Alarcón

Vista general de Alarcón. Foto: J.A. Padilla

Y de repente, tras la curva de la carretera, asoma en el horizonte una torre elevada sobre la campiña, como un centinela, alto y altivo. Seguimos avanzando y descubrimos los que el vigilante pétreo parece proteger. Frente a él se abre una impresionante y pronunciada hoz en cuya base serpentea el río Júcar sobre cuyo lecho se levanta una rocosa colina coronada por un castillo del que destaca su torre de homenaje. Tres líneas de muralla consecutivas rodean Alarcón, con sus puertas y torreones: Puerta y Torre del Campo, Puerta y Torre del Calabozo, Puerta del Bodegón, Puerta de Chinchilla y Puerta del Río.

Foto: J.A. Padilla

No podemos evitar detenernos frente a tan impresionante paisaje. Cuando bajamos, apreciamos por nosotros mismos que aquella torre albarrana sobre el monte efectivamente protege el pequeño asentamiento que se abre frente a ella. No de ningún enemigo porque en estos tiempos no lo hay, sino del potente viento, enemigo solo de los objetos ligeros que son arrastrados por él hacia el infinito.

Una presa a los pies de la población, retiene las aguas del río camino de Valencia, formando el Pantano de Alarcón, y sobre él se levanta la villa amurallada que conserva gran parte de las murallas y torres defensivas, como la pequeña Torre de Alarconcillo, situada a la derecha del observador sobre un cerro sobre el meandro del río,  sobre  y la Torre del Campo.

Foto: J.A. Padilla

La torre de Alarconcillo fue construida en tiempos del infante Juan Manuel, en torno a 1328, como torre de vigilancia, aunque por su estructura podríamos pensar que es un pequeño castillo. Consta de una torre de planta cuadrada flanqueada por cuatro torrecillas circulares en sus esquinas. Su acceso principal en arco de medio punto se sitúa por encima del nivel del suelo, a través de una escalera de piedra de la que aún hoy se conserva parte de ella. Tras la entrada existía otra escalera,  esta  vez de caracol, hoy desaparecida.  

Torre de Alarconcillo. Foto: J.A. Padilla

Y desde allí vemos como el castillo intenta elevarse hasta el cielo, en un lugar que adivinamos inexpugnable en el pasado. Un castillo construido originalmente por los árabes, que le dieron a la ciudad castillo y topónimos, lo que no es poco.

Foto: J.A. Padilla

Dejamos el privilegiado observatorio y por la serpenteante carretera accedemos a la ciudad, un pequeño trayecto que, sin embargo, parece llevarnos hacia atrás en el tiempo. Atravesamos el arco de entrada y recorremos su recinto amurallado nos sumerge en las culturas que la poblaron y que fueron moldeando su arquitectura y su trazado sin atravesar la muralla, que se mantiene casi íntegra. Hemos entrado por la Puerta del Campo, una de las muchas puertas de entrada, junto a la Puerta del Calabozo, la Puerta del bodegón, la de la Traición y la de Chinchilla.

El Castillo de Alarcón, conocido como el de las Altas Torres es una fortaleza trapezoidal, en la que destaca su inmensa Torre del Homenaje de estilo renacentista del siglo XV y que actualmente es Parador Nacional. El castillo conserva parte de su primitivo aire musulmán transformado posteriormente en la edad media, tras la reconquista. Entre sus torres y sus defensas destaca la Torre del Homenaje, que se observa desde cualquier punto y corona el paisaje de la ciudad. Dentro de la villa, magníficamente conservada, encontraremos en nuestro recorrido toda una colección de monumentos, la iglesia de Santo Domingo de Silos,  la Iglesia de Santa María y las Pinturas Murales de Jesús Mateo en la Iglesia de San Juan Bautista.

