primer piso. Justo en medio, encontramos el blasón con el escudo de la localidad

Foto: J.A. Padilla

También en esta plaza encontramos las Casas de la Parra y del Águila, de los siglos XVI y XVII respectivamente. No abandonaremos esta plaza sin conocer que también se conoce como Plaza del Mercado por ser aquí donde se celebra el mercado semanal desde principios del siglo XIII.

Calle Racial. Foto: J.A. Padilla

Desde esta plaza tomamos la calle Racial, una calle que transcurre en curva y que termina en la calle Cantón, para llegar hasta la Colegiata. Encontramos en este punto algunas tiendas de artesanía y de productos de la comarca. También vemos un antiguo abrevadero de animales. Hasta hace poco tiempo podíamos cruzarnos con algunas vacas conducidas por sus dueños que paraban en este punto a saciar su sed.

Foto: J.A. Padilla

Y enfrente se abre, majestuosa, la impresionante fachada de la Colegiata de Santa Juliana, que sustituyó en el siglo XII al antiguo monasterio de Santa Juliana, y que forma parte del Camino de Santiago en si vía Norte. Está dedicada a la mártir del siglo III que sufrió las persecuciones del Emperador Diocleciano.

Colegiata de Santa Juliana. Foto: J.A. Padilla

En la fachada que se abre a la plaza destaca su maravillosa portalada de medio punto formada por varias arquivoltas adoveladas que se completa con un frontón triangular que es ya de época renacentista, al igual que la galería de quince arcos que queda por encima del conjunto. Entrando al edificio llegamos directamente al claustro, que es el elemento más bello y destacable de la colegiata, por ser uno de los claustros románicos más bellos de España, con sus maravillosos capiteles esculpidos. Entrando en la iglesia, esta tiene planta basilical de tres naves cerradas con tres ábsides.

Claustro de Santa Juliana. Foto: J.A. Padlla

Al salir de la Colegiata nos dirigimos al frente para regresar a la calle Cantón. Son muchos los palacetes y casonas que se encuentran en esta calle dispuesta en cuesta, como la de los Hombrones o la del Marqués de Santillana, a mano izquierda, o la de Valdivieso, a mano derecha. La Casa de los Hombrones recibe este hombre por los dos soldados que decoran su escudo. La Casa del Marqués de Santillana es en la actualidad uno de los mejores hoteles de la villa.

Casa de los Hombrones. Foto: J.A. Padilla

Si, por el contrario optamos por rodear la Colegiata y seguir subiendo, nos encontraremos con el impresionante Palacio de los Velarde, en la plaza de las Arenas, edificio Es un edificio de transición del gótico al renacimiento, mandado construir por el caballero Alonso de Velarde a mediados del siglo XVI .

Palacio de los Velarde. Foto: J.A. Padilla

Toda Santillana del Mar es un museo vivo, un lugar donde el tiempo parece detenido o, al menos, camina más despacio. Lleno de sensaciones, donde la piedra parece cobrar vida. Es cierto que no es santa, ni llana, ni tiene mar. Pero es sublime.

Foto: J.A. Padilla

 

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