Ondina Borenia (Las Médulas)

Las Médulas desde el mirador de Orellán

En el año 19 a.C.,  los romanos y los astures mantenían un fuerte enfrentamiento por el control de las tierras de El Bierzo. En este escenario se desarrolla la  leyenda de un joven general romano, de nombre Tito Carisio, el cual se enamoró perdidamente de Borenia, hija del jefe de la tribu astur Medulio. Este, poseedor además de una inmensa fortuna en oro, había conseguido mantener hasta ese momento a las legiones romanas, lo que impacientaba a Tito Carisio, quién juró derrotar a los astures, conseguir los favores de Borenia y hacerse con la fortuna de Medulio.

 Ante la amenaza de ataque romano, Borenia se escondió en un bosque cercano por orden de Medulio hasta que la batalla terminara. Durante la batalla entre astures y romanos, se desató una terrible tormenta y un fuerte rayo cayó hiriendo de muerte a Medulio e impactó de rebote contra el cofre que guardaba todo el oro, haciéndole estallar y lanzando  millones de pepitas doradas contra la montaña. Tras la batalla, Tiro Carisio  acude al bosque en busca de la desamparada Borenia. Al encontrarla le dice que astures y romanos han firmado la paz y que su padre consiente ahora su unión con él. Borenia le cree y accede a los deseos de Carisio de acompañarlo hasta el campamento.

 A la mañana siguiente cuando Borenia regresa a su pueblo se encuentra que los romanos han esclavizado a los suyos y que su padre está muerto, por lo que  empezó a llorar desesperadamente, y con tal la magnitud que sus propias  lágrimas formaron un río que la arrastró hasta el fondo de las aguas de un lago que se formó en el valle, convirtiéndose en la ondina Caricea, donde, desde entonces habita el espíritu de Borenia. Esa laguna se conoce como lago de Carucedo, y aún hoy la ondina Borenia, según dice la leyenda, en la noche  de San Juan, sale del lago de Carucedo a buscar un guapo mozo que la requiebre de amores. Pero como es tan grande el lago es difícil dar con ella. Alguna vez se ha encontrado en la mañana luminosa el peine de cuerno con alguna hebra de sol entre sus púas, que la ninfa se dejó olvidado en la orilla. Algunas veces, algún visitante del lago de Cariacedo románticamente se acerca a la orilla y da un beso a sus aguas, para que la ninfa del lago se lleve el testimonio afectivo del galán que conoce la leyenda y cree percibir en las aguas azuladas un perfume de rosas silvestres.

 Tras la conquista de estas tierras, los romanos crearon las Médulas, y empezaron a extraer todo el oro que el rayo había dejado esparcido por la montaña. Excavaron túneles, galerías y cuevas, hicieron presas para canalizar el agua, que arrastraba material hacía el fondo del valle,utilizando miles de esclavos que durante cientos de años recogieron el preciado oro para el Imperio, formando el  lago de Carucedo  con el agua que hacían bajar de la montaña. Excavaron más de 300 millones de metros cúbicos de tierra. Sin embargo, en el siglo II el oro se devaluó hasta el punto de no ser rentable la extracción del oro, por lo que los romanos abandonaron estas tierras. El viento, el agua, el frío y el calor han modelado a través de los siglos formas caprichosas y de singular belleza, formando lo que hoy conocemos como Las Médulas.

 

 

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