Foto: J.A. Padilla

En su monumento más importante, el mencionado castillo, el Infante Don Juan Manuel escribió buena parte de su obra, entre ellas El Conde Lucanor. La planta del castillo es árabe, la traza triangular del patio queda cerrada en un lado por la Torre del Homenaje, de grandes dimensiones, coronada por una barbacana renacentista. La Iglesia de la Santa Trinidad, es de dos naves. A los pies de la principal del s. XIII se alza la torre de tres cuerpos, montada sobre la calle, mientras la otra nave, del siglo XVI, está ricamente decorada, cobijada por un airoso pórtico.

Plaza de Don Juan Manuel, con el Ayuntamiento a la izquierda. Foto: J.A. Padilla

La Plaza de Don Juan Manuel se cierra con tres edificios notables: la Casa Palacio parroquial, de estilo barroco, el Palacio del Concejo, sede del Ayuntamiento, de estilo renacentista del siglo XVI, de arcos rebajados, y que destaca por su soportal de cinco arcos y su fachada presidida por los escudos heráldicos del Marqués de Villena, y la iglesia de San Juan Bautista, edificio herreriano de finales del siglo XVI. 

Foto: J.A. Padilla

La plaza debe su nombre a Don Juan Manuel, príncipe de Villena, destacado noble y escritor de la primera mitad del siglo XIV, autor de la gran obra El conde Lucanor. El trazado de la misma es el mismo al que tuvo ya en el siglo XVI, cuando se amplió la plaza anterior para convertirla en lugar  de los eventos más destacados de la villa.

Palacio del Consejo y fuente. Foto: J.A.Padilla

La iglesia se Santo Domingo de Silos es románica, y ha sido rehabilita como museo. La iglesia de la Santa María de la Trinidad es uno de los pocos ejemplos del gótico primitivo en la provincia de Cuenca. Se construyó en el siglo XVI, cuya traza es un cuadrado enmarcado por doce columnas periféricas y sustentado por cuatro columnas centrales. De las tres puertas que tiene la iglesia, la más importante es la del mediodía, que consta de un arco triunfal de columnas pareadas y bóveda de casetones, donde se aloja la espléndida fachada plateresca. En esta iglesia , el 4 de diciembre de 1981, se aprobó el estatuto de Autonomía de Castilla-La Mancha.

Santa  Trinidad. Foto: J.A. Padilla
Al adentrarnos en la iglesia lo que más sorprende es su grandiosidad, gracias a las anchas columnas y las grandes bóvedas góticas que nos dan una gran sensación de espacio. Las tres naves son de la misma altura, y en este caso las columnas carecen de capiteles, por lo que los nervios de la bóveda arrancan como si fueran palmeras, lo que hace que la iglesia sea mucho más monumental.
Iglesia Santo Domingo de Silos. Foto: J.A. Padilla

La iglesia de Santa María del Campo es la única que ha quedado como parroquia cuando las cinco que había se redujeron a una al final del siglo XIX. Otros edificios son la antigua Casa de Villena, convertida en casa de cultura, los restos de lo que fue el Hospital de la Orden de Santiago.

Santa María del Campo. Foto: J.A. Padilla

Fuera del recinto amurallado se encuentran los dos puentes medievales sobre el Júcar, el de El Picazo y el de Henchideros, y los Alarconcillos con la torre del mismo nombre y la de El Cañavate. Muy cerca está el embalse de Alarcón, apto para la pesca y los deportes náuticos.

Iglesia de San Juan Bautista. Foto: J.A.Padilla

La Iglesia de San Juan Bautista, cuya construcción data del siglo XVI,  posee una sola nave cubierta con bóveda de cañón, una portada del arquitecto Juan de Herrera, por tanto de estilo herreriano y una torre de la primitiva iglesia románica.  En ella podemos admirar un conjunto de pinturas murales que forma parte de un proyecto surgido en 1994 por el joven pintor Jesús Mateo que cubren la totalidad de los muros interiores, una obra que cuenta con el patrocinio oficial de la UNESCO desde 1997 por su interés artístico mundial.

Foto: J.A. Padilla

 

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