Giganta de Riglos

 

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Entre aquellas paredes verticales que se elevaban hasta el mismísimo cielo vivía una anciana de gran estatura, tan alta que atemorizaba a los habitantes de la zona, razón por la cual se había escondido entre aquellas enormes rocas donde nadie se atrevía a entrar por ser un lugar donde, decían, vivían diablos y seres maléficos. Pero la anciana no se había encontrado jamás a nadie, tan solo sus amigos los animales, especialmente aquellos buitres que, como ella, habían hecho de aquel lugar su hogar. Algunas veces la asustaban al volar muy cerca de su cabeza. Tal vez aquellos buitres eran los diablillos de los que se hablaba. De cualquier forma, nunca la habían atacado.

Cada día, la anciana acudía hasta el río Gállego para remojar en sus aguas el lino que recogía y que utilizaba para tejer. También allí se aseaba y recogía comida, tras lo cual regresaba a su escondite. Lo cierto es que la anciana vivió toda su vida escondida de todos, que evitaban aquel lugar y a aquella mujer a la que llamaban la Giganta y la consideraban una bruja. Es en la mágica noche de San Juan, llamada en Aragón Nuei de Sanchuan, cuando coincide con la luna llena, se asegura que su enorme figura puede verse cuando se sienta sobre uno de los mayos, en  el llamado El Pisón donde  peina sus cabellos blancos humedeciendo su peine en las aguas del río Gállego.  También otros aseguran que la Giganta apoya un pie en Peñarrueba de Murillo y el otro en Riglos para inclinarse sobre el río para remojar el lino y el cáñamo con el que hila.

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No es el único prodigio el de la anciana Giganta de los Mallos el conocido en este lugar. Existe también la leyenda de la Virgen de los Mallos o de Riglos. Cuentan los más viejos del lugar,  que un pastor que andaba cuidando sus ovejas al pie de los mallos encontró en una cueva una figura de la Virgen. Desde allí la cogió y la llevó al pueblo para enseñársela a los demás.  La dejaron en la iglesia junto a la figura de San Miguel.

 

 

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Al día siguientes, estando el pastor otra vez con sus ovejas, contempló asombrado que la Virgen estaba otra vez en el lugar donde la había encontrado el día anterior. La cogió y la llevó otra vez a la Iglesia. Al día siguiente ocurrió la mismo: la Virgen estaba en la cueva. De nuevo el pastor la llevó a la iglesia. Y así varias veces. Nadie podía entender lo que ocurría. Una noche, en sueños se le apareció al pastor la Virgen y le dijo que quería tener un trozo de roca junto a ella. Entonces la colocaron sobre un altar descansando sobre un trozo de roca del mallo. A partir de ese momento la Virgen permanece en la Iglesia junto a su piedra en la Iglesia de la Virgen del Mallo, siendo venerada por todos los fieles. Desde allí protege a todos los vecinos de Riglos de cualquier trozo de roca que pueda caer. Nadie recuerda que haya habido ninguna desgracia sobre las personas ni sobre sus ganados por caer alguna piedra de los mallos.

 

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