11. LA CONJURA DE EL ESCORIAL (1807)

Estamos en los años finales del siglo XVIII. El reinado de Carlos IV, heredero de Carlos III, se ha visto afectado desde casi el inicio del mismo. El estallido de la Revolución Francesa ha puesto en cuarentena las relaciones políticas con el país vecino. Los Borbones que reinaban al otro lado de los Pirineos han sido condenados a muerte por el gobierno revolucionario, lo que ha supuesto la ruptura de relaciones con él. Carlos IV ha encontrado a la persona ideal para llevar los asuntos de Estado, una persona que se convertirá en el enemigo más odiado en nuestro país y el principal causante del enfrentamiento que se producirá dentro de la Familia Real: Manuel Godoy, el cual será   nombrado por Carlos IV “Príncipe de la Paz”, lo que provocará en su hijo Fernando, heredero al trono, el crecimiento de un odio insuperable, tanto contra Godoy, como contra sus propios padres.

El origen, o más bien el argumento, de los planes de Fernando estarán en relación con la estrategia napoleónica para invadir España, iniciada el 27 de octubre de 1807 con la firma del Tratado de Fontainebleau que permite el paso de las tropas de Napoleón por la Península para llegar hasta Portugal, objetivo final del emperador para castigar a esta por su apoyo a la principal enemiga de Francia: Inglaterra.

Firma del Tratado de Fontainebleau
Firma del Tratado de Fontainebleau

Gracias al Tratado, el ejército francés avanza lenta, pero inexorablemente por territorio español, creando estragos entre la población. Uno de los firmantes, Godoy del mismo, es consciente que Napoleón le ha engañado y que aquel acuerdo solo buscaba la legitimación española para que los franceses actúen a su libre albedrío por España. Pero es tarde para rectificar.

Los planes de Napoleón son aprovechados para alimentar el odio de Fernando y de sus consejeros contra el valido y contra sus padres. El pacto con los franceses había creado un ambiente hostil entre los españoles hacia Godoy y, por supuesto contra Carlos IV, y por ello había despertado un sentimiento de simpatía hacia el heredero de la Corona. En El Escorial tuvo lugar el primer acto de Fernando VII contra su padre, Carlos IV, su madre, Teresa de Borbón y Parma, y Manuel Godoy, su ministro.

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Monasterio de El Escorial

Aquel 28 de octubre de 1807, la familia Real se encontraba en El Escorial, Cuando se disponen a comer, Carlos IV encuentra una carta anónima, probablemente escrita o inspirada por Godoy. En ella se señala las acciones que está llevando su hijo para provocar su abdicación, e incluso le acusa de intentar envenenar a su madre, la Reina. Carlos se dirige a los aposentos de su hijo, donde encuentra documentos acusatorios que confirman el anónimo. Tres días más tarde, el 30 de octubre, el rey informa oficialmente a la nación sobre la conspiración de Fernando para usurparle el trono y ordena que no se permita salir al príncipe de sus habitaciones del palacio, y el encarcelamiento de todos aquellos que habían participado en la trama. Ordena también que se celebren misas de acción de gracias por haberse descubierto a tiempo la conspiración. Al día siguiente, el Rey hizo una declaración pública manifestando que “una mano desconocida le había revelado el más ignominioso e inaudito plan urdido contra Godoy”, destinada a forzar su abdicación para que le sustituyera su hijo Fernando.

Entre los papeles incautados a Fernando, había un decreto, con la fecha en blanco, nombrando al duque del Infantado, Capitán General de Castilla y comandante del ejército habilitándole para actuar contra Godoy en el caso de que el rey muriera. También había una larga carta escrita por Fernando y dirigida a su padre en el que acusaba a Godoy de querer usurpar su trono. Además, le acusaba de ser el amante de la Reina. La carta, como el propio Fernando confesaría más tarde, estaba inspirada por Escóiquiz, aunque firmada por él. Ya en estos días, La oposición a Godoy era general. Por parte de todos los sectores: fernandistas y nobleza, hasta el clero, molesto por la desamortización que había llevado a cabo el valido contra sus bienes, pasando por los ilustrados y las clases populares, que culpaban a Godoy de la caída de los salarios y el aumento de los precios.

Una semana después de su detención, Fernando hizo una confesión completa, denunciando a todos sus cómplices y culpándolos de todo, admitiendo haber tenido correspondencia directa con Napoleón y el embajador de Francia. Después de confesar ante su padre, le escribió una carta pidiéndole perdón. Tanto su madre como el propio Godoy intercedieron por Fernando, sobre todo porque la popularidad del Príncipe desaconsejaba un acto de castigo contra él y podía provocar una revuelta. Las dos cartas que Fernando había escrito a sus padres pidiendo perdón demostraban, por encima de todo, su carácter cobarde y mezquino: “Señor, papá mío: he delinquido; he faltado a Vuestra Majestad como Rey y como Padre, pero me arrepiento y ofrezco a Vuestra Majestad la obediencia más humilde. Nada debí hacer sin noticia de Vuestra Majestad pero fui sorprendido. He delatado a los culpables y pido a Vuestra Majestad me perdone por haberle mentido la otra noche, permitiendo besar sus Reales pies a su reconocido hijo”. En efecto, Fernando había mentido a su padre, había conspirado contra él y contra su madre y al ser descubierto no había vacilado en delatar a los que le habían acompañado en la conspiración y se humillaba a los pies de su padre y rey.

Pero Carlos IV atendió esta petición y Fernando fue perdonado mientras, por el contrario, desterró de la Corte a Escóiquiz y a otros dos aristócratas cómplices de Fernando. También ordenó que se celebrara un proceso judicial en el que se acusara de alta traición a varios nobles del entorno del príncipe. Poco después,  el proceso judicial lo instruyó y celebró con gran rapidez el Consejo de Castilla, por aquel entonces el más alto tribunal del reino, exculpando a todos los desterrados y los detenidos para que pudieran regresar a la Corte tranquilamente.

Juan de Escóiquiz
Juan de Escóiquiz

Ya Godoy comprendió entonces que aquella conspiración contra Fernando se había vuelto contra él. Fernando se había convertido en víctima y su petición de perdón y arrepentimiento fue considerado como un acto de buen hijo. Además, las cartas de este a Napoleón, en las que le pedía incluso matrimonio con alguna princesa de los Bonaparte, demostraba las excelentes relaciones entre ambos y la protección imperial con respecto al heredero. A Godoy, por el contrario, se le culpaba de haber urdido la trama contra Fernando para favorecer sus aspiraciones ilegítimas al trono.

Aquel episodio, conocido como “la conjura de El Escorial” fue el acto de lo que derivaría más tarde en llamado “Motín de Aranjuez”, en el que los fernandistas conseguirán la abdicación de Carlos IV y el nombramiento de Fernando como nuevo Rey Fernando VII. Pero El Escorial era mucho más. Era el acto desencadenante de la invasión napoleónica de España.

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