Lago de Sanabria

Hace muchos años, en el lugar que hoy ocupa el lago de Sanabria existía un pueblo llamado Valverde de Lucerna, un pueblo rodeado de tierras fértiles y productivas, lo que convertía sus vecinos en gente próspera y pudiente, pero con fama de egoísta, y  poco caritativa.

Una tormentosa, lluviosa y fría noche de  San Juan, un peregrino hambriento y cansado se dirige al pueblo,  moviéndose lentamente mientras se apoya pesadamente sobre su bastón del que cuelgan dos conchas. Alto y muy delgado, apenas puede mantenerse en pié por el agotamiento, mientras llama una a una a todas las puertas del pueblo reclamando cobijo y comida, recibiendo de todos ellos la negativa a socorrerlo.  

Cansado, hambriento y aterido de frío, el peregrino decide abandonar el pueblo. A la salida del mismo, contempla una casa donde habita una humilde familia de panaderos. A su llamada, abren la puerta e invitan a pasar al desconocido, al que ofrecen inmediatamente un trozo de pan caliente. Tras comer y descansar, el peregrino les agradece la hospitalidad y les confiesa que no es ningún mendigo, sino el propio apóstol Santiago en persona (alguna versión de la leyenda asegura que es Jesucristo) y que ha venido hasta este lugar para comprobar si la falta de caridad de ese pueblo era cierta o no. Y su decepción había sido tan enorme que había decidido castigar  al pueblo y a sus habitantes por su egoísmo para ejemplo de los demás.

Recomienda a la familia que se queden en su casa y no la abandonen bajo ningún concepto y sigue su camino. Una vez que ha abandonado el pueblo, coge su bastón y clavándolo en el suelo, pronuncia las siguientes palabras: “Aquí clavo mi bastón, aquí brote un gargallón”. Entonces, desde el mismo lugar en el que ha clavado su bastón, comienza a brotar un gran chorro de agua que comienza a inundar todos. En unas pocas horas, el pueblo de Valverde de Lucerna queda totalmente inundado por el agua y sus habitantes desaparecen para siempre.

Al día siguiente, el sol ilumina el valle y un gran lago cubre lo que antes era el pueblo de Valverde, y solamente una pequeña isla sobresale del mismo, y que corresponde al lugar donde se encuentra la casa de la familia de los panaderos, que son los únicos que se salvan de la inundación. Días más tarde un vecino con la ayuda de una pareja de bueyes intenta sacar del fondo del lago las dos campanas de la iglesia del pueblo.  Consigue sacar una, pero la otra permanece en el fondo del lago.

La tradición cuenta que, desde entonces, en la noche de San Juan, las personas que son caritativas y generosas, oyen el tañido de la campana que reposa en el fondo del lago en recuerdo de aquel pecado que hizo desaparecer el pueblo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s